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El "ahorita" del mexicano: ¿expresión laxa o alegoría de la vida en el aquí y el ahora?

Sociedad

Por: PijamaSurf - 08/18/2017

Cuando en México se escucha decir “Ahorita llego”, significa “Estaré ahí dentro de un indeterminado tiempo” (porque probablemente apenas se está saliendo de casa)

Se le ha llamado “Efecto ahorita” a la manera que los mexicanos tienen de manipular el tiempo a su antojo, de adaptar la lengua a su cosmología casi ancestral en la actualidad. "Ahorita" puede ser dentro de 15 minutos, 1 hora, una tarde o quizá nunca. Sin embargo, eso es algo que sólo un mexicano puede descifrar.

Múltiples extranjeros muestran su exasperación cuando entran en contacto con el "ahorita" mexicano. Las anécdotas llueven, como esperar toda una tarde a los técnicos de cualquier servicio y que, al último minuto, digan que mejor al día siguiente; como realizar una acción inmediatamente, cuando el interlocutor mexicano lo esperaba dentro de un rato; como preguntar “Ahorita, ¿cuándo?” después de haber dejado pasar 2 horas desde el primer ahorita. Al principio, pueden tildar esta actitud como insegura o laxa; después, cuando han estado en contacto constante con la cultura mexicana, la asumen con gracia e incluso hasta con una sorprendente ligereza transmitida mediante la expresión “Ya será”.

Para la doctora Concepción Company, lingüista e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, “Cuando un mexicano dice ‘ahorita’, puede significar mañana, dentro de 1 hora, 5 años o nunca”. Es decir que cuando en México se escucha decir “Ahorita llego”, significa “Estaré ahí dentro de un indeterminado tiempo” (porque probablemente apenas está saliendo de casa); o “Ahorita regreso”, “Volveré pero no sé a qué hora precisa”. Incluso, el “Ahorita” puede ser utilizado como una manera cordial de rechazar una oferta, como por ejemplo, “¿Quieres un café, té o agua?”/“Ahorita, gracias”.

Pero entonces, ¿cuándo es ahorita con un ahorita? Existe una tendencia evidente de los mexicanos a hacer un uso extenso del diminutivo. Y si bien el “ahorita” goza de la cualidad de ser diminutivo para indicar inmediatez, los mexicanos lo usan como una manera de romper el espacio entre el emisor y el receptor para disminuir la formalidad, seriedad o angustia del momento. Según la doctora Company, agregar el diminutivo reduce la urgencia en vez de incrementarla –como en otros países hispanohablantes.

La especialista en el lenguaje agrega que si, por un lado, la “i” del ahorita se arrastra (suena durante más tiempo), la acción a la que se está refiriendo puede tardar mucho más de lo esperado o deseado; y si, por otro lado, se desea una acción en el momento, es preferible hacer alusión al "ahoritita", pues “el sonido es corto, y los sonidos duros representan la idea de que las cosas se necesitan hacer de inmediato”.

Es verdad, no todos se acostumbran a “este vago concepto de conseguir un objetivo en un punto indeterminado en el futuro”. No obstante, la ruptura del "código ahorita" comienza en el momento de aprehender la premisa de vida de los mexicanos, en la cual hay permiso para las sorpresas, la relajación, la vida libre de prisas. Porque, de acuerdo con la especialista, la actitud hacia el tiempo en México se vuelve despreocupada: no importa si se empieza a tiempo un evento, porque el ahorita permite vivir en el aquí y en el ahora de la vida.

Cansado del tráfico, este hombre prefirió nadar 2km diarios para llegar a su trabajo

Sociedad

Por: pijamasurf - 08/18/2017

¿Tú qué podrías hacer para evitar el tormento cotidiano del tránsito automovilístico?

Quienes viven en la ciudad saben bien que uno de los principales problemas cotidianos son los embotellamientos automovilísticos. Sea por el exceso de vehículos automotores, por una planeación urbana deficiente o por otros factores relacionados con la movilidad o el espacio público citadinos, prácticamente no hay ciudad en el mundo que esté exenta de este pesar.

En Múnich, una de las ciudades más industriosas y activas de Alemania, un hombre encontró una peculiar solución para evitar o al menos sortear el lastre del tráfico automovilístico: nadar.

Cansado de desperdiciar su tiempo atorado en esas filas infinitas sobre el asfalto, un buen día Benjamin David empacó su computadora portátil, sus zapatos y su traje en una bolsa impermeable, se puso un traje de baño y sin pensarlo más se zambulló en el río Isar, que nace en los Alpes tiroleses y desemboca en el Danubio, no sin antes cruzar por Múnich.

Tan singular decisión ha llevado a Benjamin a nadar 2km diarios a lo largo del río, hasta alcanzar las inmediaciones de su lugar de trabajo, punto en el que sale y en donde, si aún tiene tiempo, acude a una cafetería cercana para comprar antes un café, sin importarle que entre al local en traje de baño.

Y más allá de la peculiaridad del caso, es claro que este hombre tomó la decisión más sensata ante una situación que le causaba malestar: cambiar sus propias circunstancias en el marco de su horizonte de posibilidades.