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¿Acaso las "to-do list" realmente funcionan? La ciencia tiene la respuesta

Buena Vida

Por: PijamaSurf - 07/20/2017

Menciona el psicólogo EJ Masicampo que la tranquilidad que brindan puede ser tramposa, ya que da la noción de estar cumpliendo con las tareas a realizar, sin hacerlo realmente

La organización es una de las cualidades más solicitadas en cualquier empleo. Ser organizado implica tener la capacidad de identificar y analizar prioridades, desarrollar planes para alcanzar objetivos a corto, mediano y largo plazo, así como prevenir o enfrentar eficazmente imprevistos y retos. Si bien el ser humano posee de manera innata estas cualidades, parecería que es cuestión de poner en práctica una serie de herramientas que faciliten la incidencia diaria de esta habilidad.

Una de las herramientas más utilizadas en el desarrollo de la organización es la agenda con una lista de tareas o deberes a realizar en el día, en la semana y en el mes. En los últimos años se ha promovido esta práctica como una herramienta que organiza los objetivos a corto, mediano y largo plazo. Sin embargo, ¿cuántas veces no hemos realizado la lista y no logramos cumplir con todas las actividades? Es en esos momentos que los científicos se cuestionan si la to-do list en verdad funciona.

Las agendas con las to-do lists surgieron en Brooklyn, en donde el diseñador Ryder Carroll afirmó que usar imágenes y mapas mentales ayuda a organizar el caos en las mentes de pacientes con TDA-H. A partir de ahí, un grupo de científicos comenzó a indagar al respecto: ¿acaso es realmente productivo plasmar los objetivos diarios, semanales y mensuales en un calendario mediante una lista con colores y símbolos?

La data científica concuerda respecto al impacto positivo de tener un diario (o tan sólo escribir los pensamientos en una página), ya que esto ayuda a mantener en equilibrio a la mente para llevar a cabo una serie de actividades, por lo que un diario con formas visuales más gráficas puede proveer beneficios en procesos cognitivos como la memoria. De hecho, para el neurocientífico Daniel Levitin, las to-do lists son una especie de apoyo cuando la mente consciente se satura con más de tres actividades simultáneas. Además reducen la incidencia del efecto Zeigarnik, el cual se basa en recordar con mayor facilidad las tareas incompletas; es decir, las listas de las cosas por hacer disminuyen la intrusión de pensamientos angustiosos sobre las tareas que aún faltan por realizar.

Sin embargo, el psicólogo EJ Masicampo menciona que la tranquilidad que brindan puede ser tramposa, ya que da la noción de estar cumpliendo con las tareas a realizar, sin hacerlo realmente. De alguna manera puede ser una pérdida de tiempo, facilitando la divagación y procrastinación mental. Estos son períodos de inactividad que pueden ser esenciales en la productividad de una acción, pues un papel blanco fomenta expandir el campo visual y la imaginación, y quizá no es lo que se está buscando en ese momento del día.

Masicampo concluye que las to-do lists pueden ser eficientes si se cumplen y consiguen mantener la motivación en el día a día; de lo contrario, puede tratarse de pequeñas trampas que promuevan un autoconcepto desorganizado e incompetente.

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Buena Vida

Por: PijamaSurf - 07/20/2017

Conforme las experiencias nos provocan salir de nuestra zona de confort, desarrollamos herramientas que facilitan el progreso hacia un mayor bienestar general

De acuerdo con la teoría del self de George H. Mead, un individuo es capaz de autopercibirse –de tener una concepción de sí mismo y reflexionar sobre sí mismo– al estar inmerso en un contexto cultural y social. Es decir, se crea una autoimagen –y un autoconcepto– a partir de la  comparación entre la identificación, la observación o interpretación de las acciones de los demás y la evaluación de la situación personal en diferentes momentos de un acto. Por lo tanto, esta mismidad –selfhood– permite la objetivización, la capacidad de verse a sí mismo desde los diferentes puntos de vista de los miembros de un grupo al que se pertenece –como la familia, amigos, trabajo, escuela, etc. Sin embargo, ¿qué pasa cuando el contexto social promueve ideas falsas sobre lo que es el bienestar?

