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La teoría sintérgica: La construcción de la realidad y la creación de la experiencia consciente

AlterCultura

Por: Juan Phoenix - 09/18/2017

“¿Dónde está la luz?”: esta fue la pregunta que lo empezó todo

Hágase la luz. Y la luz se hizo.

Génesis 1:3

Dios sólo se hace presente al desaparecer escondiéndose.

Martin Heidegger

“¿Dónde está la luz?”: esta fue la pregunta que lo empezó todo.

La luz como tal no se encuentra ni en los campos electromagnéticos, ni en los fotones, ni en la actividad del cerebro. Jacobo Grinberg dedicó el resto de su vida a intentar descifrar este misterio, y la teoría sintérgica es la perla diáfana que su brillante mente concibió tras innumerables incursiones en las profundidades del oscuro mar de la conciencia.

Jacobo sabía que la experiencia de la luz era la manifestación de un precepto cualitativamente diferente de la actividad neuronal y distinto de los campos energéticos espaciales, es decir era una qualia (las qualia son por definición cualidades subjetivas de las experiencias individuales. Por ejemplo, la rojez de lo rojo, o lo doloroso del dolor) y éstas no se pueden conocer de manera independiente de quien las experimenta, pues las propiedades de las experiencias sensoriales son, por definición, epistemológicamente no cognoscibles en la ausencia de la experiencia directa de ellas, en otras palabras ese conocimiento solamente puede ser experimentado en la conciencia de cada individuo; debido a su formación científica razonó que si sólo la experiencia directa puede conocer estas qualias, entonces sería posible descubrir cómo se realiza esta transformación energética de la actividad cerebral en experiencia consciente, y fue así como nació la teoría sintérgica.

Me intrigó y asombró en un nivel tan profundo de mi ser, que decidí dedicarme íntegramente a explorar la posibilidad de explicar esta aparición, utilizando cualquier herramienta útil, desde la investigación neurofisiológica pura hasta los estudios chamánicos y místicos.

(Jacobo Grinberg, La teoría sintérgica, INPEC, 1991)

 

La teoría sintérgica

Sintergia es un neologismo que integra los términos síntesis y energía. Se refiere a tres parámetros físicos, que son coherencia, densidad informacional y frecuencia.

Coherencia se refiere a la similitud en la organización de las partes de un todo. Mientras mayor coherencia posea una organización, más similares serán sus partes.
 Densidad informacional se refiere a la cantidad de información que es capaz de contener cualquier objeto o medio.

Frecuencia hace referencia a la velocidad con la que un cuerpo o un campo energético oscilan.

Estos tres componentes actuarían de manera sinérgica (el término sinergia se utiliza para designar la acción de coordinación de dos o más elementos cuyo efecto es superior a la suma de sus efectos individuales); de esta forma, mientras mayor sea la sintergia, mayores serán la coherencia, la densidad informacional y la frecuencia.

La teoría sintérgica es una aproximación teórica a la percepción y creación de la experiencia consciente. De acuerdo con esta teoría, lo que percibimos es el resultado de un proceso muy complejo en el cual el cerebro transforma la información contenida en el espacio hasta dar lugar a algo que podamos comprender, por ejemplo, una imagen visual del mundo. La teoría sintérgica afirma que la realidad es el producto de la interacción entre la "lattice" y el "campo neuronal" y que los diferentes niveles de la realidad están relacionados con las características de esta interacción.

 

Lattice

El termino lattice se refiere a un enrejado o celosía, que debe poseer una capacidad de inclusión informacional colosal para permitirle contener toda la información del universo en cada uno de sus puntos. Lattice es la estructura fundamental del espacio, es una red o matriz energética hipercompleja de absoluta coherencia y total simetría.

Esta matriz holográfica de interrelaciones ha sido descrita en otras culturas con distintos nombres, entre ellos esta akasha, el Collar de Perlas de Indra y sunyata; a su vez, la ciencia la ha denominado orden implicado o campo cuántico.

 

Campo neuronal

El cerebro humano está constituido por 12 mil millones de pequeñas células denominadas neuronas. Cada neurona, al activarse, produce un diminuto cambio de potencial eléctrico, activa un código de señales también eléctricas y estimula la creación de un campo electromagnético. Todas estas distorsiones, a su vez, interactúan entre sí y crean una modificación hipercompleja de la misma lattice. A esta modificación se le llama campo neuronal. Cada una de estas modificaciones del estado de las neuronas son otras tantas alteraciones de la estructura de la lattice. Así, el campo neuronal es una matriz resultante de la actividad neuronal del cerebro.

