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¿Qué enseña el 'Bhagavad Gita' (el libro más querido de la India)?

AlterCultura

Por: pijamasurf - 08/28/2017

El 'Bhavagad Gita' es un precioso libro que enseña los diferentes métodos para alcanzar la liberación

Entre la vasta literatura religiosa de la India es difícil encontrar un libro más querido que el Bhagavad Gita (la Canción de Dios). Este pequeño libro, que en realidad es sólo una serie de capítulos dentro del sexto libro de la vasta épica del Mahabharata (un texto que ha sido descrito como equivalente a La Ilíada y el Evangelio juntos), probablemente sea tan popular porque se trata de una síntesis un tanto ecuménica del dharma de diferentes escuelas del pensamiento indio. Es por ello que diferentes tradiciones, desde el vedanta, el vaisnavismo (vishnuismo), el shaivismo tántrico y demás, lo han abrazado e interpretado conforme a sus propias doctrinas. Por otra parte, grandes personalidades modernas lo han tenido en la más alta estima: Gandhi lo llamó su "diccionario espiritual", Einstein lo elogió mencionando que ante el Gita el mundo cotidiano parece superfluo y famosamente Oppenheimer comparó la bomba atómica con la teofanía que Krishna le obsequia a Arjuna en el capítulo 11, en la que aparece en su forma de múltiples brazos empuñando diferentes armas, con el resplandor de mil soles: "Me he convertido en la Muerte, la destructora de mundos", citó Oppenheimer después de la primera explosión atómica. Aldous Huxley sencillamente lo definió como "la enunciación de evolución espiritual más sistemática y de valor duradero que tiene la humanidad".

El Gita es un poema en forma de diálogo entre Krishna (el avatar del dios Vishnu) y el guerrero Arjuna, en la antesala de la gran batalla entre los Pandava y los Kaurava, dos clanes enfrentados pese a tener la misma sangre, descendientes del gran rey Bharata, el mítico fundador de la India en la tradición védica (también llamada "Bharata", "La Querida"). Krishna, la Suprema Personalidad de Dios (Purushottama), se presenta como el auriga y consejero del príncipe de los Pandava, Arjuna, quien lo cuestiona sobre la moralidad de participar en una guerra intestina. El autor del texto, como de todo el Mahabharata, es el gran sabio Vyasa, una figura mítica a quien se le atribuyen muchos otros textos sagrados, algunos de ellos escritos mil años antes y mil años después, por lo que se cree que existen muchos "Vyasa" (la palabra misma en sánscrito significa "compilador"). Vyasa habría dictado su gran épica al dios Ganesha, el único capaz de anotar con la velocidad necesaria sus palabras divinamente inspiradas.

Al tiempo que Krishna le da razones a Arjuna para cumplir su deber batiéndose contra sus primos, le imparte una clase magistral de los métodos dominantes para obtener la liberación, el estado libre de la muerte y el sufrimiento (moksha). Este es el tema fundamental del Gita, en este sentido muy similar a los Upanishad, los textos esotéricos del bosque que también se centran en enseñar métodos para la liberación. En este caso podemos hablar de un Upanishad del campo de batalla o incluso de un Upanishad de los Upanishad por su carácter sintético. En el Gita podemos ver la esencia que diferencia a los textos religiosos de la India de textos exotéricos de otras religiones: no se trata solamente del correcto comportamiento, de la ley a seguir para venerar a la divinidad, sino que se trata del camino y el método (yoga) para lograr la divinidad. Tal conocimiento esotérico y arcano difícilmente ha sido presentado de manera más clara y simple. (Vivekananda dijo que el Gita es la guirnalda de los Upanishad, textos difíciles de comprender que son explicados por el Señor mismo en el Gita para liberarlos de interpretaciones sectarias).

El Gita tiene un carácter universal, incluyente, y por lo tanto avala los distintos yogas para encontrar la unión con el brahman, con la base divina del ser. Krishna explica a Arjuna que el jnana-yoga, el yoga basado en el conocimiento, en el discernimiento de la mente que ve que su identidad no es el nada de lo impermanente y se identifica con el Ser (Atman), utilizando el famoso "neti neti", es un método valido y efectivo para lograr la liberación. Pero aun superior, parece sugerir Krishna, es el karma-yoga, algo que es apropiado para el contexto en el que se cuenta la historia: una batalla entre primos. El karma-yoga es la acción que sigue el deber (el dharma) de manera desinteresada, sin fijarse en el fruto del acto (el sacrificio como acto fundamental, total). Krishna, sin embargo, introduce un tercer método que es especialmente caro a él y adecuado para la "era oscura" que se vaticina en el futuro: el bhakti-yoga, el yoga de la devoción. El bhakti-yoga es la alabanza y fijación unipuntual de la atención en una deidad personal. Es el apego único a lo divino, que conlleva el desapego a la propia identidad, a la importancia personal y en general al mundo (samsara). Como si fuere, el devoto sacrifica su ego en el fuego de Dios.

