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¿Son las mujeres más inteligentes gracias a la menstruación?

Salud

Por: PijamaSurf - 05/16/2017

De alguna manera los altos niveles de estrógeno promueven la inteligencia cognitiva y, por lo tanto, una especie de sensibilidad ante los estímulos del exterior

En los últimos meses han surgido movimientos importantes a favor de la normalización de la menstruación. El objetivo es dejar en claro algo: el período menstrual de una mujer no debería avergonzarnos pese a que la cotidianidad cultural se atreva a decir que es sucio, asqueroso y algo que debe mantenerse en secreto. 

Frente a esto artistas, científicas y personalidades públicas han desarrollado proyectos que promuevan un acercamiento más real y natural a los procesos humanos del cuerpo. Un ejemplo de ello es un estudio realizado en el Max Planck Institute for Human Cognitive and Brain Sciences de Leipzig, en el cual se demostró que el ritmo de los niveles de estrógeno durante período menstrual altera el hipocampo –región del cerebro que regula la memoria, el estado de ánimo y las emociones. 

Esto quiere decir que mes con mes, la mujer experimenta altas y bajas hormonales durante el ciclo menstrual que no sólo influyen en la fertilidad sino también en la estructura cerebral y las fortaleza de las habilidades cognitivas. En palabras de Claudia Barth, primera autora de la investigación, existe "un paralelismo entre el incremento en los niveles de estrógeno durante la ovulación y el incremento en el volumen del hipocampo –el volumen tanto de la materia gris como de la materia blanca". Esto se traduce en una alteración del estado de ánimo y las emociones, facilitando la integración y comprensión de nueva información del exterior. 

De alguna manera los altos niveles de estrógeno promueven la inteligencia cognitiva y, por lo tanto, una especie de sensibilidad ante los estímulos del exterior. Si bien algunas mujeres pueden sentir el período de manera intensa (calificándose ello como síndrome premenstrual), la realidad es que, según este estudio, dicha intensidad puede relacionarse con una mayor actividad cognitiva en el cerebro. Así que, ¿podrá la química causada por la menstruación convertirse en una herramienta para promover e incrementar la inteligencia de las mujeres? 

¿Y si las adicciones fueran realmente un problema de aprendizaje?

Salud

Por: PijamaSurf - 05/16/2017

Desde una perspectiva neurocientífica, las adicciones son una conducta compulsiva que persiste sin importar las consecuencias negativas

Las adicciones pueden variar, desde el uso de sustancias psicotrópicas hasta la repetición de patrones que promuevan la adrenalina. Primero llega la sensación eufórica, la excitación y la manía, luego la adaptación del cuerpo a estas sustancias que hacen creer que todo estará bien eternamente, y finalmente la mente se aprisiona en el objeto de la adicción alienando al individuo de su cuerpo y medio ambiente. 

De acuerdo con la teoría biopsicosocial de las adicciones, una adicción puede surgir si se permite germinar la semilla mediante la predisposición genética, las experiencias traumáticas o un medio ambiente que la fomente o normalice. No obstante, estas causas aún no logran explicar por qué un adicto sigue siendo un adicto pese a haber tomado conciencia y haber realizado esfuerzos por superarlo. 

Desde una perspectiva neurocientífica, las adicciones son una conducta compulsiva que persiste sin importar las consecuencias negativas (en la salud, la familia, la economía, la estabilidad laboral, etc.), las cuales tienen impactos significativos en el proceso cognitivo de aprendizaje. Jane Taylor, investigadora de la Universidad de Yale, explica que una adicción puede relacionarse con cambios en el aprendizaje emocional profundo: “Una parte crítica del aprendizaje emocional cambia las conexiones neuronales que responden al castigo y a la recompensa y a la unión que hay con ciertas acciones y el medio ambiente”.

Por ello, menciona Taylor, la mejor manera de tratar una adicción es viéndola como un desorden de aprendizaje. En otras palabras, esta conducta compulsiva altera la percepción del castigo o de cualquier otra consecuencia negativa, haciéndolas imperceptibles para el individuo. Es más, las adicciones “promueven el aprendizaje positivo y el recuerdo de que una droga facilita una sensación placentera e inhibe los impactos de las consecuencias negativas”.

Este fenómeno fue anteriormente descrito por el psicólogo conductual F. Skinner, quien se dio cuenta de que la ansiedad de recibir una recompensa promueve la repetición compulsiva de ciertos patrones. Esta paradoja de aprendizaje es el corazón de la adicción, brindando una clave sobre lo que está mal en el cerebro. 

Contemplando que el sistema cerebral de recompensa motiva a los organismos a realizar las actividades que se deberían hacer para mejorar, en la adicción hay una mala asociación entre la acción y la recompensa inmediata –pese a las consecuencias negativas a largo plazo. 

Larry Young, profesor de psiquiatría en la Universidad Emory, utiliza el ejemplo de la pareja. Nuestro sistema básico de motivación nos ayuda a buscar una pareja a pesar del rechazo, las peleas, los miedos y otros retos. Este sistema nos obliga a establecer prioridades, insistir y persistir para sobrevivir mediante rápidas tomas de decisiones calculadas por algoritmos inconscientes. Es este sistema lo que neuroquímicamente se relaciona fuertemente con el vínculo, el apego y la adicción, a través de la oxitocina y la serotonina. Este proceso hormonal, menciona Young, es un tipo de aprendizaje que no sólo altera la reacción del sistema de supervivencia y del estrés; también reduce los niveles de ansiedad, angustia y miedo. Por lo tanto, se realiza una “mala” asociación cognitiva que lleva a la compulsión. 

De acuerdo con esta premisa, la adicción es sólo una mala asociación que requiere ser extinguida para el bienestar de la persona; sin embargo, ¿ello será lo suficientemente contundente para reducir la incidencia de adicciones?