 

La realidad como producto de la interacción entre el campo neuronal y la lattice

La lattice, al ser una matriz multidimensional homogénea de capacidad vibracional infinita, en la cual la información de su totalidad converge en cada uno de sus puntos, precede y contiene a cualquier manifestación, pues toda forma de materia y energía de acuerdo a la teoría sintérgica tan sólo son alteraciones vibracionales de la lattice misma; de esta forma, un electrón, un protón, un neutrón o cualquier otra partícula elemental aparece a la existencia cuando la misma estructura básica de la lattice sufre modificaciones específicas. Una partícula es simultáneamente un “objeto independiente” y separado del resto de los objetos y una porción modificada de la misma estructura fundamental.

La teoría sintérgica afirma que el campo neuronal actúa a su vez con la matriz pre-espacial (lattice) y a partir de esa interacción aparece la “realidad perceptual”, es decir, la que percibimos con los sentidos físicos. El conjunto de las modificaciones de la estructura de la lattice que resultan de toda la actividad del cerebro crea una alteración colosalmente compleja de la lattice. En realidad, el campo neuronal y la lattice forman una unidad y es la misma lattice la que sirve de fundamento al campo neuronal. Sin embargo, por razones prácticas, esta dicotomía sirve para describir el efecto que el cerebro produce como resultado de la interacción del campo neuronal sobre la estructurade la lattice. Puesto que las estructuras cerebrales se han utilizado durante la evolución como guías estructurales, esto explica la relativa fijeza de nuestra percepción.

De acuerdo con esta teoría, el instrumento que decodifica el “orden implicado” y da lugar a un “orden desplegado” es el cerebro, que es quien interactúa con la estructura pre-espacial por medio de la actividad neuronal, dando lugar a la percepción tanto del espacio como de los objetos.

La cantidad máxima de información que es capaz de contener una estructura depende principalmente de su capacidad vibracional: mientras mayor sea la frecuencia a la que pueda vibrar un campo energético, mayor será la información que logre acarrear y contener, es decir, la cantidad de información que una estructura es capaz de contener depende de la cantidad de dimensiones que incluya. Un punto unidimensional, por ejemplo, es capaz de contener menor cantidad de información que un objeto tridimensional. Puesto que los primeros cerebros estaban constituidos por muy pocas neuronas y, por lo tanto, eran muy pobres en su capacidad de mimetizar la lattice.

Como resultado de una fuerza repulsiva colosal que la lattice ejerce sobre sus distorsiones, intentando hacerlas retornar a su origen y de otra fuerza, no menos poderosa pero de signo opuesto, que impulsa a las mismas distorsiones a unirse entre sí y acrecentar su complejidad y a partir de los cerebros primitivos, surge el actual cerebro humano con sus 12 mil millones de neuronas y con una capacidad de interconexión interna cuyas posibilidades combinatorias son similares, en número, al total de partículas elementales de todo el universo.

(Jacobo Grinberg, La teoría sintérgica, INPEC, 1991)

El cerebro, al ser el encargado de decodificar este campo informacional, produce como resultante final la realidad que percibimos. En ese campo informacional se encuentra la información de esos objetos, pero no la cualidad. El ser humano, debido a su demostrada incapacidad para entender el proceso, confunde ese resultado final con el estímulo primario. Lo cierto es que no tenemos acceso al proceso de creación de la realidad perceptual, sino solamente a su resultado final. Y es precisamente esta confusión lo que nos lleva a pensar que la resultante final no es un producto creado por nosotros, sino una realidad independiente o ajena a nosotros, cuando en realidad somos nosotros quienes la elaboramos.

 

La creación de la experiencia consciente

El método científico es el pilar fundamental de la ciencia; sin embargo, hoy en día el materialismo (filosofía que considera que el único medio de conocimiento es la experiencia comprobada o verificada a través de los sentidos) y el positivismo (filosofía que considera que solamente existe la materia y que reduce la conciencia a una consecuencia de ella), que son los dos principales paradigmas en los que se apoya la ciencia, no sólo resultan totalmente obsoletos e anticuados para el siglo XXI, sino que constituyen un tabú, un lastre que impide el avance del desarrollo humano. No en pocos casos los científicos modernos suelen ser tan dogmáticos como cualquier fanático religioso; los devotos del cientificismo, se aferran, como los viejos estalinistas, a un anticuado culto al aburrido materialismo positivista.

