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Pulpos son los biohackers por excelencia: pueden editar sus propios genes

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 04/18/2017

Es hora de rendirse ante el poder supremo de nuestros señores, los cefalópodos

Los pulpos son la especie más asombrosa que existe: su inteligencia es prodigiosa, su capacidad de cambiar de forma y camuflarse no tiene paralelo y, por si fuera poco, parecen extraterrestres. Se ha dicho que los gatos son nuestros señores y que debemos venerarlos, pero sería más acertado aceptar la realidad de que los pulpos son los amos y maestros del planeta. 

Recientemente se descubrió que los cefalópodos, la familia que incluye a los calamares, son capaces de editar sus propias instrucciones genéticas. Justo lo que quieren hacer los partidarios del new age con la ayuda de las entidades celestiales de Alfa Centauri o alguna otra estrella.

Los cefalópodos no obedecen al pie de la letra sus comandos genéticos sino que, como verdaderos hackers, en ocasiones interfieren con el código que está siendo portado por una molécula mensajera. Esto permite que se diversifiquen las proteínas que producen. A esto se deben algunos de sus comportamientos complejos y su alta inteligencia (la cual les permite utilizar herramientas y resolver problemas complejos).

Se descubrió que el 60% de los scripts de ARN en el cerebro de un cefalópodo se recodifica al editarse; otros animales, incluyendo a los humanos, sólo recodifican eventos en cerca del 1%. Al hacer esto los pulpos podrían estar modificando cambios de temperatura, su propia memoria y hasta su forma de experimentar la realidad.

Los cefalópodos tienen neuronas en sus tentáculos, son capaces de cambiar instantáneamente de forma, tienen sangre azul y pueden ver la luz polarizada.

Descubren que los árboles emiten una sustancia que mejora la función del sistema inmune

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 04/18/2017

Una sustancia volátil emitida por los árboles es responsable de los beneficios de los "baños de bosque"

La cultura japonesa tradicionalmente ha sentido una inclinación a la naturaleza, desde los jardines zen hasta la iniciativa gubernamental de los "baños de bosque". Esto se refleja en su particular costumbre de pasar tiempo en el bosque, en una relajación que es a la vez una estimulación estética y del sistema inmune. 

A partir de 1982, Japón ha incluido en su programa de salud nacional, bajo el término shinrin-yoku, exponerse a la naturaleza como un proceso terapéutico.

En un estudio de más de 8 años en el que se inviertieron más de 4 millones de dólares, se encontraron cambios en las células del sistema inmune antes y después de realizar caminatas en el bosque. Se han reportado efectos positivos en el sistema inmune, con una duración de más de 1 mes, después de la exposición a la naturaleza.

Estos efectos, según descubrieron los científicos, se deben a una serie de aceites esenciales llamados "fitoncidas" o compuestos orgánicos volátiles antimicrobianos que se encuentran en plantas y árboles y se emiten como protección ante insectos y parásitos. Los estudios muestran que el aire del bosque no sólo se "siente" bien sino que, en realidad, inhalar esta sustancia mejora la función inmune. En otras investigaciones se ha comprobado que los baños de bosque promueven niveles inferiores de cortisol, bajan la presión sanguínea y reducen el estrés en general.