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Hoy podemos alquilar y simular prácticamente todo, incluyendo un padre

Uno de los casos más aberrantes de la conjugación entre mercado y emociones –fenómeno que, por cierto, marca tristemente nuestra época– podemos encontrarlo hoy en Japón. A pesar de que los prestadores de este distópico servicio advierten que no debe usarse como una "muleta emocional", la frontera entre las emociones y la practicidad es débil, demasiado débil.

Por entre 70 y 275 dólares puedes rentar un papá. No importa cuál sea la circunstancia que te orilla a hacerlo, es decir, ni la causa de la ausencia de un padre en tu vida (sea por muerte, abandono o hastío), ni el ritual social o necesidad legal que te orilla a buscar uno a toda costa; incluso si es rentado, esta agencia tiene para ti un padre dispuesto a acompañarte al altar en tu boda, secundarte en una pedida de matrimonio o simplemente asistir a un evento y decir unas conmovedoras palabras. 

A fin de cuentas, vivimos en la era de la simulación: simulamos saber cosas que estamos lejos de entender, simulamos actitudes, conductas y filosofías con tal de pertenecer a un grupo social o encajar en un cierto perfil, simulamos orgasmos y evolución espiritual, simulamos riqueza y hasta podemos conseguir tatuajes efímeros; pero aun para nuestros estándares de la sociedad simulada, la posibilidad de alquilar un papá parece un tanto escandalosa. 

En todo caso, si algún día necesitas uno y no tienes problemas con que hable una lengua extraña y sus rasgos no correspondan a los tuyos, en Japón te espera uno (y muy amoroso). 

Cansado del tráfico, este hombre prefirió nadar 2km diarios para llegar a su trabajo

Sociedad

Por: pijamasurf - 08/29/2017

¿Tú qué podrías hacer para evitar el tormento cotidiano del tránsito automovilístico?

Quienes viven en la ciudad saben bien que uno de los principales problemas cotidianos son los embotellamientos automovilísticos. Sea por el exceso de vehículos automotores, por una planeación urbana deficiente o por otros factores relacionados con la movilidad o el espacio público citadinos, prácticamente no hay ciudad en el mundo que esté exenta de este pesar.

En Múnich, una de las ciudades más industriosas y activas de Alemania, un hombre encontró una peculiar solución para evitar o al menos sortear el lastre del tráfico automovilístico: nadar.

Cansado de desperdiciar su tiempo atorado en esas filas infinitas sobre el asfalto, un buen día Benjamin David empacó su computadora portátil, sus zapatos y su traje en una bolsa impermeable, se puso un traje de baño y sin pensarlo más se zambulló en el río Isar, que nace en los Alpes tiroleses y desemboca en el Danubio, no sin antes cruzar por Múnich.

Tan singular decisión ha llevado a Benjamin a nadar 2km diarios a lo largo del río, hasta alcanzar las inmediaciones de su lugar de trabajo, punto en el que sale y en donde, si aún tiene tiempo, acude a una cafetería cercana para comprar antes un café, sin importarle que entre al local en traje de baño.

Y más allá de la peculiaridad del caso, es claro que este hombre tomó la decisión más sensata ante una situación que le causaba malestar: cambiar sus propias circunstancias en el marco de su horizonte de posibilidades.