Actualmente, los que se dicen escépticos aceptan los dogmas del paradigma imperante de la época (que en Occidente, desde hace algunos siglos, es la ciencia materialista positivista) y sólo ejercen su sentido crítico con ideas que son novedosas, originales o heréticas.

Toda creencia encarcela. Si no se mantiene un cierto grado de zeteticismo con respecto a las ideas, por seductoras que sean, sucumbiremos a la hipnosis. El zetético es escéptico con todos los dogmas. El zetético es un término rescatado de la filosofía griega clásica debido a que el vocablo similar, escepticismo, se lo han apropiado determinados dogmáticos inflexibles.

(Robert Anton Wilson)

El zeteticismo es la aproximación crítica, no dogmática, pero con mente abierta y curiosa sobre diversos fenómenos, teorías e hipótesis no ortodoxas dentro de la ciencia. El zetético busca examinar objetivamente la mejor evidencia que puedan ofrecer esas teorías heterodoxas.

La consecuencia de confundir los contenidos mentales con la realidad crea una especie de hipnosis colectiva que hace que el 99% de los Homo Sapiens de este planeta confundan la realidad perceptual con un principio objetivo y no la comprendan como el producto conceptual que es.

Cada modelo que construimos nos dice más sobre nuestra mente que sobre el universo... el universo es más grande que cualquiera de nuestros modelos... cada descripción del universo es una descripción del instrumento que utilizamos para describir el universo (la mente humana).

(Robert Anton Wilson)

Paradójicamente, a partir de que el hombre adjudicó a la materia el papel que le correspondía a la conciencia como origen de todas las cosas, perdió la posibilidad de explicar su propia experiencia, cuando su motivación era precisamente el entenderla.

(Jacobo Grinberg, La teoría sintérgica, INPEC, 1991)

De acuerdo con el modelo sintérgico, la conciencia es un atributo de la lattice del espacio-tiempo, cuyo estado fundamental o básico constituye también el estado primordial de la conciencia, lo que bien podría denominarse conciencia pura. La luz, el sonido, el dolor y todo tipo de experiencias subjetivas, no se encuentran en la actividad del sistema nervioso central, ni en ningún factor externo del espacio-tiempo; la experiencia es el resultado de la interacción que sucede en la zona liminal donde el campo neuronal y la lattice convergen. De la misma forma que cada punto de la lattice contiene la totalidad, así cada experiencia sería una vivencia de la totalidad por la totalidad misma; la imagen se ve a sí misma, el sonido se oye a sí mismo.

Ni la conciencia en sí puede ser definida ni sus cualidades pueden ser reconocidas a través de una explicación teórica de sus componentes energéticos. Tal intento está, de antemano, destinado al mismo fracaso y frustración que el que resulta de la pretensión de explicarle a un ciego lo que es la luz o un sonido a un sordo de nacimiento.

(Jacobo Grinberg, La teoría sintérgica, INPEC, 1991)

Hay otra pregunta fundamental para entender la teoría sintérgica: ¿quién es quien experimenta? Es decir, ¿realmente existe un “yo”? En la próxima entrega de la serie “Redescubriendo a Jacobo Grinberg” seguiremos profundizando con los conceptos de la teoría sintérgica y sus implicaciones en el estudio del misterio del que formamos parte y que llamamos realidad.

Nota: Si encuentra alguna proposición que le parezca infundada o carente de respaldo teórico o verificación práctica (especialmente en lo referente a la creación de la experiencia) muy posiblemente se deba a que aquí sólo se presenta un resumen de los conceptos básicos de la teoría, pues al ser una teoría científica formal contiene elementos que se detallan y profundizan más formalmente en su postulado original.

