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El seductor del futuro, Neill Blomkamp

Arte

Por: Psicanzuelo - 07/17/2017

Los esfuerzos de un autor para llevar su arte por nuevos senderos desconocidos que nos pueden beneficiar a todos los que queremos crear contenidos realmente independientes

El fenómeno de Sector 9 (Neill Blomkamp, 2009) posicionó a su director en ese mismo partenón que directores como Peter Jackson, o hasta John Carpenter, ocupan, que por medio de la ciencia ficción ultraindependiente de bajo presupuesto, construye una propuesta arriesgada que rasga el mass media con una voz fresca que le permite acceder en un siguiente proyecto a la industria más grande del mundo.

Todo inició con un cortometraje en la carrera de Blomkamp, una especie de maqueta de Sector 9, donde ya se veía su aguda mirada para los detalles, las coreografías con efectos digitales y la pronunciada estilización de los efectos físicos:

Pasaron 5 años para que desarrollara y rodara Sector 9, que dejó al mundo impávido. ¿De dónde había salido este muchacho? Pues de Sudáfrica, de dónde más. En la película se habla de varios temas, entre ellos el racismo en un lugar destinado a ello, Johannesburgo. Pero también se toca el tema del abuso tecnócrata sobre la clase que no tiene acceso a la tecnología, eterno tema del autor, que funciona de forma profética siendo cada vez más una realidad cercana. Por medio del protagonista se explora al otro, que deja de ser un enemigo para convertirse en uno mismo, el alienígena como aspiración pero también como sombra, parecido a los temas que explora Greg Egan en su literatura. No deja de llamar la atención su estilo narrativo de falso documental con texturas varias que incluyen la visión de los androides mecánicos, y la visión de los alienígenas.  

Rakka, un vistoso mediometraje, es un vislumbre a lo que Blomkap hubiera podido brindar a la serie de cintas Alien si se le hubiera permitido a su versión ser rodada. Conoció a Sigourney Weaver en el rodaje de la película Chappie (2015), y dice que en algún momento platicaron del tema de hacer otra versión de Alien. Blomkamp se sorprendió cuando la consagrada actriz estuvo interesada, porque según ella el sargento Ripley no había tenido un buen final en el último episodio de la película; para ella se necesitaba un cierre todavía.

Después de los dos fracasos en Hollywood con los proyectos explicados anteriormente que no pudieron despegar es que nace o se fortalece la propuesta personal libre del autor en su estudio propio independiente, Oats, y así nace Rakka, que una vez más cuenta cómo los alienígenas se han apoderado del mundo de manera violenta, y los que quedan se han organizado en una resistencia militar con lo poco que tienen y con lo poco que han podido investigar de la raza que los domina. Vale destacar la manera como los alienígenas antes que nada se dedican a poseer la psique de los humanos, para dominar su voluntad. Weaver interpreta a la perfección a una generala a cargo de un pelotón, en una producción que despliega un sofisticado diseño de producción. El veterano Alec Gills nos deleita con una serie de maquillajes, prostéticos y efectos físicos que dan vida a las criaturas que esclavizan a la humanidad.

El equipo de posproducción digital que ha conformado Blomkamp en su estudio termina de conjurar el hechizo, y el resultado es fuera de serie. Nos lleva a la paradoja de siempre, el artista en libertad creativa a base de controlar sus medios y sus propios dineros, arrojando preguntas tales como: ¿de qué manera se puede comercializar todo esto fuera de las rutas corruptas que hacen que todo el contenido comercial sea tan parecido y pierda el chiste? Los fanáticos de la ciencia ficción, así como la gente que disfruta un producto artístico con fondo y forma, están eternamente agradecidos por la gran valentía del creador de Sector 9 para encontrar vías posibles para poder acceder a la producción, imágenes en movimiento trascendentales y no mera chatarra de millones de dólares que despliegan cada cliché accesible a todo mundo.  

Estos mediometrajes quedan en suspenso, dejando ahora al público consumidor  la libertad asumida de apoyar económicamente a pequeña escala, por medio de lo cual se puede construir un largometraje o varios contenidos seriados.

