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Un sencillo ritual tántrico para eliminar alergias alimenticias

Buena Vida

Por: pijamasurf - 04/06/2017

Haz una ofrenda a las deidades y transforma tus alergias en sano éxtasis

Millones de personas padecen alergias alimenticias o creen padecerlas. En los últimos años hemos vistos fiebres de histeria en contra de cosas como el gluten, y la mayoría de los alimentos han sido revelados como alérgenos para diferentes condiciones. Si bien esto puede explicarse en alguna medida apelando a sustancias tóxicas en los alimentos procesados y a la disbiosis generalizada por el abuso de antibióticos, cesáreas y demás procedimientos que provocan un desbalance en la microbiota (o en su complejo ecosistema de genes bacteriales: el microbioma), también es indudable que muchas de estas alergias se exacerban de manera mediática y memética, a través de un pánico psicosocial. Sabemos hoy que, por ejemplo, los microorganismos que conforman la microbiota y participan en numerosos procesos vitales, como un órgano difundido por todo el cuerpo, se ven afectados por el estrés. Asimismo, se ha demostrado que el sistema inmune y sus reacciones inflamatorias pueden ser reguladas por la mente. La relación mente-cuerpo se ve fortalecida por el hecho de que la mayoría de la serotonina se produce en el intestino, por lo cual éste ha sido llamado un "segundo cerebro".

Como norma general el tantra se basa en una percepción no dual de la realidad: no existen cosas buenas o malas, o, dicho de otra forma, todo es puro, todo es divino. Si bien en algunos senderos tántricos (como el llamado "sendero de la mano izquierda") se suelen realizar prácticas en las que se ingieren sustancias comúnmente consideradas como inmundas (excremento, pus, carne, sangre, etc.), en la mayoría de los casos el tantra trabaja con el placer, con el gozo como un mecanismo para la liberación de los apegos y la generación de estados de conciencia no duales. El tantra budista vajrayana sostiene que la naturaleza de los fenómenos es la gran dicha (mahasukha), bajo la percepción correcta no hay sufrimiento, todo es el éxtasis insustancial y libre de ego de la deidad. Asimismo, se dice que el gozo facilita purificar la mente y desbloquear obstrucciones; en esto, por supuesto, se tiene el riesgo de generar apego y reificar el gozo. Pero por ello, en los momentos de éxtasis, el practicante libera ese placer de la sustancialidad del yo y lo ofrece a una deidad o él mismo se imagina como esa deidad. El placer no es de uno sino que es del universo mismo en su manifestación divina, totalmente abierta y libre de identificarse con sujetos y objetos. Así el placer emerge como inseparable de la sabiduría y de la vacuidad. La alegría aleja a la alergia. 

La visión tántrica es especialmente útil en el caso de personas que no pueden comer libremente alimentos y que se van orillando y frustrando por no poder participar en la fiesta cotidiana del placer. De manera muy simple, si la comida te cae mal, trasciende el bien y el mal o aplica el antídoto de la visión pura, para que te caiga bien. Esto bajo el fundamento de que es nuestra percepción y nuestra conceptualización de las cosas lo que les da una naturaleza sólida y estable y no su realidad intrínseca, de la cual carecen. Se dice comúnmente que para los seres que existen en planos infernales un río es visto como una corriente de fuego o de veneno, mientras que los dioses perciben el mismo río como un manantial de néctar y ambrosía.

La forma de trascender alergias alimenticias o reacciones inflamatorias habituales a ciertos alimentos que proponemos aquí está basada en la práctica tántrica de hacer ofrendas a los budas o a las deidades. La comida se vuelve una especie de mandala que ofrecemos y en el cual nos inmolamos extáticamente. Advertimos que no debe ser practicada por personas que tengan reacciones adversas graves que puedan comprometer seriamente su salud. El ejercicio está orientado fundamentalmente a aquellos que sospechan que algunas de sus reacciones pueden ser mayormente psicosomáticas. 

La práctica consiste en una vez a la semana (la frecuencia puede aumentar con el tiempo) comer un alimento al que reaccionamos negativamente, pero prepararlo de manera que nos sea delicioso. Hacer de este alimento un festín tántrico, lo cual para los principiantes no significa comerlo en demasiada abundancia (se recomienda una porción estándar) sino sólo asegurarnos de que su sabor nos produzca un éxtasis gustativo, una especie de orgasmo que se difunde en todo el cuerpo. En el caso de los practicantes más avezados, pueden, ellos sí, comerse todo el pastel (¡lo que es sólo luz no engorda!). Puede ayudar realizar la ofrenda en un ambiente estéticamente depurado, quemar inciensos, bañarse, poner cierta música, recitar mantras, darle al alimento un atractivo visual y comerlo con personas que nos producen sensaciones agradables, pero esto no es indispensable, ya que puede ser compensado por la visualización y la concentración unipuntual en el placer. 