(Jacobo Grinberg, La teoría sintérgica, INPEC, 1991)

 

Link para leer y descargar un hermoso e increíble cuento de Jacobo Grinberg, titulado: “Janios y Or”

Link para ver el tráiler de un documental próximo a estrenarse sobre Jacobo Grinberg: 'El secreto del doctor Grinberg'

Links de los artículos anteriores de la serie “Redescubriendo a Jacobo Grinberg” en Pijama Surf: '

Redescubriendo a Jacobo Grinberg I: Los 5 niveles del lenguaje'

'Redescubriendo a Jacobo Grinberg II: Multidimensionalidad'

E-book 'La teoría sintérgica en Amazon'

Hacer nada es lo más difícil, y como suele ocurrir con lo que realmente nos pone a prueba, es lo que realmente vale la pena

Cualquier forma de meditación consciente no es la cosa en sí; nunca puede serlo. Los intentos deliberados de meditar no son meditación. La meditación debe ocurrir; no puede ser invitada. La meditación no es el juego de la mente ni del deseo o del placer. Cualquier intento de meditar es su misma negación. Sólo date cuenta de lo que estás pensando y haciendo y nada más. El ver y el escuchar son el hacer, sin recompensa o castigo. La habilidad del hacer yace en la habilidad en el ver, en el escuchar. Toda forma de meditación lleva inevitablemente a la decepción, a la ilusión, puesto que el deseo ciega. Era una hermosa tarde y la luz suave de la primavera cubría la tierra.

J. Krishnamurti

 

Cuando tu mente experimenta el estado vacío de no pensar en nada en específico, desprovista tanto de constructos mentales como de claridad, observa sin hacer esfuerzo la naturaleza de aquello que se da cuenta de ese estado. Cuando lo haces, hay pura conciencia no-dual (rigpa), sin conceptos, totalmente abierta, libre de interno y externo, como un cielo límpido y luminoso. En esta conciencia pura no hay dualidad entre experimentador y experiencia, y sin embargo es posible tener la clara convicción de que tu verdadera naturaleza no es más que esta. ​

Dilgo Khyentse Rinpoche

 

Aquí renunciando a todo concepto, envuelto totalmente en lo intangible y en lo invisible, uno le pertenece completamente a aquel que esta más allá de todo. Aquí, siendo ni uno mismo ni alguien más, uno alcanza la suprema unión con lo completamente desconocido a través de una inactividad de todo conocimiento, y logra conocer más allá de la mente conociendo nada.

Pseudo-Dionisio, La teología mística

 

Quédense quietos, y reconozcan que yo soy Dios.

Salmo 46-10

 

Parte central de la condición moderna es la movilidad, el estar siempre haciendo algo, siempre ocupándonos. Hay que ser productivos. Hay que hacer que se consuma para que la economía puede seguir creciendo. Hay que aprender más e informarnos para seguir creciendo como individuos y poder competir. Hay que buscar más estímulos para mantenernos ocupados con algo. Esto genera un frenesí, incluso un trastorno de atención a nivel global, como sugiere el maestro de meditación Alan Wallace.

Tal vez este ir y venir, corriendo siempre detrás de objetos y sus estímulos (queriendo estar, al menos virtualmente, en todas partes sin perdernos de nada -digifrenia, lo llama Douglas Rushkoff-), es una de las razones por las cuales la ansiedad es una de las enfermedades mentales que más han crecido en las últimas décadas. El teórico de medios Marshall McLuhan y el poeta W. H. Auden, de hecho, llamaron anticipadamente a nuestra era la era de la ansiedad; entre las múltiples posibles definiciones esta no es la menos apropiada -aunque como queda claro después de leer los Pensamientos de Pascal esta inquietud, este no estar a gusto en silencio, sin hacer "nada", es algo que ha caracterizado al ser humano al menos por siglos. El Premio Nobel de economía Herbert Simon había sugerido en 1971 que en un mundo tan rico en información, se producía necesariamente una carencia: atención, ya que esto es lo que consume la información. De manera relacionada, en una era con tanta información y tantos estímulos -en una economía que capitaliza la atención que captura y por lo tanto se encarga de ofrecer cada vez más ingeniosos medios de captura- necesariamente tendremos individuos adictos a estos estímulos, ansiosos por una nueva dosis (checar su mail, ver cuántos likes recibieron, refrescar la pantalla cada minuto). Y como todo esto ocurre en fragmentos, en snippets, nuestra atención se vuelve más corta y a la vez nos volvemos cada vez ansiosos, puesto que quedamos ávidamente insatisfechos en el espacio entre los estímulos, en el vacío que queremos siempre llenar. Nunca ha sido más fácil evitar lidiar con el aburrimiento que en esta época. 

