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Solvitur ambulando: Por qué una caminata bien puede ser la solución a tus problemas

Arte

Por: pijamasurf - 08/15/2017

Los beneficios para la salud, la inteligencia, la creatividad y la espiritualidad de una sencilla caminata

Caminar es seguir considerando las cuestiones de la eternidad, la soledad, el tiempo y espacio… Pero con base en la experiencia. Con base en cosas muy simples, cosas muy ordinarias.

Fréderic Gros

Hay pocas actividades más poéticas, filosóficas, meditativas y sanas que caminar. Una buena caminata conjuga todo esto. Tenemos la poesía de observar el paisaje, la luz, los sonidos y su interfaz con nuestra mente (que puede llegar a crear versos o melodías). La caminata es también un ritmo, y nuestros pensamientos pueden recoger oleadas rítmicas. Al caminar, los pensamientos que se producen son más frescos y lúcidos. La mente se vuelve más amplia con el espacio. Las cosas transitan en torno a nuestra percepción y se desvanecen, notamos los cambios. Algunos fenómenos resaltan y nos invitan. Naturalmente reflexionamos sobre la vida, sobre el movimiento, sobre la belleza --y lo hacemos de una manera más libre y menos anquilosada que sentados en una habitación. Es posible practicar lo que Balzac llamó "la gastronomía del ojo" o el llamado flânerie. Podemos también caminar para meditar, poniendo atención a lo que sucede en el espacio, a nuestro propio cuerpo mientras camina, los músculos, el aire, la respiración; observar la relación entre el entorno y los pensamientos que se producen. Notar que existe tal relación, que no hay una marcada separación. Y una buena caminata es un alivio para el cuerpo-mente, como bien saben los japoneses con sus baños de bosque o como es evidente para los científicos, ya que caminar es hacer ejercicio y es tomar una pausa de la existencia moderna dominada por las pantallas, las distracciones y el estrés sedentario. Estudios muestran que una caminata en el bosque es tan revitalizante como una taza de café y que caminar tiene efectos antidepresivos.

Desde las grandes caminatas de los monjes zen en la naturaleza hasta las caminatas filosóficas de Kant y de Nietzsche o las caminatas poéticas en los paisajes verdes de Inglaterra o en las montañas de la cordillera de los Alpes de los poetas románticos, la caminata tiene un linaje intelectual y espiritual difícil de superar. El hecho de que lo tengamos que resaltar es quizás preocupante: ciertamente, hubo un tiempo en el que caminar era una actividad inevitable cuyos beneficios, por lo tanto, no sobresalían. Hoy en día caminar sigue siendo necesario, tanto por la necesidad de hacer ejercicio como, sobre todo, por la necesidad de interrumpir la enajenación cotidiana a la que están sometidas gran cantidad de personas que pasan la mayor parte del tiempo sentadas consumiendo incesantes ríos de información digital que secuestra su atención. En contraste con esto, caminar es ya una meditación, pues al menos nos obliga a poner atención --aunque sea medianamente-- al presente, a lo que está enfrente, y nos da una presencia dinámica. Más aún sí caminamos conscientemente, sin checar el teléfono, tratando de que nuestra atención no se quede con algún objeto que vimos o con algún recuerdo o pensamiento pasado. Podemos observar todas las cosas que vemos, incluso absorberlas íntegramente, y notar sus evocaciones, pero no nos apegamos a ninguna. Seguimos observando, seguimos caminando.

Decimos que caminar puede resolver tus problemas porque la mayoría de los problemas son generados por el pensamiento que se obsesiona. Son fijaciones. Son fardos que se alimentan de la atención de la mente. Evidentemente uno puede salir a caminar y seguir obsesionado con un problema, pero es al menos más fácil dejar de pensar obcecadamente en algo cuando estamos en movimiento, cuando nos salimos de un espacio cerrado y se nos presentan estímulos cambiantes, generalmente más frescos. Muchas veces lo que necesitas es sólo un respiro, un cambio de perspectiva. Asimismo, muchos de nuestros pensamientos y recuerdos están ligados al espacio y a los objetos de dicho espacio, que surgen de manera dependiente. Nota cómo, si cambias de lugar, tus pensamientos cambian.

