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Cómo salir de la máquina: ¿necesitamos escapar del automatismo y la alienación de la tecnología?

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/17/2017

Es necesario reflexionar sobre la mecanización de nuestras relaciones y percepciones que produce un mundo dominado por la tecnología

Marshall McLuhan había notado que la adopción masiva de un nuevo medio conlleva una especie de deslumbramiento generalizado en el que la sociedad no es capaz de entender los efectos del medio y el contexto que crea hasta mucho después, de alguna manera embelesada por la riqueza del mensaje o del contenido. Solamente ciertas personas, que McLuhan sugería que tenían una percepción artística, eran capaces de ver el panorama de manera más amplia: cómo un nuevo medio amplificaba algunos de nuestros sentidos o de nuestra cognición, pero a la vez amputaba otros. Esto está pasando en estos momentos, ha pasado en las últimas décadas y seguirá pasando. La sociedad vive en una especie de retardo generalizado, consumiendo fébrilmente tecnologías que luego descubre que afectan seriamente su capacidad de pensar, percibir y relacionarse.

De aquí que sea tan importante discutir cómo utilizamos nuestras tecnologías, especialmente el smartphone, el aparato que la ejecutiva de Facebook, antes de DARPA (la agencia militar), Regina Durgan, describe así: "En mi vida no he visto algo tan poderoso como el móvil. Si lo unimos con la misión de Facebook, nos damos cuenta de cómo nos ha permitido compartir momentos de nuestra vida. Salta la frontera del tiempo y la distancia”. Ante esto, recomendamos la conversación que sostienen Beatriz Calvo, José Carlos Aguirre y Sergio Legaz en este video de Ecocentro. Respondiendo a  Durgan, Legaz señala que las pantallas táctiles son la primera tecnología que ha colonizado por primera vez todo nuestro espacio íntimo, incluso nuestro dormitorio y nuestros sueños. Están con nosotros todo el día, y no pueden más que alterar en cierta medida nuestra percepción y nuestra relación con el mundo. 

Aguirre recuerda la visión de la techné de Heidegger. La mentalidad técnica, de transformar y operar sobre la materia es lo que rige nuestra sociedad. Lo propio de la tecnología es satisfacer las necesidades. Cuanto más técnica se acumula, más necesidades se acumulan. Estamos en una huida permanente hacia adelante. Algo que es la la vez tantálico y prometeico... La sociedad del consumo necesita de la productividad de la máquina, de la creación de nuevas necesidades y de nuevos objetos que puedan satisfacerlas. Como se dice actualmente, hay una app para eso. 

El video también explora que la teoría de la conspiración favorita monolítica de que alguien mueve el tablero en la sombra es un reduccionismo. La misma complejidad de la tecnología, de los algoritmos, y el programa económico al cual están supeditados los gobiernos y las corporaciones (un programa de crecimiento infinito que no contempla la prosperidad real), en suma, lo que llaman "la máquina", rige caóticamente nuestra realidad. Nos sometemos a un señor que no existe, es sólo una abstracción a la que alimentamos con nuestra atención, deseo e ignorancia. Es una Matrix sin arquitecto, un sistema autopoético (lamentablemente, con poca poesía) que se alimenta de. La máquina es el agregado, la suma de las partes y emblema mismo de la visión materialista de la realidad y del delirio del progreso, de la alucinación colectiva de que sólo existe la materia. La frase de Spengler lo dice de otra forma: "Rige el cerebro, porque el alma se ha perdido". La apuesta es clara; como se explica en el libro Homo Deus, de Yuval Noah Harari, todo lo mágico, todo lo significativo, la misma apuesta por lo divino (que yace en el núcleo del alma humana) pasa por la tecnología, por la materia, esto es, por la naturaleza externa transformada que puede transformar la naturaleza interna. La otra opción no se considera: la magia, el significado, la divinidad vía la transformación de la naturaleza interna que a su vez transforma la naturaleza externa. Antes la máquina que la conciencia --la conciencia como una mera función o epifenómeno de la máquina. La tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia, según Arthur C. Clarke, y la tecnología es indistinguible de una religión secular, una religión del entretenimiento, una religión del hedonismo. Una religión con misticismo de facsímil.

 

Algunas ideas que se discuten:

La pantalla táctil como control continuo, la invasión del panóptico. 