El problema de recubrir nuestra condición de "aburrimiento", esa ansia existencial de la mente cuando tiene que enfrentarse consigo misma y descubre que su estado interno es uno de fastidio, tedio y frustración (puesto que el mundo es sufrimiento, vacío, muerte), es que con el entretenimiento lo único que estamos haciendo es crear un intervalo, prolongando el período en el cual indolentemente ignoramos la realidad que tarde o temprano vamos a tener que enfrentar: la condición de nuestra mente en un mundo en el cual, por más que lo maquillemos, no podemos obtener satisfacción que dure. En realidad lo que hacemos con el entretenimiento -activando siempre nuestro sistema de recompensa de dopamina- no es muy diferente del hábito tan común entre los adictos de evitar la resaca consumiendo más drogas o alcohol. 

El matemático y filósofo francés Blaise Pascal acuñó esta multicitada frase que se ha convertido en un emblema de nuestra época: "La infelicidad [o la desgracia] del hombre se basa sólo en una cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación". Generalmente se suele citar sola esta frase, pero todos los pensamientos de Pascal alrededor de ella son un verdadero tesoro que analizaremos a continuación. Antes hay que decir que es llamativo que si la felicidad depende de saber estar solos y quietos en una habitación (como se asume que es verdad, en el recurso de autoridad de citar a un filósofo del siglo XVII), las personas hacen lo que sea para evitar esto. Un estudio hace unos años notó que cuando se coloca a personas solas en una habitación sin nada que hacer más que pensar por entre 6 y 15 minutos prefieren darse leves shocks eléctricos que permanecer así. Realmente nos da pánico quedarnos quietos sin hacer nada. Y es que hacer nada es sumamente difícil, si no es que imposible. La mente no para y, cuando no estamos acostumbrados a observarla, no suele gustarnos lo que vemos. El mismo Pascal en otra de sus famosas frases reunidas en sus Pensamientos describió el terror que siente la mente humana ante el vacío, ante el silencio del espacio infinito -acaso esto es lo que se insinúa también en ese reposo solitario, el infinito y la nada se empiezan a hacer patentes y esto amenaza seriamente el confort de nuestro ego.

La primera frase citada de Pascal aparece en el fragmento 139, donde habla sobre el aburrimiento (o tedio). Dice ahí que al considerar las "diversas agitaciones y peligros a los que se exponen" los hombres, que van a la guerra, se enfrascan en enredos pasionales, crímenes y demás, deduce que todo esto viene a razón de que no son capaces de quedarse quietos. Un hombre que supiera estar tranquilo en su casa sin realizar una actividad no tendría necesidad de salir a buscar divertimientos y en el proceso meterse en tantos aprietos. Tenemos aquí una tensión entre el hombre de acción y el hombre contemplativo. Pascal notó, como antes el Buda o los filósofos estoicos que perseguir divertimientos, estímulos o posesiones materiales, como el cazador detrás de una liebre, no conduce a la verdadera felicidad. Los hombres actúan erráticamente "como si la posesión de las cosas que buscan pudiera hacerlos verdaderamente felices", dice. Y, sin embargo, debido a que nuestra condición existencial es realmente miserable, le parece del todo entendible que el hombre no logre estar a gusto en su habitación y haga lo que sea por escapar de esta meditación que es siempre una meditación sobre la muerte y la nada. Pascal ha sido considerado, a posteriori, un existencialista cristiano. Una frase digna del más mordaz de los existencialistas modernos aparece en su fragmento 105: "La grandeza del ser humano consiste en su habilidad de conocer su miseria".

La frase inicial es sumamente rica en matices, puesto que, visto desde una perspectiva menos profunda, tener que quedarse en reposo en su habitación e inevitablemente meditar en su condición es también la fuente más directa de la infelicidad del hombre; no contar con el divertimiento que le permite evitar esto es la condición de su infelicidad y lo que separa a los reyes y a los miembros de la realeza de los hombres comunes. Pascal señala que la realeza es el puesto más hermoso del mundo, justamente porque tiene una fuente inagotable de divertimiento provista por sus súbditos, lo cual le permite evitar (o postergar) "la visión de lo que le amenaza, de las rebeliones que pueden acontecer, y finalmente, en la muerte y en las enfermedades que son inevitables". Hoy en día, con la tecnología todos somos como los reyes de antaño con una inagotable corte de entretenimiento a nuestra permanente disposición, aunque éste sea sólo virtual y de menor riqueza sensorial que la pirotecnia, el ingenio de los bufones, los bailes, los manjares o los mimos de las cortesanas. De cualquier manera esto nos permite no enfrentar nuestra condición, es decir, no conocernos a nosotros mismos. Al final es mejor ser el más humilde sirviente en el cielo que ser rey en este mundo. 

