*

X

Las personas muy religiosas son menos analíticas, según estudio

Ciencia

Por: Pijama Surf - 08/01/2017

Lo anterior también aplica para las personas radicalmente ateas; los dos extremos acogen a personas más emocionales que analíticas

Hace poco, un estudio encontró que las personas de ideología de derecha más radicales suelen ser menos inteligentes. De hecho, al parecer la inteligencia está vinculada a un pensamiento más progresista y liberal.

En cuanto al campo de la religión, una nueva investigación de la Universidad Case Western Reserve se acerca a las mismas conclusiones. Cabe hacer énfasis en que este análisis encontró que el resultado aplica tanto para los muy religiosos como para los muy ateos; es decir, para los radicales religiosos.

Los participantes fueron analizados con resonancia magnética, a partir de estímulos con preguntas o información diversa. Formaron parte de este estudio 209 cristianos, 152 personas no religiosas, nueve judíos, cinco budistas, cuatro hindúes, un musulmán y 24 de otras religiones.

Según los investigadores, la gente podría dividirse en 2 tipos: emocionales y analíticas. Los radicales religiosos (o los radicales ateos) son personas que embonan más en el tipo emocional (he ahí por qué algunos políticos tocan las fibras emocionales de los radicales, como en el caso de Trump). Por su parte, los individuos menos radicales en lo religioso son más analíticos.

De acuerdo con Anthony Jack, investigador de este estudio:

La resonancia emocional ayuda a las personas muy religiosas a sentirse más convencidas. Mientras más correctas moralmente son las cosas que ven, más se afianza su convencimiento.

Los terroristas, dentro de su burbuja, creen que lo que hacen es moralmente correcto. Creen que están combatiendo algo malo y proyectando una acción sagrada.

Con todo el tema de las noticias falsas (Fake News), la administración de Trump, por medio de resonancia emocional con las personas, apela a los miembros de su base, ignorando los hechos.

2 aspectos que hacen al cerebro de un psicópata distinto al del resto

Ciencia

Por: Pijama Surf - 08/01/2017

Más allá del aspecto emocional, el cerebro de un psicópata verdaderamente envía distintas señales eléctricas

Los psicópatas han sido protagonistas durante años en la literatura, cine y artes en general. Y en el terreno científico también han suscitado durante años un interés especial.

¿Qué es lo que hace a un psicópata? Han sido analizados aspectos como la falta de amor y atención en la infancia, la poca autoestima, la nula o precaria empatía, y a nivel cerebral también se han hecho numerosos estudios al respecto.

Quizá lo que genere tanto interés en la psicopatía es el asombro que nos causa que una persona se vuelva completamente ajena al dolor del otro, a la humanidad del otro; podría parecer que la empatía es uno de los rasgos que más nos acerca a lo verdaderamente humano, lo que nos hace reconocernos como especie.

Un estudio reciente de la Universidad de Harvard, luego de hacer rastreos cerebrales a más de 49 pacientes diagnosticados con psicopatía en un hospital psiquiátrico, reveló que verdaderamente existe una anomalía en el cerebro de un psicópata, y se trata de una conexión más débil entre la corteza prefrontal media ventral y el estriado.

Lo anterior resulta en que los psicópatas registran una mucho mayor actividad en la parte del cerebro asociada a la recompensa, y de ello se desprende que se enfoquen mucho más en la recompensa inmediata (de manera obsesiva) y no piensen, o acaso ni registren, las consecuencias de sus actos a mediano y largo plazo.

Esta misma área es la que se enciende en personas con obsesiones compulsivas como comer, aunque en los psicópatas ocurre en muchas más decisiones que en las concernientes a un solo tópico: la clave para ellos es la recompensa como valor primordial a nivel cerebral.

Esta investigación es muy relevante, ya que más allá de la falta de sentimientos atribuida a este tipo de personas y al tratamiento de la enfermedad enfocado en desórdenes emocionales, revela que verdaderamente existe una anomalía cerebral que puede tratarse, y estudiarse, desde otro ángulo, uno más humano, quizá.