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¿Platón en LSA dio a luz al gran edificio filosófico de Occidente? Esto argumenta el filósofo Peter Sjöstedt-H

Platón habría desarrollado algunas de las facetas esenciales de su filosofía a partir de la ingesta de una sustancia psicodélica, argumenta el filósofo Peter Sjöstedt-H, de la Universidad de Exeter. En el Fedón, el diálogo en el que Platón discute la muerte de Sócrates y la vida después de la muerte, el filósofo griego menciona los misterios de Eleusis, aparentemente como aquello que le permitió saber que el cuerpo es una mera cáscara de la cual el alma puede despojarse. Luego introduce su idea de que el cuerpo y el alma son distintos y que, al purificarse, el alma puede separarse del cuerpo y continuar una existencia inmortal (esto a veces es llamado dualismo de sustancia). En otras palabras, la experiencia de Eleusis habría dado a Platón la certidumbre de la inmortalidad del alma.

"En una experiencia psicodélica, puedes abandonar el vínculo entre 'tú' como un cuerpo; y 'tú', tú mismo como la persona que crees ser, con tus recuerdos", dice Sjöstedt-H. Esta es la teoría básica, tan defendida por Terence McKenna, de que en las experiencias psicodélicas se produce una disolución del ego, lo cual permite acceder a experiencias de fusión con la totalidad o de desdoblamientos de la conciencia hacia otras realidades. "Hay una pérdida del yo, y el yo comúnmente está asociado al cuerpo, así que ciertamente puedo ver por qué una experiencia psicodélica puede inclinar a alguien a una visión dualista del mundo", dice Sjöstedt-H.

Los ritos de Eleusis, en los que participaron romanos y griegos por más de mil años, fueron centrales en establecer las creencias soteriológicas y esotéricas de estas civilizaciones, ligadas a la mitología órfica. El gran traductor de textos platónicos al inglés, Thomas Taylor, señala que en estos ritos se producía en los neófitos una visión de la inmortalidad del alma. Ahora bien, no existe evidencia concluyente de que esta visión fuera producida por la ingesta de una sustancia psicodélica o que esta sustancia fuera lo principal en los ritos, ya que se realizaban toda una serie de prácticas preliminares, así como toda una especie de teatralidad sagrada. En tanto que se debía mantener secrecía sobre el contenido del rito, todo cae un poco en la especulación.

Se sabe, sin embargo, que se tomaba una bebida llamada kykeon para romper el ayuno. Se menciona que esta bebida estaba basada en cereales, como puede ser el centeno. Al le centeno crece un hongo llamado cornezuelo que tiene una sustancia activa llamada ergotamina, la cual es psicoactiva (es una especie de LSD natural, llamado LSA). Esta hipótesis fue planteada por el antropólogo Gordon Wasson, con el apoyo de Albert Hoffman y el experto en mitología griega Carl Ruck. Wasson también planteó que el soma de los védicos era un hongo alucinógeno (posiblemente Amanita muscaria), lo cual también podría sugerir que el origen de la filosofía de la India fueron los psicodélicos (aunque tales afirmaciones son sumamente reduccionistas y culturalmente sesgadas).

El reduccionismo filosófico de Sjöstedt-H llega a la conclusión de que los psicodélicos son la raíz del árbol filosófico occidental, apoyándose en el famoso comentario de Alfred North Whitehead, quien dijo que la filosofía occidental es apenas una serie de notas de pie de página a la filosofía de Platón. Como Platón tomó psicodélicos (y casi todos los filósofos griegos, si es que se tomaban psicodélicos en Eleusis), entonces los psicodélicos son la fuente de la filosofía occidental. En la sofistería de Sjöstedt-H, luego se deduce que cualquier persona filosóficamente inclinada o que quiere conocer la naturaleza de su mente debe tomar psicodélicos. Como si tomar ergot te hiciera Platón o siquiera entenderlo (algo que hoy en día, con la dopamina de fuente digital, parece ser cada vez más escaso).

En suma, Sjöstedt-H no hace más que reformular el argumento del famoso etnobotánico experimental Terence McKenna de una manera más académica. McKenna quizás fue un poco más lejos diciendo no sólo que todas las personas debían tener una experiencia psicodélica, sino que que los hongos mágicos habrían causado el salto evolutivo de los monos a los homínidos. Aunque Sjöstedt-H también tiene argumentos bastante rebuscados, como su tesis de que ciertas drogas psicoactivas fueron claves en el desarrollo de la filosofía de Nietzsche.