Pascal señala que "el hombre está visiblemente hecho para pensar; ello constituye toda su dignidad y todo su mérito... el orden del pensamiento está en comenzar por sí mismo". Así que lo más digno y aquello en lo cual yace nuestra valía y significado es en el pensamiento, en la meditación, en la autorreflexión. El problema yace en que conocernos a nosotros mismos nos revela de alguna manera arrojados entre dos abismos:

Pues, en fin, ¿qué es un hombre en la naturaleza? Una nada con respecto al infinito, un todo con respecto a la nada, un medio entre nada y todo. Infinitamente distante de comprender los extremos, para él el fin y el principio de las cosas están insuperablemente escondidos en un secreto impenetrable, y es igualmente incapaz de ver la nada de donde ha sido extraído y el infinito donde está sumido.

Entre el infinito y la nada, siendo sólo parte y ansiando el todo, así el hombre tiene esta condición miserable. Sin embargo, aunque Pascal reitera la imposibilidad de conocer ese infinito, incluso de tener certidumbre de la existencia de Dios, no considera que la existencia sea absurda. Habla de la posibilidad de que algunos, elegidos por gracia divina, puedan alzarse por sobre este abismo y trascender las limitaciones del pensamiento humano. Así, famosamente, Pascal llama a apostar por Dios. Ante la incertidumbre y la miseria, aun así creer en la divinidad resulta, incluso matemáticamente, la mejor apuesta.

Pascal no señala que la meditación o el pensamiento en reposo puedan ser medios para conocer a Dios, pero sí dice que no cultivar este pensamiento al distraernos con vanas diversiones nos impide conocernos "y estar en nosotros, lo que nos hace perdernos insensiblemente... el divertimento nos divierte y nos hace llegar insensiblemente a la muerte". Es por esto que el divertimento es "la única cosa que nos consuela de nuestras miserias... y, sin embargo, es la más grande de nuestras miserias". Pascal escribe que la miseria es el "hombre sin dios" y la "felicidad [es el] hombre con Dios". Aunque no alcanza a aclarar del todo cuáles son los beneficios soteriológicos de la meditación solitaria, Pascal sí señala que de alguna manera los hombres que buscan a Dios sinceramente pueden alcanzar a percibir "notas visibles" de la deidad, aunque esencialmente sea un "Deus absconditus". Podemos intuir que hay algo en ese reposo contemplativo, cuando el corazón reflexiona con sincero ardor sobre su propia miseria, que es siempre también anhelo (el amor vive de la tensión de la separación), que permite un conocimiento divino, aunque esto sea algo que descienda de la misma divinidad y no una elección humana.

Para concluir con el análisis de esta frase tan profusa en sus derivaciones, podemos decir que la felicidad que menciona Pascal que produce el divertimento y evitar ver nuestra condición es una felicidad hedonista y la felicidad que nos brinda quedarnos quietos y conocernos a nosotros mismos -aunque en la angustia existencial- es la felicidad eudaimónica, la cual ha sido llamada la felicidad que viene del alma o la felicidad de una vida con significado -significado puesto que al menos nos contemplamos como parte de un universo infinito, o como famosamente escribió Pascal: "el universo es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes pero cuya circunferencia no está en ninguna. Es la marca sensible más grande de la omnipotencia de Dios, que la imaginación se pierde en ese pensamiento". El maestro de meditación Alan Wallace ha comparado esta felicidad eudaimónica al concepto de "dharma", omnipresente en las filosofías de la India, un término que puede traducirse como "religión", "verdad", y también como "significado" (como lo traduce Herbert Günther). Una felicidad que viene de encontrar significado en el mundo, de buscar la verdad, de un sentimiento de religiosidad o conexión con algo superior.