Si has detectado que estar distraído te frustra, y entras en círculos viciosos realizando actividades inanes e insignificantes en el lugar donde pasas más tiempo, es indudable que una caminata te caerá muy bien. Caminar te sacará del loop y te permitirá reiniciar un proceso con nuevos bríos. Especialmente si sales a caminar con la intención de estar atento (para esto puedes poner tu atención en la respiración o decir un mantra). No te imaginas cuántos problemas tienen como causa simplemente estar distraídos; el maestro Dzongsar Kyhentse Rinpoche incluso se atreve a decir que todos los problemas, de alguna manera u otra, tienen que ver con la distracción. Sal del pantano y la miasma de tus pensamientos y camina un poco.

Si tus problemas son de tipo físico (y no tienes impedido caminar), una caminata puede ser la mejor medicina. Esto es especialmente cierto si tienes un problema mental, ya sea depresión, ansiedad o simplemente un dolor de cabeza. David Kessler, ex comisionado de la FDA (Food and Drug Administration) sugiere en su libro Capture que todas las enfermedades mentales tienen en común un desbalance de la atención selectiva, lo que llama "captura". Nos enfermamos mentalmente cuando algo captura nuestra atención de manera obsesiva. Cuando nos encasillamos, nos encostramos, nos enclaustramos mentalmente y recirculamos las mismas ideas obsesivamente sin refrescarlas. Como dijera William Blake: "el que piensa y no actúa engendra pestilencia". Hay que salir a caminar un poco.

Para las cuestiones digestivas, resulta útil recordar la admonición de los pobladores de Okinawa, la isla japonesa que tiene uno de los más altos índices de personas centenarias. Ahí se recomienda comer sólo hasta llenarse en un 80% (lo que se llama "Hara hachi bun me") y dar 80 pasos después de comer.

Incluso si buscas una solución intelectual a un problema, si sientes que necesitas pensar bien algo (y reconociendo que pensar mucho generalmente no soluciona un problema), caminar bien puede ser la solución. El efecto eureka llega tanto caminando como en la tina. Ambos procesos comparten salirse del tren de ideas y actividades en las que estamos enfrascados, relajarse y dejar que la mente inconsciente, mucho más amplia e innovadora que la mente racional, pueda surgir a la superficie, como una burbuja. 

"Creo que en el momento en el que se empiezan a mover mis piernas mis pensamientos empiezan a fluir", escribió Henry David Thoreau. Si queremos tener pensamientos más lúcidos y dinámicos, capaces de ver las cosas desde otros ángulos, incluso permitir que despegue el ojo arquímideo, caminar es una buena opción. Ferris Jabr agrupa en The New Yorker una serie de estudios que indican que caminar promueve nuevas conexiones cerebrales, incrementa el volumen del hipocampo (una región asociada con la memoria) y fortalece el tejido cerebral que suele desgastarse con la edad.   

Por último hay que mencionar, para aquellos propensos a la espiritualidad, la posibilidad de que la caminata, en su más alto estado contemplativo, se convierta no sólo en una meditación en movimiento sino en una oración. Caminar puede ser una forma de orar con todo el cuerpo, de dejar de ser alguien y ser sólo rezo, clamor divino, algo que sugirió San Agustín.

La frase latina "solvitur ambulando", literalmente significa "se soluciona caminando". La frase puede tomarse literalmente, un poco como lo hemos hecho aquí: caminar es una disolución del problema en la actividad, movimiento que disuelve la coagulación del pensamiento. Por alguna razón, al caminar todo se aligera. Y también como se ha interpretado, sugiriendo que las cosas se resuelven realizando experimentos prácticos, poniendo en práctica las cosas. Algo así como la frase "walk the talk", camina lo que dices, sueña con los pies. De cualquier forma, sal a caminar y verás que tu problema no es tan grande como lo pensabas. 