Se llama distorsión del self a cuando la autopercepción y el autoconcepto son diferentes a la verdadera esencia de un individuo, cuando las exigencias morales o de moda de una sociedad denigran las necesidades básicas de una persona. Un ejemplo de ello es el impacto negativo de las redes sociales sobre nuestra salud emocional, al compararnos constantemente con las comidas, viajes o relaciones amorosas perfectamente decoradas en diversas plataformas como Instagram y Facebook. No es novedad que los científicos hayan registrado altos niveles de depresión y autoimagen distorsionada en gente que pasa gran parte de su día en estas redes sociales. 

Afortunadamente el self, a diferencia del cuerpo físico, es cambiante desde la raíz, es decir, nuestro autoconcepto puede restablecerse mediante los cambios, la evolución y la trascendencia. Conforme las experiencias nos provocan salir de nuestra zona de confort, desarrollamos herramientas que facilitan el progreso hacia un mayor bienestar general –rechazando incluso premisas socialmente aceptadas. Los síntomas de fortalecimiento del self y que indican que estamos en el camino correcto son los siguientes: 

– Desear la soledad 

Evitar el contacto social ayuda a recuperarse de las exigencias culturales que pueden estar distorsionando al self, y permiten analizar sus veracidades frente a las necesidades propias. Además, brinda una sensación de respiro para priorizar objetivos personales y desarrollar planes para alcanzarlos.  

 

– Tener sueños vívidos

Al cambiar en el consciente nuestras premisas y patrones, esto se extiende hacia el mundo del inconsciente, y por lo tanto al de los sueños. La constancia de los sueños vívidos, buenos y malos, es un reflejo del trabajo interno que está en proceso de evolución para un cambio significativo. 

 

– Vivir oleadas de emociones

Ante los cambios, las emociones negativas se vuelven cada vez más recurrentes y fuertes; sin embargo, no es recomendable suprimirlas, evitarlas ni evadirlas, pues sólo aumentaría el sufrimiento por rechazo al dolor. La mejor manera de superar las oleadas de labilidad emocional es empezar a sentirlas realmente: sentir las emociones tanto negativas como positivas. 

 

– Confiar en los instintos 

Hay ocasiones en que las cosas no salen como nos hubieran gustado, y si bien no somos capaces de controlar los factores externos (como las críticas poco fundamentadas de otras personas), podemos regular nuestras emociones, pensamientos y reacciones al respecto. Es más fácil escuchar los instintos propios acerca de lo que es más saludable, sin tener miedo de las opiniones de otras personas. 

Te compartimos aquí los consejos de un psicópata para superar el rechazo social.

 

– Distanciarse de las situaciones y personas tóxicas

Amigos cercanos, familiares o compañeros de trabajo, muchas situaciones nos llevan a personas consideradas como “vampiros energéticos”. Al entablar un límite entre sus conductas y las reacciones de uno es más fácil separarse de la negatividad.

 

– Dudar de los pensamientos y creencias autodenigrantes

Te das cuenta de que lo que pudieron decirte que eras son profecías autocumplidas, por lo que comienzas a observar, analizar y valorar lo que realmente eres sin la intervención de las creencias de personajes externos. Las opiniones negativas de otros dejan de lastimarte, y en consecuencia surge una mayor confianza en ti mismo. 

 

– Vivir con la sensación de estar perdido  

En muchas ocasiones, la sensación de estar perdido se debe a que el lugar por el que nos movemos es desconocido, de modo que basta con generar nuevos patrones –más saludables– para reducir los síntomas de ansiedad, depresión y angustia. La sensación es normal: confía en que estás perdido en el camino correcto.