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La experiencia única de sentir la energía en un festival de música

Buena Vida

Por: pijamasurf - 07/22/2017

Algo único ocurre cuando cientos o miles de personas se unen bajo un mismo espíritu en un lugar para celebrar

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Terence Mckenna: Una buena fiesta.

Desde tiempos remotos, el ser humano ha sentido la atracción del rito y la ceremonia y la manera en que éstos se potencian en lo colectivo. Hoy en día, vivimos en un mundo donde gran parte de los ritos tal y como eran concebidos anteriormente han perdido poder o interés; sin embargo, mantenemos de esto la atracción por los festivales, por las grandes congregaciones para participar en un espectáculo, para cantar o bailar.

Algo único ocurre cuando cientos o miles de personas se unen bajo un mismo espíritu en un lugar para celebrar. Los cuerpos y el espacio se convierten en una cámara de resonancias en las cuales viaja no sólo el sonido y la vibración, sino también la energía y la emotividad. Este tipo de eventos pueden ser catalizados por el ingrediente mágico de la belleza; especialmente, la belleza de un lugar que permite reconectar con la naturaleza a la vez que alimenta nuestra imaginación con la luz y el color. Es de esta comunión entre la gente, la naturaleza y la música que se genera un vector único de energía/presencia. Momentos así son memorables, pues son pocas las posibilidades de conjugar estas variables que crean la particularidad de la experiencia.

Sin duda, esta es una de las grandes razones por las que estamos viviendo el florecimiento de los festivales de música, particularmente en lugares que se nutren de un coeficiente de belleza y conexión con las fuerzas naturales. Estos son espacios en los que, a través de la emoción de la música y la energía exponencial que se produce por la concentración de la gente, ocurre una íntima vinculación entre los amigos que comparten el momento: euforia, alegría, amor, etcétera.

Una de estas oportunidades es el  Festival Corona Sunsets (que se llevará a cabo en la Hacienda San Pancho, Nayarit, el 22 de julio), en el cual música electrónica de primer orden estallará ante el telón del atardecer. Esta es la quinta edición de este festival mundial, que en esta ocasión conjuga todo un espectáculo visual al atardecer, al lado del mar, en el que habrán nueve DJs internacionales y nacionales, con la consigna de crear una experiencia de alta estimulación energética.

 

Consulta este enlace para saber los detalles y ver el cartel del evento

La responsabilidad de no asumir las responsabilidades de otros

Cuando somos niños nos es muy fácil sentir empatía por los demás, ya que aún no adquirimos el hábito de hacer juicios sobre cada persona, cada cosa y cada situación; aún no desarrollamos a ese inquisidor interno que todo lo califica. En la infancia nos es sencillo compartir las emociones del otro e incluso sentirlas como si fueran nuestras. Sin embargo, si no aprendemos a diferenciar claramente nuestras responsabilidades emocionales de las de los demás, podemos quedar atrapados fácilmente en relaciones de codependencia.

Muchos adultos creen que los niños no se dan cuenta de nada, que no tienen la capacidad de entender situaciones complejas y problemas familiares; no obstante, cualquier adulto que piense esto seguramente tendrá una pésima memoria y poca capacidad de observación. Quizá un niño no entienda todos los detalles anecdóticos de un problema familiar, pero seguramente siente e intuye el conflicto y el dolor, o por lo menos el estrés y la tensión.

Cuando los adultos son incapaces de ver por sus hijos (o por sí mismos), entonces la balanza se inclina y los niños pueden sentirse responsables de los demás. El niño quisiera curar el alcoholismo del padre, la neurosis de la madre, ganar el dinero que hace falta, revivir al pariente fallecido, curar el Ébola y solucionar cualquier problema que le esté apartando del amor y la atención de su familia. Esto solamente logra que con el paso del tiempo ese niño no sea consciente de sus verdaderas necesidades vitales, las cuales, de haber sido atendidas, le habrían permitido convertirse en un adulto pleno y sano.

Si no aprendemos a reconocer nuestras necesidades vitales (aprender, conocer, amar), empezamos a establecer relaciones de codependencia con la familia; por ello es común que haya personas que están enojadas o resentidas con sus padres por ser alcohólicos, por ejemplo, pero lo primero que hacen es saltar hacia la primera adicción que se les cruza en la adolescencia, pues de alguna forma están siendo “solidarios” con el padre y con la visión de que si un problema no se soluciona, entonces se comparte.

Nos enseñan desde pequeños que los sentimientos son un resultado de las circunstancias y de lo que nos es dado o negado, pero esto no es así: nuestras emociones son una decisión que tomamos frente a las circunstancias, pero si no entendemos esto, las asociaciones emocionalmente abusivas y manipuladoras vuelven en la edad adulta, conduciendo a la codependencia y la sensación de que necesitamos que nos rescaten porque nuestros padres necesitaron ser rescatados.

Es necesario comprender que el enojo, la depresión o la frustración de los padres, abuelos o hermanos, no son nuestros y no son nuestra responsabilidad, así como tampoco nos definen las etiquetas con las que nos han descrito desde pequeños.

En realidad, todas estas emociones y juicios de valor con los que queremos definir al mundo son una decisión (consciente o inconsciente) sobre el género que queremos asignarle a la película de nuestra vida, es decir, a nuestra narrativa de nosotros mismos. Y si decidimos que la vida es una tragedia o un melodrama, así será.

Sin embargo, es importante entender que no es necesario compartir las creencias de los demás para demostrarles nuestro cariño y brindarles respeto, pues no necesitamos ser iguales al otro para hacerlo parte de nuestra vida de una forma sana. Decir "no" a una petición (venga de quien venga) no es una traición; la traición es no aceptarnos como somos y no atrevernos a seguir nuestras necesidades de desarrollo, ya sea profesional, espiritual o de cualquier otro tipo.

Por otro lado, la única manera de liberaros de las emociones negativas de forma saludable es reconocer y aceptar. Construir el hábito de nombrar las emociones que tenemos puede ser la mejor forma de soltar el lastre que llevamos cargando en la espalda.

Una vez que estas emociones son reconocidas, podemos decidir qué hacer con ellas; podemos identificar cómo se originaron y qué podemos hacer al respecto. Así podremos evitar asumirnos como víctimas de una situación y asumiremos la responsabilidad de nosotros mismos. Esto puede ser un proceso largo, pero en última instancia conduce al aprendizaje y al desarrollo.

Una vez que hemos asumido esta nueva forma de ser y hemos quitado la carga de nuestros hombros, nos encontramos, por lo general, con que somos capaces de ayudar a los demás. No obstante, debemos evitar confundir la intención de ayudar con la de rescatar, pues esto a menudo conduce a sentimientos de resentimiento cuando los demás no nos agradecen o no actúan en consecuencia.

Aunque parezca extraño, la falta de una reacción o un juicio de valor es a menudo la mejor manera de ayudar a alguien, y es la mejor manera de reflejar de nuevo hacia ellos la forma en que están actuando para que logren ser conscientes de sí mismos. Ser receptivo, escuchar los espacios entre las palabras y observar las acciones de los otros lleva a la compasión por ellos. Debemos evitar la necesidad de tener el control y entender los procesos de aprendizaje de los demás, aunque parezcan o nos resulten dolorosos.

La mejor forma de ayudar a alguien es permitirle hacer lo que le corresponde. Una planta no crece si no se le da espacio, si no se le deja donde pueda nutrirse de la tierra, donde reciba los rayos del Sol y acceda al agua. Uno no puede hacer brotar las ramas y las hojas para ahorrarle el trabajo a la planta. Uno deja ser a la planta.