No hay duda de que las sustancias psicodélicas han sido un factor creativo influyente en la conformación del pensamiento filosófico y religioso del ser humano, pero creer que son la causa fundamental, la fuente universal de todos las diferentes corrientes, es conocer muy poco la naturaleza de la propia mente humana, que en sí misma contiene un potencial psicodélico y visionario inimaginable y, por lo tanto, no requiere necesariamente de ingerir sustancias psicoactivas para manifestar una riqueza de realidades alternas y dimensiones divinas.

CEOs de Silicon Valley están empleando a filósofos como consejeros

Filosofía

Por: pijamasurf - 08/24/2017

La utilidad de filosofía no caduca, incluso en una época como la nuestra que tanto privilegia la productividad

Bajo el pretexto de la productividad y la competencia, la filosofía ha sido empujada cada vez más hacia las márgenes de la sociedad, en tanto se le pretende considerar una disciplina inútil o innecesaria. Con renovado prejuicio, sobre la filosofía pesa la falsa creencia de que el suyo es un ejercicio meramente especulativo, sin asiento en la realidad, como si se tratase de ensoñaciones y fantasías o como si las preguntas de los filósofos atendieran únicamente a entelequias inexistentes.

La realidad de la filosofía, por supuesto, es totalmente opuesta. De hecho, si consideramos la historia del pensamiento y el desarrollo de la forma en que el ser humano aprendió a conocer e investigar su mundo, descubriremos que la filosofía se encuentra en el origen de todas las ciencias y las disciplinas de lo humano. Al principio, los primeros filósofos de quienes se tiene noticia o registro se interesaron por igual de las cosas del alma y de las del cuerpo, del cosmos y de la materia física, de plantas y animales y de la bondad o maldad del hombre. ¿Y por qué esta mescolanza primigenia? En buena medida, porque la esencia de la filosofía es inquirir, cuestionar, dudar, todo con miras a conocer la verdad sobre un asunto –algo que difícilmente alguien se atreverá a decir que es “inútil”.

Acaso por esa razón, porque la filosofía se ha especializado durante más 2 mil años en investigar la verdad, importantes ejecutivos de empresas no menos influyentes se han acercado en los últimos años a filósofos en busca de consejo. Específicamente, los CEO de firmas de tecnología asentadas en Silicon Valley recurren cada vez más a personas que han estudiado filosofía, en busca de respuestas a preguntas muy especiales: ¿qué es la felicidad?, ¿cómo se consigue?, ¿por qué ir en pos del éxito?

Como sabemos, incluso por experiencia propia, parte de la llamada “cultura laboral” contemporánea ha puesto un énfasis notable en que todo mundo en el trabajo esté “feliz” –lo que sea que eso signifique. Ciertas personas están obsesionadas porque su trabajo sea importante, valorado, porque tenga sentido y genere impacto; por otro lado, los empleadores igualmente tienen la política de construir entornos laborales en los que se propicie la satisfacción e incluso la felicidad.

¿Pero cómo lograr esto si, de entrada, nadie se ha preguntado qué significa ser feliz? Y esa es una tarea propia de un filósofo. No tanto responder, sino dar a quienes se hacen esa pregunta los medios necesarios para responderla por cuenta propia.

Andrew J. Taggart es uno de esos filósofos que ahora aconsejan a CEOs de varias empresas, ayudándoles a preguntarse no cómo pueden ser más exitosos sino por qué quieren ser exitosos, no cómo llevar una buena vida sino qué implica en realidad vivir de la mejor manera posible, e incluso preguntas un tanto más pragmáticas o inmediatas como qué está construyendo una empresa hacia el exterior, qué efecto está generando en la realidad.

Desde 2010, Taggart ha asesorado a diversos ejecutivos de compañías en Estados Unidos, Canadá, Europa y América Central. A diferencia de una terapia psicológica, sus sesiones no tienen un límite de tiempo definido, y casi como si se tratase de un diálogo socrático, puede hablar con dichos CEOs tanto como sea necesario, incluso hasta por 4 horas, durante las cuales los confronta con todas sus ideas, superficiales o profundas. Jerrold McGrath, un colega de Taggart que realiza el mismo trabajo, asegura que sólo así es posible “atravesar la mierda para llegar a lo que de verdad está pasando”.

Y es que parece ser que, en el fondo, el ser humano no puede sólo vivir, sino que necesita entender por qué vive.