Paralelamente, Bomkamp ataca con otro proyecto en su destinado a ser legendario Oats Studio (Laboratorio Experimental): Fire Base. Ahora se trata de una película de guerra, aparentemente en el Vietnam de los años 70, con ataques antigravitacionales y una criatura salvaje que recuerda mucho a Depredador (John McTiernan, 1987). Es un ser todopoderoso que domina el tiempo y el napalm que revierte hacia los propios soldados americanos, el Viet Cong le da identidad divina. Aunque se queme hasta los huesos por medio del napalm, sobrevive en vientos de fuego como esqueleto flamígero, que se reconstituye en rojo sangre. Un soldado viaja en el tiempo, involuntariamente, para ser quemado una y otra vez por el demonio de la guerra, un ser capturado en túneles temporales, con sed de conquista mundial sobre la humanidad. Los temas de Blomkamp, como de todo buen autor, regresan una y otra y otra vez:  

Y también aparece Zygote, donde la acción sucede en el círculo ártico, en una mina; hay sangre y destrucción alrededor del comedor de empleados donde hay dos seres humanos, un afroamericano con ojos vendados a los que les escurre sangre, y una rubia (Dakota Fanning) que lo escucha atenta. Se están preparando para un ataque final y sólo queda comida para 1 dienzan a golpear con toda fuerza. llos se encierran y a corte vemos las manos palpitando del otro lado de la pared hasta que comía más. De entrada La cosa (John Carpenter, 1982), que ya en sí es un remake de la versión de Howard Hawks, viene a la mente. Películas que plasman como pocas algunas inquietudes del fantástico autor H. P. Lovecraft.

Él, sin poder ver, la prepara con un rifle de asalto para escapar juntos por el túnel. Se ponen máscaras de oxígeno antes de salir a la intemperie, donde nieva fuerte, es de noche y esta oscuro, lo único que ilumina son sus cascos. Tomas varias en un montaje violento nos llevan hasta otra facilidad de la mina, a donde entran. Es en ese momento que vemos la mano de la bestia, que son muchas manos, que hacen un brazo, bonita metáfora de lo que puede ser la bestia apocalíptica bíblica, un ser formado por muchos que contiene la corrupción mundial, y la persecución no se hace esperar. Todos juntos vamos conformando esa bestia, de muchos cuerpos y varios ojos; estos dos personajes hacen todo lo que pueden para no entrar en esa frecuencia, pero es una tarea complicada. ¿En el Ártico? Pues sí, ahí es donde se empiezan a ver los resultados del calentamiento global. Es muy afortunada la manera como los dos personajes se encierran y a corte vemos las manos palpitando del otro lado de la pared hasta que comienzan a golpear con toda fuerza. La estética y decisiones artísticas de Blomkamp no pueden ser entendidas fuera de la lógica de los juegos de video modernos.

Vale la pena mencionar que cada uno de estos mediometrajes se van a continuar, pero para ver el resto hay que pagar; creo que todos lo haremos con gusto, tratando de encontrar el hilo negro en la nueva distribución, que debe estar unida con la producción de este tipo de contenidos para que sigan siendo únicos y visionarios.

Hay algunos otros contenidos chuscos breves, que dan esa personalidad de canal de televisión al estudio en su página de YouTube, anuncios de cocina retrofuturistas que parecen provenir de un VHS:

Y filosofías de Dios, en maquetas virtuales que semejan los juegos de Sim City y los pasteles infantiles con temas de futbol:

En una entrevista reciente Blomkamp revela algunas de sus dudas, filosofías y maneras de crear ahora, en su nueva compañía Oats Studio, sin saber por el momento cómo deben hacer dinero con su contenido por Internet, o si crear una película tradicional en un sentido comercial, para crear más contenido:

Es claro cómo no ha bajado el dedo del renglón conociendo las reglas del sistema, incluyendo actores famosos en toda la parvada de Volume 1. Se habla de la obsesión que tiene ahora Blomkamp y al parecer sus hermanos, que están bastante metidos en la compañía, de crear otro tipo de contenidos descargables para acompañar la experiencia, y figuras modeladas que se asemejan a las de acción, estatuas virtuales vectorizadas que tienen que ver con algunas criaturas que aparecen en los contenidos que están produciendo. Modelos digitales de animación en vectores para verlos en cualquier programa que pueda leer vectores en 3D, para ver con qué salen los chavos, todos lo pueden usar libremente.

Sin saber qué va a funcionar, suelta las piezas de un enorme rompecabezas para que la juventud empiece a trabajar con su computadora, como cuando él tenía 19 años. Habla de Halo, cuando casi dirigió su versión cinematográfica con todo el apoyo de Peter Jackson, dejándolo en una etapa de preproducción. Recordemos que casi dirigió su versión de Alien, que también colapso, y es ahí donde se diferencia de gente parecida, con un talento semejante, como Chris Cunningham, que estuvo a punto de dirigir la versión fílmica de Neuromancer, la adaptación de la novela de William Gibson, lo que no sucedió. Después de sus múltiples videoclips fuera de serie, al parecer Chris Cunningham no se ha repuesto todavía de semejante trauma, pero se le ve feliz, casado con la bajista del grupo de rock War Paint, la cual también se ve muy contenta. Apenas animándose a desarrollar su estudio, esperemos que siga los caminos del autor en cuestión en cuanto a independencia y modelos alternativos de producción, para deleitarnos nuevamente con su visión privilegiada.