 

Recomendamos el texto: Sobre salir caminar (o caminar como una forma de reclamar y reencantar el mundo)

El tiempo constructor de lazos: Una reflexión del documental ‘Las estaciones en Quincy (4 retratos de John Berger)’

Arte

Por: Psicanzuelo - 08/15/2017

Un retrato del crítico de arte y filósofo John Berger, sobre el tiempo y el arte, estructurado por la actriz Tilda Swinton

Las estaciones en Quincy se puede ver como un ensayo visual dividido en cuatro partes, o una serie documental trascendental de cuatro episodios que se construye encima de la visión de un iconoclasta como lo fue John Berger, recientemente fallecido. El título elude al pueblo alpino donde se encuentra la propiedad donde el autor vivió desde 1973, una suerte de refugió de la era posindustrial. 

John Berger fue antes que nada un crítico de arte marxista, también escritor, filósofo y artista pictórico inglés. Después de pelear durante el último año de la segunda guerra mundial estudió arte y al graduarse impartió clases de dibujo en la misma universidad donde había estudiado. En esos años comenzó su colaboración con el Tribune, donde George Orwell fungía como editor en ese entonces. Siguió colaborando con artículos en importantes publicaciones, publicando novelas y ensayos también, con el arte como excusa para hablar de la humanidad.

La primera parte-capítulo de Las estaciones en Quincy se llama “Maneras de escuchar” (Colin MacCabe) y cuenta con la dulce voz en off guía de la maravillosa actriz Tilda Swinton, y con su presencia en varias escenas dialogando con John Berger. Hay que recordar que antes de que fuera una actriz popular, Swinton fue diva del cineasta underground Derek Jarman, quien la descubrió y la hizo parte de sus maravillosas creaciones sui géneris, en esos años conoci a Beregr y se hicieron buenos amigos. r vivies sui generis ayos tambitro episodios que se construye encima de la visiñon ó a Berger y se hicieron grandes amigos. Nació el  mismo día que él y fueron amigos por más de 1/4 de siglo. “Tu cara ha nacido hacía sí misma” le dice él en voz de ella, entre tomas varias de momentos entre ellos conviviendo entre dibujos que él hace, y platicas con luz suave invernal. Hablan de cómo los momentos están unidos y corta la secuencia a cómo levanta la nieve Berger con una pala. En montaje paralelo ella mezcla avena con agua y harina, él dibuja; eso es parte de su filosofía donde el tiempo se encuentra como base de la creación y la reflexión. “Una memoria vivida de mi padre es de cuando no se iba temprano a trabajar, y yo estaba ahí, como a los 4 años, él cortaba una manzana”, mientras Tilda corta una manzana, y deja la cáscara en frente de su plato intentando coincidir con el relato de Berger sobre su padre junto a la avena. Hay una escena filmada muchos años atrás donde los dos son mucho más jóvenes; la manera como fue filmada no puede dejar de recordar a Jarman, y el corte de nuevo a la cocina revela el tiempo que está articulando el relato, la relación entre los dos, lo no dicho, para que ahora él le haga preguntas a ella.

La siguiente frase cierra el episodio: “Si pudiéramos vernos como pedazos de historia, seríamos como las narraciones que escriben los escritores, pedazos de vida que hacen bien al lector”, en voz de Swinton, sobre el plano inicial de la  carretera alpina nevada, con ellos al fondo alejándose cada vez más.

“Primavera” (Christopher Roth) es el título de la segunda parte, que abre con  tomas varias de la naturaleza en primavera, que no dejan de recordar el trabajo reciente de Terrence Malick (El árbol de la vida, El nuevo mundo), con la voz en off ahora de John Berger que habla de la sangre del individuo, y de que cuando se creó la raza humana no había un guía. La voz en off cambia a la del cineasta que dirige esta parte, dice que “es primavera y van a platicar con John sobre política, sobre la primavera árabe y, en fin, la primavera como utopía dentro de la eternidad del capitalismo. Es primavera, filme de política, levantamientos, la política, el futuro del pasado. La eterna falsa primavera del capitalismo”. La cineasta que es la mancuerna del cineasta también habla, las voces se llenan de imágenes del viaje y de la casa de Berger, de la que, dicen, no ha escapado el invierno. La cineasta lee algunas hojas de Berger a cuadro con el pueblo primaveral detrás, Quincy, que habla sobre la primera relación que tuvo el hombre con los animales, siendo metafórica. Ese cambio de punto de vista constante mantiene al espectador del documental despierto y preguntándose sobre su propio punto de vista.

