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Estudios muestran que yoguis tibetanos pueden elevar su temperatura con la mente

AlterCultura

Por: pijamasurf - 04/21/2017

La práctica tántrica del tummó es capaz de elevar la temperatura corporal usando técnicas de meditación y respiración para generar un calor interno que derrite las obstrucciones psicofísicas

En el llamado País de las Nieves, una especie de guarida espiritual en el techo del mundo, se ha amaestrado la técnica del fuego interno o fuego interno psíquico llamada tummó. Esta técnica de generación de calor interno proviene de los mahasiddhas de la tradición indotibetana y es común al kundalini yoga, al tantra hinduista y al budismo vajrayana (que es lo que se practica mayormente en el Tíbet). Aunque algunos creen que esta técnica fue desarrollada para combatir el frío (siguiendo el caso del Iceman Wim Hof, quien ha desarrollado una variación del tummó para mejorar el sistema inmune y soportar fríos extremos), en realidad el tummó poco tiene que ver con esto. Se trata de una técnica, un yoga, para conducir los vientos o energías (g-lungs, prana) al canal central, destruir bloqueos y alcanzar el cuerpo vajra o cuerpo de iluminación en la fase de compleción del Anuttara Tantra. El calor interno, ligado a un estado de gozo, es el sostén del cuerpo pero también de la conciencia: se dice que la mente monta el caballo de los vientos. Al fluir por los canales va arrasando todos los nudos y bloqueos ligados a la ignorancia y a la solidez del ego. Se dice que el canal central es el hogar del Buda Primordial, Kuntuzangpo.

La ciencia ha probado la efectividad de esta técnica, al menos en lo que refiere ha elevar la temperatura corporal. Un estudio realizado en 1982, en el que un grupo de científicos viajó al Tíbet con equipo, mostró que los yoguis son capaces de consistentemente efectuar cambios en su cuerpo, incrementando la temperatura en sus dedos del pie y de la mano hasta en 8.3°C. Otro estudio y revisión de la literatura existente, realizado por Kozhevnikov (2013), mostró que no sólo pueden incrementar la temperatura periférica, sino la temperatura de todo el cuerpo integralmente. La termogénesis del tummó hizo que su temperatura se elevara a un estado moderado de fiebre de 38.3°C, reflejando un incremento de respuesta de excitación por activación simpática. En otras palabras, el tummó afecta el sistema nervioso a través de movimientos de respiración, lo que se conoce como candados (mulabhanda, uddiyanbhanda), visualizaciones de gotas, vientos, y luz y otras técnicas (amaestrar el tummó es algo que puede llevar décadas en algunos casos, y es necesario tener cierta juventud, para tener bindhu).

Los científicos creen que estas técnicas podrían aplicarse para no meditadores que quieren regular su temperatura y sus respuestas introceptivas. Sin embargo, de hacerlo, no sería tummó, como ocurre con Wim Hof, ya que el tummó existe dentro de un contexto tradicional tántrico y sin la visión de mundo y la intención original de alcanzar la iluminación, la práctica se vuelve un remedo, mera terapia.

Estas son las pruebas de la existencia del Jesús histórico dadas por historiadores romanos

AlterCultura

Por: pijamasurf - 04/21/2017

Existe evidencia históricamente contundente de la existencia de Jesús, lo que no es igual a evidencia de milagros y demás

En los últimos años se han generado diferentes noticias que sostienen sin mucha evidencia que Jesús como personaje histórico pudo nunca haber existido; en otras palabras, que fue una fabricación de los romanos, de la Iglesia o de algún otro grupo. Una metaconspiración. Esta información resulta sumamente endeble a la luz de las crónicas de diversos historiadores romanos del siglo I y II. Otra cosa muy distinta es decir que existen pruebas de que Jesús era el hijo de Dios, o pruebas de la resurrección, o de que Jesús era el Mesías o sólo un profeta (algo que divide a los grandes monoteísmos y que, en todo caso, parece ser más una cuestión de fe que de historicidad).

El sitio ABC de España responde de manera contundente a estas noticias, que se han viralizado, con toda una amplia gama de fuentes históricas que se refieren a Jesús. Por una parte, se citan diferentes historiadores de primer orden. Michael Grant había dicho que se tiene más evidencia de la existencia de Jesús que de muchos personajes paganos que reconocemos como históricamente reales. James H. Charlesworth escribió: "Jesús sí existió y sabemos más de él que de cualquier palestino judío antes del 70 d. C". E. P. Sanders dijo: "Sabemos mucho sobre Jesús, bastante más que sobre Juan el Bautista, Teudas, Judas el Galileo y otras de las figuras cuyos nombres tenemos de aproximadamente la misma fecha y el mismo lugar". Por su parte, F. F. Bruce señaló: "para un historiador imparcial, la historicidad de Cristo es tan axiomática como la historicidad de Julio César". Por otro lado, en la antigüedad jamás se puso en duda la existencia de Jesús; algunos lo llamaron hechicero y demás, pero al parecer nadie dudó de su existencia.

Las fuentes principales que refieren la vida histórica de Jesús son Flavio Josefo y Tácito, pero hay otras. Según los historiadores, que no haya menciones copiosas al respecto tiene que ver simplemente con que Jesús no fue considerado como algo extraordinario por los historiadores de esas fechas, lo cual no debe sorprendernos, pues no habría por qué esperar que un historiador no cristiano de esa época escribiera una historia del comienzo del cristianismo; es lógico que las personas escriban de sus propias religiones y grupos, y en ese entonces el cristianismo era completamente marginal. Esto explica el hecho de que sólo se mencionan los acontecimientos de la vida de Jesús que tienen relevancia para la historia que se estaba contando.

Para muchos historiadores los escritos de Flavio Josefo son pruebas extrabibíblicas de la existencia de Jesús en el siglo I d. C. Flavio Josefo (37 a 110 d. C.), en su Testimonium Flavianum, hace un recuento que es considerado auténtico por los historiadores imparciales, si bien la información entre paréntesis parece haber sido añadida luego:

En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, (si es lícito llamarlo hombre); porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. (Él era el Mesías) Y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros lo condenó a la cruz, los que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo. (Porque él se les apareció al tercer día de nuevo vivo: los profetas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él) Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido.

Otra importante referencia es el historiador romano Tácito (56 a 118 d. C), quien menciona a Cristo en sus Anales del 116 d. C., en relación con un incendio en Roma en el año 64, el cual se sospechaba que fue planeado por el propio emperador Nerón:

para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba “crestianos”, [un grupo] odiado por sus abominables crímenes. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato. Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo, no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo.

Existen otras fuentes como Luciano, Mara bar Serapión, Suetonio, Plinio y otros; algunas pueden leerse aquí.