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Por qué Instagram representa la muerte de lo mejor que tenía Internet

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/03/2017

Instagram con su cultura de las apariencias, las celebridades y la ausencia de vínculos hacia sitios externos es el emblema de la muerte del espíritu original de la web

El blogger iraní Hossein Derakhshan tiene una historia muy peculiar. Hace algunos años era uno de los principales entusiastas del poder de la web, incluso creando una guía para montar un blog de manera sencilla, con lo cual creía que se podía crear fácilmente un importante contrapeso de periodismo ciudadano. Derakhshan fue encarcelado en el 2008, cuando existía toda una fiebre sobre el poder de los blogs y las redes sociales de cambiar el mundo (se decía, quizás ingenuamente, que Facebook y Twitter ayudarían a derrocar dictadores). Al salir de prisión en el 2014, el llamado "padre del blogging" en Irán notó que el Internet había sido desarmado de su poder transformador y se comportaba como parte esencial de la máquina de trivialidad y entretenimiento en la que se ha convertido la cultura moderna. El ejército de bloggers independientes que había entrenado ahora pasaba el tiempo entreteniéndose en Facebook y en Instagram (Instagram es especialmente popular en Irán).

Uno de los principales factores que sorprendieron a Derakhshan es que en 6 años el texto y el hyperlink han pasado a ser secundarios y prescindibles en una red dominada por la imagen. Según él, el Internet cada vez más se parece a la TV. El texto y la hipervinculación han cedido ante el terreno ganado por "la filosofía del stream", la cual está basada en la novedad y la popularidad --estos son los valores programados dentro de un paradigma socioeconómico en el que lo que impera es el entretenimiento y no la reflexión, las celebridades y no los artistas verdaderos y los intelectuales:

El stream ahora domina la forma en la que las personas reciben información. Pocos usuarios directamente checan sitios dedicados, se quedan sólo en el interminable flujo de información que seleccionan complejos y furtivos algoritmos.

El caso más representativo de esto es Instagram, el sitio (que pertenece a Facebook) basado completamente en imágenes y que no permite el uso de enlaces en los posts (sólo en el perfil). "Apps como Instagram están ciegas, o casi ciegas. Su mirada se vuelve hacia su interior --reacias a transferir sus vastos poderes a otros, llevándolos a la muerte. La consecuencia de esto es que las páginas fuera de las redes sociales están muriendo". Sitios como Instagram son callejones sin salida en la red, mundos artificiales autocontenidos y monopólicos. Uno podría pensar que no está en el Internet, es sólo un app. Y el Internet parece convertirse en una serie de apps, como una red de islas. Esto es justo lo contrario de la idea de Tim Berners-Lee, el creador de la web, quien veía esta tecnología como una forma de conectar mentes y generar conocimiento y cuyo emblema era el hyperlink, el vínculo, la horizontalidad de los pares y de la colaboración.

Derakhshan sugiere que el Internet cada vez se parece más a la TV, con una alta importancia de la imagen y bajo contenido de texto. Esto queda claro con la viralización de los memes y con el dominio del video en el newsfeed de Facebook, compañía cuyo algoritmo prefiere claramente la imagen al texto. "Los demagogos del mundo, ya sea de derecha o izquierda, deben de amar la televisión. Este medio lineal, pasivo, basado en la imagen y movido por lo emocional ha reducido la política a un reality show", dice Derakhshan. El mismo Obama se dio cuenta de esto, vivimos en "una era en la que hay tanta desinformación y está empaquetada de una forma tan hábil que se ve igual cuando la ves en una página de Facebook que cuando prendes tu televisión". 

Ningún medio se parece más a un reality show que Instagram, la red social que comprueba que sólo necesitamos parecer para ser, y donde cualquiera (que se vea suficientemente sexycool) puede hacerse famoso. Instagram, entre likes (y la dopamina que producen), nos susurra que todos somos Kim Kardashian o que todos podemos ser el artista conceptual o el hombre o mujer popular (que nunca pudimos ser en la vida real). En las redes sociales todos somos DJs o curadores de nuestra imagen, pero mientras que en Facebook y sobre todo en Twitter ayuda mucho saber editarnos a través del texto, en Instagram una persona versada exclusivamente en la imagen puede conquistar la indivisa admiración de las multitudes.

Por supuesto existen personas que utilizan estas redes sociales para conectar y promover fotos artísticas de primer orden o comunicar información relevante. Sin embargo, no tenemos aquí la intención de analizar casos particulares sino reflexionar sobre la propia estructura del medio. Marshall McLuhan había entendido que más importante que el contenido que se presenta en un medio son las condiciones y características propias de ese medio (el medio es el mensaje) y cómo esto afecta nuestras relaciones, nuestra cognición y nuestros sentidos. El hecho de Instagram es que no es una plataforma abierta (no permite links), basada en likes, su diseño y programación no favorece la escritura (y así predomina el meme), al ser fundamentalmente una app de teléfono es propicia para las selfies (la obsesión con la autoimagen) y facilita que las celebridades vendan sus posts y que las personas puedan apilar seguidores para alcanzar el estatus de celebridad y beneficiarse de éste. Instagram es una red social que se usa esencialmente para entretenerse y no para informarse (aunque hoy en día la información está creada como entretenimiento justamente para satisfacer los algoritmos de las redes sociales, borrando tal frontera). Esto es lo fundamental, más allá de que haya ahí fotos "increíbles" y algunas personas posteen fotos poéticas y demás cosas muy valiosas.

