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Hay una idea a la cual el ser humano está atado, y es la causa de toda guerra y conflicto

Nisargadatta Maharaj fue uno de los grandes maestros espirituales del siglo XX. Un hombre humilde que recibió por años a innumerables buscadores en su casa de Bombay, compartiendo la sabiduría intemporal de la tradición advaita (no-dualidad) fincada en el profundo océano de dharma de la India. En el clásico libro que reúne sus conversaciones, Yo soy Eso, Maharaj habla sobre la guerra con una lucidez que trasciende cualquier dogma o credo:

En un lugar u otro, en alguna forma u otra, la guerra siempre está ocurriendo. ¿Hubo un tiempo donde no hubiera guerra? Algunos dicen que es la voluntad de Dios. Otros que es el juego de Dios. Esto es otra forma de decir que la guerra es inevitable y que nadie es responsable.

A la pregunta de quién es responsable entonces, Maharaj contestó:

Busca al culpable adentro. Las ideas de "mí" y "mío" están en la raíz de todo conflicto. Libérate de ellas y estarás libre de todo conflicto.

Se podría pensar que esta es la típica respuesta de que la guerra empieza en el interior (e igualmente la revolución) (lo cual no deja de ser cierto). Pero es más profundo que esto, puesto que apunta directamente a la causa de todo conflicto, del cual la guerra es una extensión, una especie de reproducción fractal externa de un estado interno multiplicado colectivamente:

Luchas contra otros constantemente por tu supervivencia como un cuerpo-mente separado, como un nombre y forma particular. Para vivir debes destruir. Desde el momento en el cual fuiste concebido, empezaste una guerra con tu ambiente --una guerra sin piedad de mutua exterminación hasta que la muerte te libere.

Inevitablemente, si uno se identifica con un yo separado de un mundo ajeno de objetos, surge una cierta belicosidad, una oposición, puesto que uno siente que debe proteger a ese ser separado y frágil que es uno mismo y para hacerlo debe imponerse sobre lo demás (ya que todos los otros objetos del universo no tienen especial interés en el beneficio de ese yo separado).

Para Maharaj la realidad es que, simplemente, lo que uno es no tiene límites. Lo que es es el Ser que abarca todos los seres como una conciencia-presencia luminosa atemporal. El ser individual no es. Pensar que uno es sólo este yo, esta mente o este cuerpo individual con su drama cotidiano es un callejón sin salida, puesto que no habrá nunca libertad del sufrimiento. Nunca dejará de existir la guerra. ¿Quién es responsable?:

Nadie y todos. El mundo es lo que contiene y cada cosa afecta a todas las demás. Todos matamos al niño y todos morimos con él. Cada evento tiene innumerables causas y produce innumerables efectos...

En realidad todos somos creadores y criaturas de cada uno, causando y llevando el peso del otro. 

El camino, entonces, para vivir en un mundo distinto, es descubrir la interdependencia y conocer el Ser que se despliega como el mundo en amor:

Es la naturaleza del amor expresarse a sí mismo, afirmarse, superar dificultades. Una vez que has entendido que el mundo es amor en acción, lo verás de una forma muy distinta. Pero primero debe cambiar tu actitud ante el sufrimiento. El sufrimiento es primordialmente una petición de atención, que es en sí misma un movimiento de amor. Más que la felicidad, lo que el amor quieres es crecer, profundizar y ampliar la conciencia y el ser. Cualquier cosa que impide esto se convierte en una causa de dolor, pero el amor no se encoge con el dolor... Cuando [el desarrollo justo y ordenado] es obstruido se vuelve en contra de sí mismo y se vuelve destructivo. Donde sea que el amor es retenido y donde sea que se permite que el sufrimiento se esparza, la guerra se convierte en inevitable. Nuestra indiferencia al dolor de nuestro vecino trae sufrimiento a nuestra puerta.

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Estos son los 4 catalizadores que llevan a la mente a la iluminación según la psicología budista

AlterCultura

Por: pijamasurf - 07/09/2017

El budismo cuenta con estas 4 actitudes o catalizadores inconmensurables para transmutar los venenos emocionales y llevar a la mente a su naturaleza original, pura y radiante

En términos generales la psicología occidental considera que el amor o el odio, la alegría o el enojo son emociones y entran en la misma clasificación. En esto difiere notablemente la psicología budista, para la cual estos estados mentales no difieren sólo en cualidad (positiva o negativa) sino que pertenecen enteramente a otro dominio. Lo que nosotros llamamos normalmente "emociones", en el budismo son llamados "venenos" o "contaminantes" (kleshas, en sánscrito). Éstos pueden dividirse en tres o cinco emociones fundamentales (las cuales, a su vez, pueden subdividirse en muchos otros psiquismos contaminantes). Generalmente, los llamados cinco venenos de la mente son:

 Deseo o apego (raga, sánscrito; 'dod chags, tibetano).

 Enojo o aversión (dvesha, sánscrito; zhe sdang, tibetano).

 Ignorancia u opacidad mental (moha, sánscrito; gti mug, tibetano).

 Orgullo o arrogancia (mana, sánscrito; nga rgyal, tibetano).

 Envidia (irsha, sánscrito; phraf-dog, tibetano).

