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Psiquiatra intenta tratar su depresión fumando DMT diario, esto es lo que sucede

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 07/18/2017

El extraño caso de un psiquiatra que optó por el DMT para tratar una depresión que había resultado intratable por otros medios

Un reporte publicado en el Journal of Pyschoactive Drugs cuenta el caso clínico de un psiquiatra de 40 años que decidió automedicarse para tratar una depresión bipolar con DMT.

El psiquiatra, que ya no ejercía pero que documentó su tratamiento, describe haber sufrido de depresión la mayor parte de su vida y haber intentado tratarse con antidepresivos, antipsicóticos, terapia electroconvulsiva y ketamina (otra sustancia psicodélica utilizada actualmente con éxito para tratar la depresión). Ninguno de estos tratamientos funcionó, por lo que intentó usar DMT, que obtuvo de la deep web.

Al notar algunas mejoras, incrementó su dosis al añadir 60mg de fenelzina a su uso diario; esta sustancia es un inhibidor monoamino oxidasa que prolonga los efectos del DMT. El hombre consumía 1gr de DMT diario, una cantidad enorme de esta sustancia considerada uno de los psicodélicos más potentes del planeta, caracterizado por sus intensos visuales, algunos descritos como visiones de entidades alienígenas y complejos seres geométricos. Para dormir, el psiquiatra tomaba clonazepam.

Después de 6 meses el hombre suspendió su regimen con el DMT, ya que tuvo que viajar fuera de su estado y pensó que era mejor no llevar la sustancia, que es ilegal. 2 o 3 días después de descontinuar el DMT tuvo un brote psicótico y acabó en el hospital, luego de que hasta seis guardias lo tuvieron que detener y administrarle tranquilizantes. Los reportes señalan que estaba en un estado alucinatorio: creía que diversos demonios estaban devorando su alma y pidió un exorcista.

Los autores del reporte “A Physician’s Attempt to Self-Medicate Bipolar Depression with N,N-Dimethyltryptamine (DMT)" concluyeron: 

El caso remarca el hecho de que los pacientes con vulnerabilidades personales o con una historia familiar de psicosis, de manía no psicótica o con uso concomitante de fármacos deben evitar tomar alucinógenos. Adicionalmente, este paciente nos recuerda las consecuencias potenciales de la automedicación, especialmente entre los mismos médicos.

Evidentemente esto no significa que fumar DMT, una de las sustancias claves de la ayahuasca, producirá ataques psicóticos en todo tipo de individuos, pero ciertamente advierte que no debe combinarse con otros medicamentos y que no debe tomarse si un individuo se encuentra mentalmente inestable. Asimismo, resalta al menos que estas sustancias tan fuertes deben ser usadas con sumo cuidado e, idealmente, bajo la supervisión de personas calificadas.

 

Con información de Psy Post

Entre otros fenómenos, los algoritmos y el tipo de información que consumimos parecieran encerrarnos en una burbuja acrítica

La llegada de Internet, "el mundo de la información", la biblioteca abierta para todos, generó una enorme expectativa en torno a los alcances de conocimiento, que por primera vez, la humanidad tendría a su alcance. Sin embargo, las promesas de Internet se han ido desvaneciendo (aunque indudablemente también tiene muchas ventajas) en gran parte por el mundo de los algoritmos, entre otros fenómenos, ya que ello hace que la información a la que accedemos confirme (más que confrontar) nuestra manera de pensar.

A continuación algunos hechos que muestran cómo Internet, la manera en que funciona (y cómo lo usamos), podría estarnos haciendo menos críticos:

 

La información que generalmente encuentras sólo confirma tus opiniones

Por ejemplo, en Facebook el algoritmo privilegia la información de las personas con las que tienes mayor interacción, pero estas personas suelen ser más allegadas a ti, y generalmente tienen similitudes ideológicas. De este modo, cuando abres esta red social la información que te llega confirma tu tipo de pensamiento. Lo mismo ocurre con los medios de comunicación a los que les das like; usualmente, la información que te llega reafirma tu postura ideológica. Ahora, si tomamos en cuenta que la mayor parte de las personas utiliza las redes sociales como medio de información, ello se vuelve aún más evidente. Con los buscadores sucede algo similar ya que los resultados privilegiarán el tipo de textos que sueles leer, con una postura similar a la tuya. Evidentemente lo anterior no propicia el pensamiento crítico, pues la data que consumes no confronta tus opiniones con información inteligente desde otras posturas.

 

Entregamos nuestros datos y privacidad sin pensarlo

El magnetismo, sobre todo de las redes sociales, ha hecho que releguemos la cuestión de nuestra privacidad como si fuera un tema secundario. Se trata de una especie de atracción que nos invita a dejar de lado aspectos de la intimidad que antes cuidábamos mucho más. La normalidad con la que hemos adoptado las redes sociales ha provocado que seamos mucho menos críticos respecto de la información personal.

 

Consumimos más información social

La promesa de la información sin límites está siendo relegada por las horas que pasamos escudriñando la vida de nuestros amigos, sobre todo en redes sociales como Instagram y Facebook. Esto se convierte en una especie de adicción, sabemos más del viaje que hizo una persona no tan allegada que de análisis antropológicos o sociales (sólo por poner un ejemplo) que podrían generar una reflexión mucho más profunda.

 

Nos hemos hecho más narcisistas

Somos adictos a los likes y, de hecho, está comprobado que éstos generan la hormona de la recompensa en nuestro cerebro: dopamina. Pareciera que estamos obsesionados con conseguir la aprobación de los demás y con compartir (presumir) constantemente nuestras vidas.

 

Poco ejercicio e interacción social física

Pasar horas en Internet nos hace sedentarios, hace que abandonemos la interacción social en físico, y está mermando nuestra salud con efectos nocivos derivados de una mala postura o aumento del insomnio. Hacer ejercicio incrementa nuestra inteligencia y, por su parte, convivir con los demás fomenta nuestras habilidades de comunicación, empatía, intercambio, afecto.

 

Internet llegó tan rápido que no nos dimos el tiempo para ser críticos con la manera en que interactuamos con él y con cómo funciona. Todo apunta a que seguimos siendo la sociedad del espectáculo, sólo que lo sentimos distinto, ya que ello se encuentra disfrazado de acceso casi infinito a la información (pero una que nos podría estar haciendo mucho menos críticos) y, de hecho, quizá a esta época podría llamársele la era de la ignorancia.