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Retratos de hombres usando la ropa de sus novias (FOTOS)

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/09/2017

Curiosos retratos de hombres vestidos con las prendas de sus mujeres: vulnerabilidad y juego en una sexualidad nueva

El fotógrafo español Jon Uriarte tuvo una genial idea para una fotoserie: retratar a hombres vestidos de sus parejas, como una forma de mostrar cómo están cambiando los roles de género en las últimas generaciones. No obstante que estas parejas son heterosexuales, las imágenes reflejan esa cierta extraña vulnerabilidad, fluidez y confusión que prevalecen en nuestra época. El mismo hecho de que los hombres no tuvieran problemas para vestirse de sus parejas es algo que ya comprueba cómo han cambiado las cosas, pues hace algunas décadas, salvo entre los grupos liberales, habría habido cierta resistencia. Quizás esto es algo que todos deberíamos hacer algún día, ya sea por necesidad, por juego o por terapia (para "ponernos en los zapatos del otro").

La serie se titula Hombres bajo la influencia (esta es la segunda parte) y fue realizada en Estados Unidos y España.  

Este planteamiento nos hace recordar el más radical del artista Genesis P-Orridge, quien ha llevado esta noción de comprender al otro a un extremo alquímico con su manifiesto vivo de la pandrogenia. Junto con su querida Lady Jaye Breyer, P-Orridge inició en el 2003 un experimento artístico en el que ambos llevaron a cabo diversos procedimientos de cirugía plástica, incluyendo en su caso el implante del mismo tamaño de senos, con el fin de convertirse el uno en el otro. El proyecto fue llamado Pandrogenia, palabra que sugiere la unión de lo femenino y lo masculino con todas las cosas, o la unión total de los géneros.

 

"José y Ainara"

"Javi y Gabi"

"Santi y Sabela"

"Matías y Sarah"

"Marcos y Lucía"

"Víctor y Ana"

"Steve y Fonlin"

Así es como los medios te hacen aceptar ciertas ideas hasta que las crees tuyas (VIDEO)

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/09/2017

Chomsky analiza en estos videos cómo las ideas no surgen ni se aceptan espontáneamente, sino a través de un proceso implementado con precisión

El término “propaganda” tiene, no por casualidad, una mala reputación. Apenas lo escuchamos pensamos en regímenes fascistas, en mentiras repetidas una y otra vez hasta que se convierten en verdades (según la conseja de Joseph Goebbels), en medios comprados por el poder en turno y, en suma, en un proceso de manipulación del que nos gusta creernos exentos, como si nosotros no fuéramos susceptibles de ese “lavado” de mente.

Con todo, aun viviendo en el país más democrático del mundo (si es que tal cosa existe), incluso teniendo una formación escolar por encima de la media y acceso potencial a distintas perspectivas de un mismo hecho público, la propaganda puede ejercer su efecto sobre nosotros, en buena medida porque ese es uno de los mecanismos esenciales del sistema en el que vivimos. Para perpetuarse en su posición privilegiada la clase en el poder emplea todos los recursos posibles, y sin duda el manejo de la información es uno de los más poderosos a su alcance.

Los videos que ahora compartimos son una adaptación animada de un par de análisis hechos por el conocido lingüista, activista e investigador del MIT, Noam Chomsky, a propósito de la forma en que se construye el “consenso” público en torno a una idea.

A pesar de lo que podamos creer, las ideas no surgen ni se desarrollan espontáneamente en ninguna sociedad. Su concepción, difusión y eventual aceptación son fases en las que interviene una máquina poderosa ligada con los medios de información pero también con los polos de poder económico y político de una sociedad. La noticia en un periódico, cierto anuncio en la televisión, una campaña publicitaria insistente en el espacio público, son algunas de las manifestaciones finales que llegan al gran público, provenientes de una voluntad que varios pasos atrás se propuso un objetivo: que la gente consumiera cierto producto, que creyera en cierta “verdad”, que tuviera una opinión específica sobre cierto acontecimiento, que acuda a ciertos lugares en su tiempo libre y no a otros, que beba o coma ciertos alimentos, etcétera.

En este sentido, Chomsky desmiente la idea un tanto candorosa de que cada uno de nosotros posee un poder de decisión amplio, que elegimos a cada momento lo que queremos para nuestras vidas y que vivimos en un medio de libertad sin límites. El sistema nos ha vendido esta idea y muchos viven dentro de la ilusión de sentirse personas libres. Sin embargo, quienes establecen las reglas del juego son otros, una minoría selecta con la capacidad de decidir qué se produce, qué se consume, qué sale del mercado, qué le conviene a la economía del mundo. Como alguna vez señaló el filósofo francés Jean Baudrillard, en este sistema nuestra libertad está limitada a elegir entre beber Pepsi o Coca-Cola.

Quizá darse cuenta de esto sea el primer paso para comenzar el difícil proceso de vivir de otra manera, que no es otra cosa más que vivir en libertad auténtica.