Berger habla de cómo un granero se llena y se vacía por las estaciones, y cómo los animales siempre están ahí, esto parte de un documental viejo que vemos en pantalla, donde un granjero ayuda a dar a luz a una vaca un hermoso becerro.

El cineasta explica cómo Berger se mudó al campo con su esposa para vivir la vida de los granjeros comunes, y cómo su escritura tiene que ver mucho con los animales como los vemos en la granja, y de su relación con el humano. Derrida habla en cuadro, parte de otro documental sobre la deconstrucción, sobre cómo podía demostrar la relación entre animales y hombres. La voz en off de una actriz, que aparece desnuda en pantalla leyendo, o recitando de memoria, no deja claro el ejercicio cinematográfico a través del montaje: los animales viendo y escuchando como humanos, en la intersección de lo que somos, como dentro de una película. Una toma animada del legendario material del investigador precinematográfico Eadweard Muybridge abre la secuencia filosófica, hablando de Heidegger y el concepto de ánima, la tristeza infinita por falta de palabra, la falta de lenguaje común deja clara la separación entre animal y hombre. Aunque, como dice Berger, finalmente los animales y el hombre podrían compartir la ignorancia por la muerte.

La siguiente parte se titula “Una canción por los políticos” (Colin MacCabe y Bartek Dziadosz), abre con una especie de talk show casero en el que un hombre habla del programa donde conoció a Berger hablando de Picasso, Giacometti y Léger. Junto a él un novelista y poeta americano, una poeta y activista hindú, y un director de cine y artista de Alemania que realizó el anterior capítulo. Berger es presentado como un relator de historias pero que se ha dedicado a hacer política toda su vida.

Dice Berger que si es un relator de historias es porque escucha, es como un pastor que trae contrabando por las fronteras, habla de que ahora la prosa es insuficiente para relatar el mundo actual, sería más adecuada una canción: “Es en el infierno donde la solidaridad es importante, no en el cielo” .

Tilda Swinton cierra el capítulo leyeno un entrañable poema de Attila József, “El séptimo”:

Nacer siete veces, una en una casa en fuego, otra en una helada inundación, otra en un salvaje manicomio, otra en un campo de trigo blanco, otra en un convento vacío, y otra entre puercos en un chiquero. Seis bebés llorando no es suficiente, tú debes ser el séptimo. Cuando tengas que sobrevivir, deja que tu enemigo cuente siete. Uno lejos del trabajo en domingo, otro empezando su trabajo el lunes, otro que enseñe sin pago alguno, otro que enseñe a nadar ahogándose, otro que es la semilla del bosque, otro que los salvajes antepasados protegen, pero sus trucos no serán suficientes porque tú tienes que ser el tercero.

“Cosecha” (Tilda Swinton) se titula la cuarta y última parte, donde se vuelven a encontrar Berger y Swinton en París, después de que él enseña un taller con chicos jóvenes, durante el taller a sus dos alumnos los manda a su granja a ver sus frambuesas con su hijo. Cortamos a una serie de drones que vuelan en las montañas verdes, donde se revelan vacas, caminos y arboles, nos permiten admirar la belleza que Berger decidió intercambiar por su vida citadina hace tantos años. El hijo de Berger platica con ellos sentados en el pasto, mientras la cámara vuela adentro del granero, una vez más de cómo se llena el espacio de hierba para alimentar a las vacas y todo desaparece finalmente en sus heces. Le regalan huevos los estudiantes de Edimburgo, al igual que se los habían regalado a John, le dicen que es algo de su jardín, pero no es de su jardín.  

Este ultimo film fue dirigido por Swinton y producido por el Derek Jarman Lab, quienes producen todo el documental y, al parecer, además de producir también ofrecen entrenamiento fílmico apoyado en teoría cinematográfica.

 

http://www.jarmanlab.org

http://seasonsinquincy.com

 

Twitter del autor: @psicanzuelo