Estas cinco emociones son las contaminaciones de los cinco modos de cognición prístina o cinco sabidurías que conforman la naturaleza de la mente, la cual se ve oscurecida por estas emociones propias de la confusión del samsara, que hace que lo que es solamente luminosidad autocognitiva se vea sumida en extravío dualista. Para que se reconstituya la cognición prístina en el ser, el budismo propone lo que generalmente se traduce como "los cuatro inconmensurables" (apramanas, sánscrito), también conocidos como los brahmaviharas (las habitaciones divinas), las actitudes sublimes que conducen al estado de Brahma, al estado divino o a la misma budeidad. Herbert Guenther, uno de los más grandes tibetólogos de la historia (aunque controversial en sus traducciones), llama a estos estados esencialmente expansivos de la mente "catalizadores". Aunque estos estados o actitudes suelen asociarse con niveles elevados del desarrollo psíquico y espiritual, debe enfatizarse que en realidad son "las facetas primarias del ser", las cuales son obstruidas u oscurecidas por las emociones: "las emociones son el malfuncionamiento de una cognitividad prístina (jnanas, sánscrito; ye-shes, tibetano)". Los cuatro catalizadores que restablecen al ser en su cognición prístina son:

Amor bondadoso (maitri; byams pa).

Compasión (karuna; snying rje).

Alegría empática o alegría vicaria (mudita; dga'ba).

Ecuanimidad (upeksha; btang snyom).

Es de recalcarse que para el budismo el amor no es una emoción y no tiene una acepción meramente sentimental, es mejor entendido como un catalizador o una sublimación de estados de densidad emocional. Esto es lo que Thinley Norbu Rinpoche señala en su libro White Sail: el amor es, en realidad, la capacidad de dar energía a los demás. Energía para que puedan transformar los venenos mentales o emociones en sabiduría.

Guenther habla de un proceso de reconstitución del estado prístino de cognición no-dual como si ocurriera una reacción catalítica. Se contemplan estas actitudes sublimes y así se se activan como catalizadores para abrir los flujos de energía que se encuentran comprometidos por las emociones, los cuales son indispensables para lograr la actualización del ser en su integración completa. Es decir, es a través de estados naturalmente virtuosos y expansivos que las emociones son llevadas de vuelta a su esencia de cognición prístina, en la cual la conciencia integra y percibe al mundo libre del cristal distorsionante y delimitante del ego; se alcanza la realización, es decir, la percepción del mundo tal como es. Los cuatro incomensurables son las "grandes propiedades del auténtico Ser" que nos permiten cruzar "el océano del ser ficticio". Son incomensurables o ilimitadas porque el ser en realidad no tiene límites, es sólo percibido así por las obstrucciones emocionales que le hacen identificarse con un sujeto concreto en una dicotomía con un mundo de objetos. Al final se trata de ser compasión, ser amor, ser alegría, ser ecuanimidad y no ser amoroso con alguien en específico, o alegre bajo ciertas condiciones, etcétera.

El gran maestro de la tradición tibetana Nyingma, Longchenpa, sugiere que se debe primero practicar la ecuanimidad, ya que este inconmensurable tiene la cualidad de no tener punto de referencia y por lo tanto estar más fácilmente libre de apegos y aferramientos. Por ejemplo, el amor puede fácilmente convertirse en un aferramiento al centrarse en una única persona, lo cual es una negación del valor del otro, ya que éste es transformado en un objeto al cual uno se aferra. Se trata sobre todo de moverse de lo individual hacia lo universal, para resonar con "lo absolutamente positivo que ha existido desde el principio como una semilla increada". De la misma manera que Platón en El banquete sugiere que del amor individual uno crece al amor universal, Longchenpa dice también que uno debe extender en su práctica estos estados catalíticos ilimitados de una persona hacia varias, y así hasta abarcar al mundo entero. 

Cada uno de estos catalizadores existe en una relación dinámica de mutua transformación. El amor tiende a anquilosarse en el apego, el cual genera frustración (ya que el objeto del apego es impermanente), pero esto puede ser contrarrestado por la compasión, que libera de este sufrimiento y amplifica su accionar; la compasión puede convertirse en sentimentalismo y en una sensación de inutilidad (puesto que existe tanto sufrimiento en el mundo), lo cual se contrarresta con la alegría; la alegría puede convertirse en una euforia o sobreexcitación, lo cual es contrarrestado por la ecuanimidad; la ecuanimidad puede convertirse en apatía, lo cual es contrarrestado por el amor. A su vez, estos cuatro catalizadores sirven para disolver los cinco venenos ya mencionados, también en una relación dinámica:

Un hombre que habiendo tomado refugio se ha convertido en un nodo de crecimiento espiritual

cultivará su mente para el beneficio de los demás seres vivos

dejando que florezca la compasión en el terreno del amor

y regándola con el agua pura de la ecuanimidad, bajo la plácida sombra de la alegría.

(Longchenpa)

 

Pon en práctica los cuatro catalizadores de la iluminación con estas cuatro meditaciones guiadas por el maestro budista Alan Wallace

* Citas tomadas de Kindly Bent to Ease Us: Part 1: Mind (Longchenpa, traducción de Herbert Guenther)

** Debe mencionarse que Guenther usa en sus traducciones frecuentemente el término Ser (being), algo que es sumamente polémico dentro del budismo. Sin embargo, Guenther utiliza este término como una no-cosa (nothingness), una apertura rebosante de potencial que despliega un mundo, que es sólo su propia intensidad-luminosidad, de alguna manera conectando, en esto, la filosofía de Heidegger con el budismo mahayana y vajrayana.