SI bien Facebook y Twitter también se han beneficiado de la cultura de la celebridad para atraer usuarios, en ninguna red social es esto tan patente como en Instagram, justamente por el imperio de la imagen. Instagram es el lugar por antonomasia donde las celebridades nos muestran sus vidas --lo que define a una celebridad es que su vida es atractiva, y que nos atrae fundamentalmente por su apariencia: la imagen es la divisa de la celebridad. Nuestra obsesión con las celebridades, por más superficial que sea, no es intrascendente. Como George Monbiot sugiere, el capitalismo corporativo necesita de una cara y de una identidad para poder conectar con los consumidores y seguir generando ganancias. "La máquina necesita una máscara", dice. Esa máscara son las celebridades que con sus vidas promueven el estilo de vida del consumo, del deseo aspiracional y de la comparación que nos hace sentir inadecuados y por lo tanto vulnerables a los productos que prometen hacernos más aptos para competir en este mundo. 

En nuestra sociedad la fama es cada vez más importante. El journal Cyberpsychology (citado por Monbiot) muestra que en 1997 la fama era el valor 15 entre 16 valores que fueron sondeados entre niños que veían la televisión. Para el 2007, cuando shows como Hannah Montana prevalecían, la fama llegó al primer lugar, seguida del logro, la imagen, la popularidad y el éxito financiero. El sentido comunitario había caído al onceavo y la benevolencia al doceavo. Igualmente, la investigación del antropólogo Grant McCracken revela que hace 100 años los actores acaparaban el 17% de la atención cultural en Estados Unidos, poco menos que los científicos combinados; los directores de cine el 6% y los escritores el 11%. En el 2010 los actores tenían el 37% de la atención, cuatro veces más que los científicos y los directores y actores sólo lograban el 3% combinados. Estas cifras marcan un clarísimo crepúsculo del arte y la ciencia en favor del entretenimiento. Así, no es de extrañarse que entre los jóvenes de 16 años en Reino Unido, el 54% declara querer convertirse en celebridad. Y si son suficientemente guapos o si están dispuestos a llamar la atención de cualquier forma probablemente lo consigan (por 15 minutos o con 100 mil seguidores en Instagram). 

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Ante este estado general en el cual hay una clara tendencia a favor de la imagen y la semiótica visual, Hossein Derakhshan sugiere que aunque la escritura no morirá, en el futuro la comunicación en base a texto podrá ser limitada una élite, como ocurrió en la Edad Media (los demás estarán viendo fotos y videos y mandando emojis). Esto presenta un peligro enorme que ya puede sentirse en cosas como el triunfo de Donald Trump.

¿Es la Tierra una diosa y somos nosotros parte del Gran Espíritu?

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/03/2017

En el Día de la Tierra, una reflexión sobre el sentido de pertenencia de la humanidad y la posible divinidad de nuestro planeta, que es más que una piedra

Este 22 de abril se celebra el Día Mundial de la Tierra, una festividad que ha cobrado importancia ante la encrucijada del cambio climático. Como hemos venido diciendo aquí en reiteradas ocasiones, la cuestión del cambio climático, la contaminación, la extinción de especies y demás, es un problema fundamentalmente filosófico y espiritual: nace de la dicotomía cartesiana que coloca al hombre (y a la mente) como un ente separado de la naturaleza (del cuerpo, de la materia). Esto llega a su paroxismo con la conveniencia del capitalismo de ver al planeta como una masa inerte que puede ser explotada y saqueada impunemente. 

El monje budista vietnamita Thich Nhat Hanh ha dicho que la visión occidental que mantiene que el hombre está separado de la naturaleza y que el paraíso o la realización ocurrirán en el futuro, en un espacio externo fuera de nosotros (probablemente alcanzado vía una inteligencia artificial), después de que progresemos lo suficiente, hace que no tengamos un sentido de interconexión e interdependencia con el planeta y todos los seres que conforman su organismo, que no seamos conscientes de que intersomos:

Es posible que tengamos la tecnología suficiente para salvar al planeta, pero no es suficiente porque las personas no están listas... es por ello que debemos enfocarnos no sólo en la contaminación ambiental en términos de dióxido de carbono sino en la atmósfera tóxica espiritual.

Pensadores antiguos de primer orden como los filósofos platónicos, Kepler, el obispo Berkeley y más recientemente el paleontólogo jesuita Teilhard de Chardin, el biólogo James Lovelock, y el filósofo psicodélico Terence McKenna entendieron que la Tierra era una deidad o un superorganismo dotado de una inteligencia. Esta visión honra a la naturaleza y tiene la ventaja práctica de que presenta la prespectiva correcta para respetarla. No es casualidad que, como ha señalado Noam Chomsky, sean las comunidades indígenas, quienes se refieren a la Tierra íntimamente como la Madre, las que "están salvando al planeta de la destrucción".