En la modernidad (la idea es de Huxley), en vez de reprimir a través de la censura, el poder utiliza la estrategia del entretenimiento y la distracción. Las personas se ahogan en un mar de irrelevancia y opiniones inanes. 

La interconexión de todos los grandes sitios de Internet crea perfiles de los consumidores, una huella digital que puede ser minada por diversas compañías para crear anuncios personalizados y predecir comportamientos, entre otras cosas.

La tecnología promete conectarnos a nivel virtual, pero nos desconecta a nivel inmediato y de nuestro entorno. Estamos en todos lados menos en el presente. 

La mirada contemplativa es una forma de rebelión.

La máquina nos roba el espacio de silencio para mirar a nuestro alrededor y mirarnos a nosotros mismos.

*Si te interesa este tema te recomendamos el podcast de Douglas Rushkoff Team Human, la más lúcida crítica a la visión transhumanista.

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Obsoletos: el ser humano podría ser innecesario en un futuro dominado por robots (VIDEO)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/17/2017

La economía crece y cada vez más trabajos son automatizados, ¿será que en el futuro el ser humano se vuelva obsoleto? Esto es lo que explora el documental 'Obsolete'

El ser humano ha priorizado el crecimiento económico a todo tipo de crecimiento y desarrollo. Esto nos está colocando en un punto de inflexión en el que la eficiencia de la tecnología presenta una amenaza para el desarrollo de la clase trabajadora humana. Esto es lo que explora el documental Obsolete, en el que Aaron y Melissa Dykes argumentan que en el futuro próximo los seres humanos deberán ser muy cuidadosos si no quieren convertirse en una carga innecesaria para las compañías que impulsan la economía global. 

El documental nota una clara tendencia que ya es alarmante en países como Estados Unidos: el desempleo tecnológico. Coches que se conducen solos, robots que hacen hamburguesas, algoritmos que te dicen qué hacer. La economía sigue creciendo --obligada y en esteroides-- pero hay menos trabajos. Esto, por supuesto, tiende a la desigualdad, y no parece haber marcha atrás. Como dice uno de los fundadores de Apple, Steve Wozniak: "estamos haciendo máquinas que hacen todo por nosotros, y son tan importantes que no podemos apagarlas. No podemos ya apagar el Internet, apagar nuestro teléfono".

Al sugerir que el ser humano podría convertirse en obsoleto, no necesariamente se suscribe a la idea de que surgirán supercomputadoras inteligentes (estilo Skynet) que tomarán control del mundo. Lo que es más probable es que simplemente esto aumentará la brecha entre la élite económica y las clases trabajadoras, acaso como mantiene en su libro Homo Deus Yuval Noah Harari. Harari sugiere que la tecnología y el poder económico permitirán que ciertas personas aumenten sus capacidades cognitivas y mejoren su salud, mientras que la mayoría de nosotros quedará rezagada, como si fuéramos otra raza, acaso una diferencia similar a la que hay ahora entre los humanos y algunas especies de primates.

Esta es una visión bastante radical, que sin duda podría ser paliada con un poco de empatía, compasión y ética. Un poco de humanismo en la economía. Douglas Rushkoff, en su libro Throwing Rocks at the Google Bus, escribe sobre la ética (o falta de ética) que predomina en nuestra economía:

Un modelo de negocios digitalmente cargado que enfatiza la eficiencia y el crecimiento de las compañías a expensas de los seres humanos a los cuales debería estar sirviendo... De alguna manera, el crecimiento se ha vuelto un fin en sí mismo --el motor de la economía-- y los seres humanos han llegado a ser entendidos como impedimentos para su funcionamiento. Si tan sólo las personas y nuestras demandas idiosincráticas pudieran ser eliminadas, los negocios estarían libres para reducir costos, incrementar el consumo, extraer más valor y crecer más. Esta es una de las principales herencias de la era industrial, cuando la milagrosa eficiencia de las máquinas parecía ofrecernos un camino hacia el crecimiento infinito --al menos en la medida en que la interferencia humana podía minimizarse. Aplicar este mismo ethos a la era digital significa reemplazar a la recepcionista con una computadora, al trabajador de una fábrica con un robot y al gerente con un algoritmo. Al final todo es sólo una nueva y digital forma de operar con el mismo programa.