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'Historias de dos que soñaron': metaficción como el ‘making of’ de sí misma

Arte

Por: Lalo Ortega - 05/10/2017

Una cinta que invita a la reflexión sobre la relación entre el autor, su obra y la recepción de la audiencia

A la espera de una cita en la oficina de turismo para obtener asilo político, una familia de gitanos húngaros pasa los días en un bloque departamental en Toronto. Entretanto, se nos presentan viñetas de distintos miembros de esta familia, que se prepara para filmar una película que protagonizarán. En húngaro, repasan y comentan la trama de este filme de múltiples historias, mismas que se desarrollan en un edificio de departamentos.

Entre éstas se cuenta la de un niño que, al despertar de un sueño, descubre que tiene pico y plumas en el cuerpo. En otra, una mujer se vuelve loca luego de que su hijo muere al caer por el balcón. Una más trata de un perro abandonado en uno de los departamentos, y otra relata la anécdota de una serpiente que ronda los pasillos tras escapar durante un incendio. También está el relato de una familia de refugiados que busca asilo en otro país.

Mediante indicios, comienza a ser evidente que estas ficciones se construyen sobre la realidad del edificio. Vemos a un perro encerrado en un departamento, y también hay redes al exterior de los balcones, quizá para evitar la caída de más inquilinos. Estas redes, a su vez, parecen formar una jaula para el niño actor que, si bien no es en verdad un niño pájaro, sí ve pasar los trenes con la mirada de quien quisiera volar hacia donde ellos van.

La metamorfosis es el hilo temático de Historias de dos que soñaron (2016): un pequeño se convierte en ave, una familia cambia de país y de vida para transformar el futuro de los hijos, y la narrativa brinca de un lado a otro entre el documental y la ficción. Un ejercicio de metaficción en el cual, mediante sutiles referencias a sí mismo, el filme parece fungir como el ‘making of’ de sí mismo.

Este desdibujamiento es usual en las películas del director mexicano Nicolás Pereda, pero en ésta, primera que dirige con Andrea Bussmann, los hilos del ilusionismo ya se dejan ver desde la escena inicial, en la que el padre describe de lo que tratará el filme.

Sin duda, el artificio será más evidente para quienes hablen el idioma, pero en esta narrativa anacrónica resaltan segmentos como el arriba expuesto, en los que el único distintivo entre y uno y otro son los subtítulos que representan diferentes diálogos.

Lo que leemos en pantalla, revela Pereda al concluir la proyección, no representa realmente lo que los personajes están diciendo. La película, expone el director, se construye con los remanentes de un proyecto suyo y otro de Bussmann que no despegaron. Aquí, los subtítulos brindan otro significado a la imagen y al sonido, gracias a la barrera del lenguaje.

Podrá tratarse de una falsificación, pero definitivamente invita a la reflexión sobre la relación entre el autor, su obra, y la recepción de la audiencia. ¿Cómo ha de interpretar ésta la película, cuando el mago revela los secretos de su truco?

Ya conscientes de la discordancia entre lo que las imágenes dicen representar y lo que en verdad representan, ¿ha de ignorarse el artificio de los subtítulos, para dejarse llevar por la intención de los autores? ¿O, con la ilusión rota, quedan inertes el relato y su ejercicio autorreferencial?

Historias de dos que soñaron se proyecta en el Cine Tonalá de la Ciudad de México como parte del ciclo #MásCineMexicano, iniciativa para impulsar la distribución de producciones nacionales independientes. Estará en la cartelera durante mayo; puedes consultar las fechas y horarios de su presentación en este enlace.

 

Twitter del autor: @Lalo_OrtegaRios

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Pocas personas han logrado capturar la esencia más oscura de los sueños como Zdzislaw Beksinski

Las imágenes embrujantes del pintor polaco Zdzislaw Beksinski han cobrado enorme popularidad en los últimos años en Internet, de manera póstuma. Sus pinturas de paisajes posapocalípticos, de monstruos metafísicos, de la angustia existencial y de cierto horror cósmico que recuerda a Lovecraft son, de alguna manera, parte de la visión distópica de una realidad que se mezcla con los sueños.  

Entre las pocas referencias que se tienen del autor, se cita que él mismo quería "pintar como si estuviera fotografiando mis sueños". Si estos eran sus sueños, uno debe preguntarse por la inquietante condición de su imaginación, ciertamente profusa pero a la vez espeluzante.  

El mismo artista mantuvo que "lo que importa no es lo que aparece a tus ojos y puedes nombrar, sino lo que aparece en tu alma". En el cristal del alma se reflejan negros mundos llenos de criaturas y demonios, paisajes crepusculares plagados de símbolos y una cierta belleza de la hondonada.

 

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