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

‘Las hijas de Abril’: ¿Señora, señora?

Arte

Por: Lalo Ortega - 07/17/2017

Compartimos esta crítica de 'Las hijas de abril', una cinta mexicana que ganó el Premio del Jurado en la sección 'Una cierta mirada' del Festival de Cannes 2017

Hay cierta austeridad narrativa y visual típica del cine de Michel Franco. Planos largos y encuadres estáticos, generalmente amplios, acompañan la acción de personajes de quienes no sabemos ni más ni menos de lo que dicen o hacen en pantalla. Algunos tachan esta manera de narrar como desprendida, incluso inerte; otros, en cambio, la reconocen como una oportunidad para, a través del propio imaginario, conectar los puntos y llenar los espacios que acaban por moldear a estos personajes. Naturalmente, esto otorga respuestas, pero conlleva nuevas preguntas.

Las hijas de Abril, el más reciente filme de Franco (2017), nos enfrenta a un relato con la maternidad como eje temático, o mejor dicho, nos enfrenta al ideal de la maternidad en México. Valeria (Ana Valeria Becerril) ha quedado embarazada a los 17 años, y contra sus deseos, su media hermana, Clara (Joanna Larequi), se lo ha contado a la madre de ambas. Es así como Abril (Emma Suárez) regresa a Puerto Vallarta y a las vidas de sus hijas, con la intención de ayudarlas a cuidar a la bebé.

En su filmografía, Franco suele anclar las historias de sus personajes en una cotidianidad familiar, al punto de que, cuando sucede el desenlace usualmente trágico, resulta perturbador: encaramos la oscuridad que subyace a nuestro día a día. En un país en el que la figura materna es casi sagrada, inmaculada (y, paradójicamente, banalizada por el lenguaje), ¿cómo es enfrentarse a los monstruos de su humanidad? Para empezar, ¿nos permitimos siquiera considerar a la progenitora como un ser humano, con pasiones, virtudes y vicios?

Estas son apenas algunas preguntas a las que invita Las hijas de Abril a través de las acciones (e inacciones) de sus personajes, a veces brutales, a veces inverosímiles. La primera secuencia nos muestra a Clara preparando el desayuno, totalmente ajena, o insensible, a los gemidos sexuales de su hermana y su novio adolescente en el cuarto contiguo. No mucho después, vemos a Valeria por primera vez, a sólo un par de meses de que su embarazo dé lugar a las responsabilidades de ser madre. Muy casualmente, el futuro padre, Mateo (Enrique Arrizon) sale del cuarto, come algo y se va.

Esta exposición sutil invitará a una cadena de cuestionamientos. Lo obvio: ¿cómo pudo llegar Valeria a quedar embarazada a su edad? ¿Clara lo dejó pasar, igual que al comienzo de la película? ¿Dónde ha estado su madre, y cuánto tiempo lleva lejos de ellas? Sin embargo, existe otro ejercicio posible en plantearnos por qué nos hacemos dichas preguntas, y no otras. Mateo puede tener las mejores intenciones, pero es de notar que, en una historia en la que las figuras masculinas son notables por su ausencia, él rara vez es señalado por el embarazo.

Y está, por supuesto, la exploración de la relación de madre e hija, una que Franco aborda con la consigna de “quitar a las madres del pedestal”. Para no arruinar la sorpresa, basta con decir que los actos de Abril son, por decir lo menos, provocadores. Ella, también, fue una madre joven, y las consecuencias que la sociedad le endosó se asoman de nuevo en el presente. Esta narración distante y sobria inhibe una inclinación emocional hacia sus personajes y, gracias a ello, no es sencillo emitir un juicio.

Seguro, ante la mirada común, Abril puede ser señalada como una mamá monstruosa, una “mala madre” para el imaginario tradicional. “No todas nacieron para ser madres”, sería la sentencia corriente, misma que se convierte en el tema dominante de la película.

Pero hace falta conectar los puntos y llenar los espacios con el imaginario propio, aunque esto conduzca a nuevas preguntas. En una sociedad que canta odas a las “guerreras invencibles” que pelean “con uñas y dientes”, pero que también se refiere a ellas socarronamente como “luchonas”, ¿qué se espera de las mujeres que se convierten en madres?

 

Las hijas de Abril ganó el Premio del Jurado en la sección “Una cierta mirada” del Festival de Cannes 2017. Se proyecta en el Cine Tonalá de la Ciudad de México como parte del ciclo #MásCineMexicano, iniciativa para impulsar la distribución de producciones nacionales independientes. Estará en la cartelera durante todo el mes de julio; puedes consultar las fechas y horarios de su proyección en este enlace.

 

Twitter del autor: @Lalo_OrtegaRios