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Mujer experimenta con el "hongo que produce orgasmos espontáneos con sólo olerlo"

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 04/11/2017

Una periodista viajó a Hawái en búsqueda del mítico hongo fálico que supuestamente produce orgasmos espontáneos por su olor afrodisíaco

Hace un par de años se creó una enorme sensación por la noticia difundida sobre un supuesto hongo hawaiano que tenía el poder de producir orgasmos femeninos espontáneos con sólo olerlo. Aunque esta información parece  sumamente dudosa de entrada, al menos estaba justificada por el paper científico de John C. Holliday y Noah Soule, publicado en el Journal of Medicinal Mushrooms

Esta efervescencia (o wishful-thinking revestido de ciencia) hizo que la periodista científica Christine Wilcox se lanzara a investigar este hongo y viajara a Hawái en busca de esta mítica y fálica criatura. Su expedición fue reportada por el sitio Discovery.

El caso de esta especie Dictyophora, de la familia Phallaceae (sí, se llama así porque parece un falo), es sumamente extraño. Por una parte, Holliday afirma que no puede hablar sobre él, ya que tiene un acuerdo confidencial con una farmacéutica que estaría realizando pruebas para desarrollar un fármaco (mágico), el Santo Grial del placer femenino.

Por otro lado, nadie en Hawái parecía conocer dicha especie, salvo por algunas vagas leyendas. Wilcox logró que Holliday le dijera el lugar donde lo había encontrado. El hongo crecía bajo condiciones únicas de sol, agua de mar y entre piedras volcánicas, en las llamadas kipuka, islas rodeadas de lava y bajo los árboles Albizia julibrissin. De dimensiones similares a un pene, el hongo llega a medir entre 7 y 20 cm. Lo que lo distingue es su particular olor (producido por "cuernos olorosos"), el cual es descrito como similar al semen. De hecho, contiene los mismos compuestos orgánicos --putrescina y cadaverina-- que el semen, los cuales se encuentran también en los cuerpos en descomposición. Esto da una nueva luz para entender la frase: "el orgasmo es la muerte pequeña".

Después de toda una odisea, Wilcox logró encontrar este hongo y lo olió. Describe su encuentro como "el peor olor que jamás haya violado mis narices". Lo más parecido que le vino a la mente: el semen, semen en descomposición. (A algunas personas les gusta el olor del semen, a otras no). Se hicieron ciertas pruebas y notaron que el olor excitaba radicalmente su pulso cardíaco, algo que no ocurría con un hombre, así que algún efecto tenía, pero nada de orgasmos.

Holliday argumenta que la mitad de las mujeres tiene una respuesta de excitación sexual "masiva", pero para la otra mitad simplemente huele horrible. Su hipótesis es que las mujeres que tienen orgasmos con el hongo, tienen un órgano vomeronasal funcional.

Este órgano es básicamente un detector de feromonas y, aunque la mayoría de las personas lo tiene, existe un debate sobre si es funcional o no. En los animales su presencia y función ha sido más estudiada.

Así las cosas, el caso del hongo orgásmico queda un poco en suspenso. Y Christie Wilcox, insatisfecha.

La Fábrica, el maravilloso edificio que volvió a la vida después de 100 años

Ecosistemas

Por: PijamaSurf - 04/11/2017

Una gran obra arquitectónica que pone en entredicho la caducidad de los espacios

En 1973 Ricardo Bofill se encontró con un tesoro oculto: silos, chimeneas, 4km de galerías subterráneas, salas de máquinas, en fin, lo que para muchos era únicamente una vieja fábrica de cemento abandonada fue para él una misión de vida.

 

 

La fábrica está a las afueras de Barcelona y, para cuando Ricardo y su equipo la encontraron, el lugar ya requería de muchas reparaciones. Fue cerrada durante la primera guerra mundial y es del primer período de industrialización de Cataluña, construida en distintas etapas y ampliada según las necesidades de producción.

 

 

Bofill supo reconocer el magnífico y hermoso monumento que aún ahora es. Desde aquel entonces detectó tres corrientes artísticas que convivían en una misma construcción: el surrealismo (espacios paradójicos y absurdos, inútiles pero mágicos), la abstracción y el brutalismo.

 

 

Durante todo este tiempo Bofill trabajó arduamente, hasta convertir la fábrica en la espectacular vivienda que hoy es. Para él: “cualquier espacio puede adaptarse al uso que el arquitecto elija si es lo suficientemente hábil”.

 

 

Durante la primera etapa se hizo una deconstrucción parcial con dinamita y martillos --prácticamente, el lugar es una escultura amplísima.

 

 

Luego el arquitecto decidió comenzar a diseminar vegetación en su fachada: alguna escala y otra cuelga.

 

 

Después se hizo un plan para eliminar las funciones originales de cada espacio y reasignarlas según un programa hecho por el equipo.

 

 

Aún es un trabajo en proceso, y eso es parte de su encanto: siempre queda algo por hacer, siempre será una obra inacabada.

 

 

Bofill le ha dedicado gran parte de su vida, pero está seguro de que su visión cambiará el futuro. Él vive y trabaja aquí, junto con el resto de su estudio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estas chimeneas industriales --que algún día estuvieron llenas de humo contaminante-- hoy desbordan verde y son un ejemplo de lo que se puede lograr con visión y arrojo. Cualquier espacio viejo puede verse nuevo y hermoso con suficiente creatividad.