Antes de comer el alimento hay que ofrecerlo con una pequeña oración o frase significativa a una deidad, a un buda, a un santo o a quien sea que nos genere la sensación de devoción. Comerlo lentamente para generar lo que se conoce en  la alquimia de la India como rasa, esto es, la amplia paleta de sensaciones y texturas que conduce del éxtasis a la sabiduría. Utilizar las sensaciones como un objeto de meditación, poner atención a la explosión química del placer y visualizar que este alimento es consumido por la figura divina que hemos evocado o visualizarnos como esa figura. Al acabarse el alimento hay que visualizar que la deidad y tú mismo se disuelven en luz en el vacío.

De pronto, un día nos damos cuenta de que nuestra vida gira en torno al teléfono celular, al miedo y a la saturación de peleas, y sólo hasta ese momento comenzamos a ver la relación con otros ojos

No hay quizá nada más emocional y espiritualmente desgastante que un mal de amores, y uno que implique una relación de pareja inestable, conflictiva y caótica produce un estado de ánimo en el que predomina la angustia y se imposibilita el enfocar la atención en otros temas, como el trabajo, la escuela o la familia, entre otros; y también desencadena una serie de malestares y conflictos con nuestra cotidianidad, la salud y las personas más cercanas. 

De pronto un día nos damos cuenta de que nuestra vida gira en torno al teléfono celular, al miedo y a la saturación de peleas, y sólo hasta ese momento comenzamos a ver la relación con otros ojos: unos con mayor objetividad sobre la insalubridad de la relación. Incluso lo que antes nos llegaron a advertir comienza a tener lógica, sobre cómo el principio fue cómodo pero la convivencia con la pareja se tornó incómoda y en algunas ocasiones violenta. 

Al indagar sobre las posibles causas que deterioraron a tal grado la relación, se encuentran cuatro patrones que son los más comunes: 

 

– La dependencia

Si bien cada miembro de la pareja necesita el apoyo y compañía del otro, también se requiere de un espacio personal para desarrollarse independientemente. Es decir, hay que generar un equilibrio entre la individualidad y la pareja, en especial a la hora de continuar con proyectos personales en torno a lo profesional, la actividad física, las amistades, la forma de vestir y la personalidad, entre otros. Mediante el establecimiento de acuerdos, comunicación, comprensión (disfrutar del goce del otro pese a no estar junto a él o ella), autocuidado, la relación irá evolucionando a tener actividades en conjunto y actividades individuales. Incluso, así la compañía de la pareja se hace aún más satisfactoria. 

 

– Diferentes valores no negociables

Estar en una relación implica comprometerse con un vínculo entre dos seres tanto con un historial familiar y personal –aunque provengan del mismo grupo cultural– como con objetivos a largo plazo diferentes. Por ejemplo, puede llegar a suceder que uno de los miembros desee un hijo y el otro prefiere viajar por el mundo. Es verdad que hay valores que pueden ser más o menos flexibles, como modificar los horarios de sueño, pero hay otros, como los proyectos de vida personales o ideologías políticas, éticas y sociales, que no se pueden  ni se quieren cambiar. Al no haber un estado de conciencia ni acuerdo al respecto, muchas veces se termina en una relación de pareja cargada de rencor e indiferencia. 

– Ausencia de compromiso

Estar en una relación de pareja, tradicional o abierta, requiere de compromiso para cumplir con los acuerdos establecidos entre ambos miembros. El compromiso incluye ser capaz de comunicar aquello que duele (por ejemplo, la presencia de una tercera persona), escuchar empática y atentamente lo que le duele a la pareja –¿es la conducta de la tercera persona o de uno en relación con él y ella?– y tanto proponer como realizar cambios en función del bienestar de la pareja. En caso de que el compromiso no se exprese en la confianza, la comunicación, el respeto y los actos del día a día, es muy probable que esa relación se vuelva disfuncional y dolorosa, así como llena de rencor. 

 

– Fomentar explícita o implícitamente la desigualdad/inequidad

Conductas como revisar los mensajes del teléfono celular, correos o redes sociales, prohibir amistades o vínculos, menospreciar la manera de vestirse, pensar o actuar, humillar pública o íntimamente, forzar actos sexuales (o de lo contrario “puede irse con otra persona”), son algunos de los actos que fomentan la violencia tanto de la pareja como de género. La desigualdad e inequidad resulta cuando uno de los miembros ejerce control y poder, pero lo fomenta desde su subjetividad consciente.