Estos tres yogas, sin embargo, tienen en común justamente el desapego. Esto es el desapego al resultado o fruto de una acción. Todas las filosofías de la India tienen en común la noción de que el apego, el deseo de obtener un beneficio personal, es la semilla del karma (entendido como la inercia que debe cumplirse) y por lo tanto de la continuidad de la existencia en el samsara o existencia cíclica. Krishna le dice a Arjuna, quien titubea sobre luchar o no en la batalla, que actúe, puesto que es su deber, pero que no se aferre a sus actos, que los realice con la mirada puesta en lo divino, como un sacrificio, como una ofrenda. Esta es la esencia del karma-yoga, la acción virtuosa, sin espera de recompensa. En el capítulo 3, verso 9, Krishna le dice a Arjuna:

El mundo está encadenado al karma [a la acción], a menos de que el karma [la acción] se realice en favor del sacrificio. Para que esto ocurra, Oh Arjuna, realiza la acción libre de apego.

En el caso del bhakti-yoga se produce una pasión devocional en la que el practicante deja de interesarse por su propia persona, se pone al servicio de la deidad y por lo tanto se desapega y libera de las normas y constricciones sociales. La devoción es en cierta forma una síntesis del karma y del jnana, una sabiduría en acción: la única acción que merece hacerse (y que no inscribe karma) es venerar a la divinidad, ponerse a los pies del loto. Krishna enseña que en tiempos decadentes (el Kali Yuga), donde es más difícil penetrar hacia las abstracciones védicas, esta es la forma más efectiva para alcanzar la liberación.

En el jnana-yoga se busca a través de la introspección un desapego de todo lo que no es ulteriormente real, como por ejemplo, el cuerpo físico. Este es el yoga practicado fundamentalmente por el advaita vedanta, en el cual se sigue una vía negativa de eliminación de todo lo que es irreal (maya): el mundo material, el cuerpo, el ego, la mente dualista, para alcanzar el conocimiento del Atman o espíritu individual que es idéntico al Brahman (el Ser universal). Shankara, el más grande proponente de esta filosofía, dice en su comentario del Gita:

El objetivo del Gita es, en breve, la suprema dicha, la completa cesación del samsara o la transmigración y sus causas. Esto se logra a través del dharma que consiste en la devoción constante al conocimiento del Atman precedido de la renuncia a todas las obras.

La combinación de algo simple, bello e inesperado es hoy, más que nunca, un reconfortante bálsamo

Wild, wild horses, we'll ride them some day.

Un pequeño grupo de caballos salvajes se reúne en una playa de Carolina del Norte, Corolla Beach, para refrescarse en el atardecer. La congregación queda, por delicias del azar, enmarcada justo bajo un arcoíris que peina en esos momentos la costa. Los cinco caballos, tras relajarse un rato, se marchan. La breve escena de 30 segundos queda documentada en un afortunado video que luego casi 200 mil personas pueden contemplar en una red social o una nota electrónica.

Hasta ahora pareciera que sólo hemos descrito un suceso que roza el ensueño, casi abstracto y sin aparente fin. Y es exactamente lo que significa, es decir, más o menos nada. Pero en tiempos donde el literal bombardeo de estímulos no cesa, esta especie de video-haiku es un verdadero bálsamo. Aquí no hay consejos o recomendaciones sobre cómo iluminarte, vivir más, tener mejor sexo o parecer más inteligente; tampoco hay estudios científicos de por medio, declaraciones polémicas o llamados a la autosuperación. Simplemente se trata de una invitación a frenar durante medio minuto tu interacción con lo demás, algo como "parar el mundo", y recordar que justo en este instante, en algún rincón de este planeta, que trasciende por mucho tu burbuja de realidad, están ocurriendo cosas de una sencillez y una hermosura que rebasan cualquier expectativa.

Es muy probable que el reconfortante efecto, el dulce sortilegio, que producirá en nosotros esta fugaz escena se diluirá pronto. Pero, con un poco de esfuerzo, quizá también seamos capaces de recogerla de la memoria de vez en cuando y así, en medio de correos electrónicos, selfies, series de Netflix, likes o la incontenible vibración de tu teléfono, recordemos que hay algo en algún lugar, pulsando por mantener algo de ese encantamiento que originalmente forjó, y que seguramente sostiene a pesar de todo, nuestra existencia.  

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis