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La imperdible entrevista que le hizo un joven de 15 años a Borges

Arte

Por: pijamasurf - 06/15/2017

En 1982, Claudio Pérez Míguez recibió en su secundaria la tarea de entrevistar a alguien. Decidió, sin conocerlo, llamar a Borges

Cuando cursaba la escuela secundaria, Claudio Pérez Míguez recibió como asignatura en su clase de literatura hacer una entrevista. No sabemos lo que los otros niños eligieron, pero Claudio no fue en ninguna medida tímido. Decidió entrevistar a Borges. Buscó en la guía telefónica y encontró el nombre de la madre de Borges, quien ya había muerto. Ensayó el número, que aún recuerda de memoria, y llamó. Le contestó la ama de casa, Fanny Ubeda. Borges estaba de viaje. Claudio pensó en hacer la entrevista a otra persona, pero cuando quedaban 2 días para entregarla volvió a llamar. Volvió a contestar Fanny, pero esta vez directamente le paso el auricular a Borges. El mítico escritor escuchó la propuesta del chico y le dijo que viniera al siguiente día "a las 10 o 10 y media". Así de fácil. A veces lo extraordinario es mucho más sencillo de lo que creemos.

Pérez Míguez publicó esta entrevista, que había estado inédita, en el diario El País el año pasado. Puede leerse en su totalidad ahí. Aquí compartimos los pasajes más destacados:

 

¿A qué edad toma conciencia de su vocación literaria?

Yo no sé. No recuerdo una época sin leer ni escribir. Yo siempre estaba leyendo y escribiendo. Ahora, mi padre me dijo que sólo leyera lo que me interesaba, que no leyera un libro por el sentimiento del deber, porque era famoso. Que leyera sólo cuando me interesara, y que sólo escribiera cuanto tuviera una necesidad de hacerlo. Que escribiera mucho, que rompiera mucho y que no me apresurara a publicar, ya que publicar no es parte necesaria del destino de un escritor.

 

¿Cómo surgen sus obras? ¿Se sienta a escribir sistemáticamente o lo hace cuanto siente la necesidad?

Eso es muy complejo. Yo siento que hay algo que quiere que yo lo escriba, y yo trato de disuadirlo. Pero si hay un tema que vuelve, un argumento de un cuento o un poema que vuelve, entonces lo escribo. Me parece un error buscar temas, hay que dejar que los temas lo busquen y lo encuentren a uno. Si no, salen libros fabricados.

Creo que todo el mundo escribe así, aunque los periodistas, no, ellos buscan temas. Y, por ejemplo, un escritor que admiro mucho, Capdevila, escribió un libro sobre las 14 provincias argentinas, es muy raro que todas le interesaran, y menos que le interesaran favorablemente. Eso es ponerse a fabricar un libro. Yo por ejemplo he escrito un poema al agua, y no se me ocurrió escribirle al fuego, a la tierra y el aire. Sería una cosa mecánica. Escribí un poema al agua porque me interesaba. De modo que buscar temas es un error. Hay escritores que se proponen escribir sobre la vida de los campesinos de tal sitio, y así salen los libros.

 

¿Cuál de sus libros prefiere y por qué?

Bueno, la mayoría no me gusta. Me resigno a ellos. Aproveché las llamadas obras completas para omitir dos libros. Para mí, mi mejor libro es el que se titula El libro de arena. Es de fácil lectura, es un libro breve, no uso ninguna palabra que requiera el uso del diccionario. Es un libro de cuentos, y otro libro de cuentos que me gusta es El informe de BrodieEl libro de arena es el único del que estoy satisfecho. Tal vez el tiempo juzgue así también y borre los demás, que son realmente borrables borradores.

 

Pero hay mucha gente que admira toda su obra...

Sí, pero yo no me encuentro entre ellos. Eso es un error, y no sé si agradecerlo, porque no sé si hay que agradecer los errores.

 

¿Cómo se definiría a sí mismo?

Si yo tuviera que definirme diría un escritor, aunque tal vez sería mejor decir un lector, ya que yo creo ser mejor lector que escritor.

 

¿Cómo transcurre un día en la vida de Jorge Luis Borges?

Bueno, por la mañana si tengo suerte, vienen a verme periodistas de Quilmes. Pero generalmente mis días no son tan favorables, luego duermo una siesta y escribo algo.

 

¿Cree que los jóvenes deben interesarse por la política?

Yo no sé. A mí no me interesó nunca la política. Me interesa más la ética. Creo que si cada uno actúa éticamente eso puede tener un efecto político muy grande.

 

¿Qué forma de gobierno prefiere?

Yo querría un mínimo de gobierno, pero lamentablemente todavía los gobiernos, aun los gobiernos malos, son necesarios. Como la policía, que es evidentemente necesaria. Si fuéramos éticamente perfectos no serían necesarios los gobiernos, que son un peligro, sin duda. Pero yo no puedo opinar en materia política, soy un anarquista conservador. Mi padre era anarquista. Una vez fuimos a Montevideo y mi padre me dijo que me fijara en las banderas, en las aduanas, en los uniformes, en las iglesias, en las comisarías, porque todo eso iba a desaparecer. Nosotros, cuando fuimos a Europa, en el año 14, viajamos sin pasaporte. No había pasaporte, usted pasaba de un país a otro como de una habitación a otra. Luego vino la primera guerra mundial, la desconfianza, el espionaje, y ahora todo ha cambiado, no se puede dar un paso sin identificarse, es muy triste eso. Espero que en Quilmes estén mejor las cosas que en Buenos Aires...

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Suele decirse que pensamos en el pasado como más deseable porque siempre lleva un halo de nostalgia y nubosidad, pero algunos casos ameritan esa nostalgia. Por ejemplo, las técnicas pasadas en las artes, entre ellas la fotografía, un arte que comenzó a gestarse a mediados del siglo XIX, cuando los dagerrotipos, la hermosa técnica de fijación de imágenes en chapas metálicas, encontró el primer éxito comercial de la fotografía y también la manera más democratizadora, hasta ese entonces, de acceder tanto a su creación como a su compra.

La daguerrotipia luego fue encontrando nuevos condimentos, como el colodión húmedo que mezcló el dagerrotipo con el alotipo (que permitía numerosas impresiones de un solo negativo), y añadiendo el revelado con con sulfato de protóxido de hierro. Así, el colodión húmedo amplió enormemente las posibilidades de la fotografía, y aunque fue creado en 1851, su época de popularidad culminante fue en las últimas 2 décadas del sigo XIX.

De esta hermosísima técnica, que consigue tonos dorados y negros como ninguna otra, con matices de luz con un halo onírico y fantasmal, la fotógrafa española Jacqueline Roberts realizó una serie a partir de su implacable inquietud por fotografiar niños.

Entrevistada por BoredPanda, Roberts explica por qué la combinación es tan poética:

No coincido con la percepción común de que los niños son dulces e inocentes criaturas. Encuentro esta noción condescendiente y manipuladora. Lo que me encanta de ellos es su crudeza, su fresca distracción, su poco comprometedora habilidad de ser ellos mismos.

La mayoría de los niños que esta fotógrafa capta están en la etapa de transición de niños a adolescentes, lo que los hace aún más enigmáticos:

Puedes consultar aquí su página y aquí su cuenta de Instagram.