Esta visión de la Tierra como un ser vasto y magnífico del cual somos como células es reproducida por George Berkeley :

Jámblico declara que el mundo es un animal, en el que las partes, no obstante la distancia que tengan entre sí, están conectadas por una misma naturaleza. Y enseña, lo que también es una noción recibida por Platón y Pitágoras, que no existe división en la naturaleza, sino más bien una escala o cadena de seres ascendiendo en grados de lo más bajo a lo más alto, cada naturaleza siendo informada o perfeccionada por su participación en la más alta.

Esta misma idea aparece en la Armonía del mundo de Kepler, donde se señala que "El globo de la Tierra es un cuerpo como el de un animal" y esto testifica que la Tierra tiene un alma, ya que de la misma forma "que un cuerpo animado produce pelo en la superficie de su piel, la Tierra produce [en su superficie] plantas y árboles". De manera poética, el obispo griego Sinesio nos indica en un himno:

Ese incorruptible intelecto que es en su totalidad una emanación de la divinidad, está totalmente difundido a lo largo del mundo y alrededor del cielo, y preserva el universo con el que está presente y distribuido en múltiples formas. Una parte de este intelecto está distribuido entre las estrellas, y se convierte, por así decirlo, en su auriga; otra parte [se distribuye] entre los coros angélicos; y otra parte está contenido en una forma terrestre.

En su libro Climate, Soul of the Earth, Dennis Klocek sostiene que la atmósfera puede entenderse como el alma de la Tierra y como tal, las perturbaciones del clima son enfermedades planetarias ("el alma te enferma hasta que obtiene lo que quiere", escribió James Hillman). Dice Klocek:

Trazando la etimología de la palabra atmósfera, uno ve cómo, para los griegos, existía una comunidad entre los conceptos de viento, aliento, alma, aire, vapor y principio vital y los conceptos de espíritu o animación. Más tarde, en la Edad Media, el alma fue conocida como el "aire del cuerpo" y considerada como el asiento de la conciencia de aquel que la poseía. Asimismo, el aire o atmósfera fue considerado el alma de la Tierra, el centro vital de los influjos y movimientos que surgen cuando los otros cuerpos celestes interactúan con la Tierra. La historia nos dice que Pitágoras fue el primero en "escuchar" e interpretar la relación geométrica de las interacciones planetarias como una música celestial. Subsecuentemente, filósofos medievales creyeron que estas influencias, causadas por movimientos de otros planetas, que se registraban en el alma de la Tierra, eran manifestaciones de lo que había sido llamado "la música de las esferas". Hoy llamamos a estos impulsos armónicos "patrones climáticos".

Para Terence McKenna: 

El análisis racional nos dice que la materia sólo está compuesta de átomos moviéndose en el espacio obedientes a leyes matemáticas invariantes y toda la creatividad, todo el sentido de conexión que experimentamos como seres vivos contemplando la naturaleza como miembros de la sociedad es algo negado. Y esto llega a su culminación en una frase de Jean-Paul Sartre, que dijo “la naturaleza es muda”. La naturaleza no da claves, el hombre está solo en el universo, con sus complejos y obsesiones, él confiere el significado. Yo rechazo esto, creo que el mensaje de la experiencia psicodélica es que la naturaleza se está comunicando, todo ser está lleno de lenguaje.

La visión moderna más épica y poética sobre la Tierra como un superorganismo es sin duda la de Teilhard de Chardin, quien concibió la idea de la noósfera, esto es, una capa pensante espiritual colectiva conformada por la evolución de la materia telúrica hacia su espiritualización y divinización. Para Teilhard, la Tierra es una gigantesca molécula o una miríada de "granos de pensamiento" que se enrollan sobre sí mismos, convergen y alzan su temperatura psíquica hasta formar un "solo muy amplio Grano sideral". La evolución de la idea seminal de que la materia no era solamente una masa inerte concluye en un principio no dual: “He necesitado más de 60 años de esfuerzo apasionado para descubrir (lo) que no eran sino enfoques o aproximaciones sucesivas a una misma realidad de fondo”, puesto que "La Materia [es] matriz del Espíritu. El Espíritu, estado superior de la Materia" y también: "No hay en el Mundo ni Espíritu ni Materia: la “Trama del Universo” es el Espíritu-Materia. Ninguna sustancia, aparte de ésta, podría producir la molécula humana". Así vemos a la materia, a la masa terrestre (que abarca y alimenta todo, incluyendo el espíritu humano), como la más noble y sublime matriz de nuestra evolución, no sólo individual, ni tampoco sólo humana, sino divina. Una semilla cósmica que dará a fruto la divinidad absoluta, la integración en un cuerpo único de luz. Dice Teilhard de Chardin que es el amor lo que hace que todas las cosas se conviertan en espírtitu. Kafka escribió: "en la lucha entre tú y el mundo, elige al mundo". En el amor al mundo, entregándose a lo superior, con el ardor de lo absoluto, abandonando la pequeñez del yo individual y las cuitas egoístas, el hombre siembra para el espíritu.

 

Imagen: Sam Brown Art