*

X

La razón científica por la cual la música de tu adolescencia te hace sentir tantas cosas

Salud

Por: pijamasurf - 06/07/2017

La nostalgia de la música temprana tiene que ver con cómo nuestro cerebro se está configurando y es especialmente sensible a fuertes impresiones en los tiempos mozos

Muchas personas sienten profunda nostalgia cuando vuelven a escuchar la música que les gustaba en la adolescencia. Difícilmente la música nueva, aunque sea mejor, les produce esta sensación. Y hay una razón para ello.

Estudios científicos muestran que en la era entre la pubertad y los tempranos 20 el cerebro tiene su máximo período de desarrollo y es por esto que la música que escuchamos en esa época se codifica como una experiencia formativa, creando, como si fuere, hitos y monumentos en las conexiones neuronales, las cuales se robustecen por las descargas de hormonas de la adolescencia que todo lo llenan con una emoción exaltada.

Esta cualidad emotiva hace que la música se registre con un añadido de importancia. En esta época ocurre un pico de reminiscencia, generalmente porque tenemos numerosas experiencias que son las primeras, ya sea en el sexo o en el arte, y también porque en ese período configuramos nuestra identidad y la música que escuchamos juega un papel importante en cómo nos concebimos y definimos. Algo similar podría decirse de los libros que leímos en la adolescencia y en la primera juventud, que son una especie de ritos de iniciación. 

Todo esto hace que muchas veces pensemos que la música del pasado es mejor que la del presente, algo que es discutible, pero indudablemente existe un sesgo emotivo: la música que escuchamos en esa época tenía la ventaja de ir cargada de un coctel hormonal y toda una gama de esperanza, frescura e inocencia. Oír esa música nos recuerda momentos de ese tiempo en el cual la existencia generalmente tenía una mayor intensidad, así que la música y las memorias entran en un circuito de retroalimentación.

El narcisismo es un desorden mental que engloba toda una manera desproporcionada de entender el "yo", y no es inofensivo

Podría decirse que, en general, estamos en la época del narcisismo. El individualismo nos ha alejado de creencias que anteriormente nos hacían pensar más en el nosotros que en el yo. Ello, aunado a una cultura de consumismo, ha derivado en que cada vez más seamos ilusoriamente siervos de nosotros mismos, pero desde valores creados desde otras esferas.

Y en este mar de narcisismo, reflejado cotidianamente en las redes sociales, donde basta echar un vistazo para encontrar millones de selfies diarias y una añoranza colectiva por likes, es verdad que también hay niveles de narcisismo. Anteriormente publicamos sobre un test para conocer si eres narcisista, y su clave radica en que un narcisista, generalmente, no tiene reparo en aceptar que es un narcisista. Pero, a grandes rasgos, ¿cómo piensa una persona que califica como narcisista? Estas son algunas pistas según un análisis de la psicóloga Karyl McBride, quien ha estudiado este fenómeno durante más de 25 años:  

1. Sobreimportancia del yo: exagera su talento y logros, espera ser considerado como superior por sus logros.

2. Ambición desmedida por fantasías de éxito, de poder, belleza o amor ideal.

3. La creencia de que son personas muy muy especiales y únicas (y que sólo serán entendidas por personas tan únicas y especiales como ellos).

4. Exigen mucha admiración (las personas a su alrededor quedan exhaustas, ya que el narcisista exige que le llenen un vacío emocional).

5. Creen tener derecho a un trato privilegiado o cumplimiento automático de sus expectativas.

6. Se aprovechan de los demás para cumplir con sus objetivos.

7. Importancia por las apariencias, pero incapaces de sentir empatía.

8. Sentimiento sistemático de envidia por otros, o la convicción continua de que otros los envidian.

9. Son muy arrogantes; necesidades de hacer sentir menos a otros para sentirse más.

McBride hace énfasis en que aunque quizá algo que se nos viene a la mente sea el “cada quién”, el problema con el narcisismo es que resulta hiriente para los demás, y en cargos de autoridad, por ejemplo, las consecuencias pueden ir mucho más allá de los que rodean directamente a la persona narcisista, quien, además, recordemos, disfruta de serlo.