Evitar pensar sobre nuestra condición es fundamentalmente evitar pensar sobre la muerte. Solemos pensar que pensar sobre la muerte es deprimente y nos debe producir angustia e infelicidad, pero, por otra parte el pensamiento sobre la muerte puede ser la más perfecta motivación. Para Sócrates, la filosofía era definida fundamentalmente como un pensamiento sobre y una preparación para la muerte. Evidentemente Sócrates y Platón consideraban que el ser humano era capaz de alcanzar un estado superior a través de la muerte filosófica y así elevar el alma hacia el conocimiento de las ideas o arquetipos, emanaciones de la inteligencia divina. Así que nuestra condición y la muerte misma no eran eventos tan abyectos, algo que quizás era notado justamente como fruto de la meditación. Ese momento de pensamiento en soledad y reposo es, después de todo, el ensayo más cercano y constante que tenemos para la muerte. Y, si la conciencia continúa más allá de la muerte y ella misma determina nuestro destino, entonces obviamente resulta relevante interrogarla e indagar nuestra propia naturaleza. Observar nuestra mente como quien inspecciona el propio vehículo -ese carro posiblemente alado- con el cual puede cruzar una última frontera.

Aunque ya ha sido demasiado largo este artículo para la era de la distracción y la ansiedad, estaría incompleto sin antes mencionar el entendimiento que tienen las tradiciones contemplativas orientales de este "estar quietos en una habitación" (evidentemente, el sentido de la frase aplica a cualquier lugar y no sólo a una "habitación"). Filosofías y religiones enteras se han fundado a partir de lo que un hombre descubre en el silencio y en la quietud, simplemente observando sus propios pensamientos, sobre todo cuando no interviene y simplemente observa. En la India se desarrolló lo que Alan Wallace llama "la tecnología del samadhi", un "telescopio de la mente", la herramienta por excelencia para hacer una ciencia de la conciencia. El samadhi, la claridad y concentración de la mente, justamente surge de la calma y la quietud, según explican estas tradiciones. La inmovilidad de la mente, su mantenerse fija y atenta a voluntad -lo que también se llama "tapas", el ardor de la concentración- va depurando el aparato cognitivo y hace que se haga transparente la naturaleza verdadera de la conciencia. Este cultivo de samadhi, que podemos describir como el fruto del silencio, tiene un efecto purificador, que reestablece el estado natural que es descrito como fresco y luminoso. Este samadhi o pacificación que permite acceder a la máxima amplitud y definición de la mente, en el budismo es combinado con la meditación analítica, con el discernimiento, que es fundamentalmente entender nuestra condición mortal, nuestra condición de insatisfacción en un mundo finito e impermanente -y, a través del entendimiento, establecer un funcionamiento mental que trasciende los modos operativos de la conciencia que generan un mundo en el cual el sufrimiento es la condición fundamental. A diferencia de Pascal, las tradiciones orientales señalan que la mente humana sí puede conocer la realidad, sí puede alcanzar lo divino o eterno, justamente porque esa es su naturaleza, la cual reluce una vez que se ha liberado de todos los constructos y conceptos que la separan transitoriamente de sí misma. Esta naturaleza, que se suele llamar el estado de despertar, es comparada con el Sol que siempre ha estado ahí, pero que dejamos de percibir cuando el cielo se nubla. 

Tradiciones como el taoísmo (con el wu wei), el budismo zen, el budismo dzogchen y mahamudra, o el tantrismo shaiva (con el concepto de anupaya o no método de Abhinavagupta) sugieren, de hecho, que el más alto sendero espiritual es la contemplación sin elaboración, es decir, lo más elevado es no hacer nada -ser, atentamente, sin interferir. Esto es lo más difícil y a la vez lo más simple, lo menos taimado. El estado natural. No hacer nada es hacerse nada (uno se hace como lo que contempla), es vaciarse, lo cual en cierta forma es hacerse todo ("la totalidad y la experiencia en sí misma llegan a ser idénticas", dice Herbert Günther sobre el estado del dzogchen, la supercompleción o gran perfección). Este estado de no elaboración, de no conceptualización, de no identificación, no debe ser entendido como una nada en un sentido absoluto, lo cual sería absurdo (el lenguaje es limitante, y sería mejor hablar de una no-cosidad, no-thingness en inglés; ayin, en hebreo); se trata de una apertura, de un potencial infinito no diferenciado y no limitado (esto es similar a los conceptos de la física de energía del punto cero o a la totalidad implicada de David Bohm). Es una nada meóntica, por usar el concepto de Hegel. Y esta "nada", que el mismo Heidegger consideraba como el espacio resplandeciente del Ser, a lo que más se parece, o lo que más nos acerca a ella, es justamente a estar en silencio, en reposo, en quietud, en nuestra habitación o en cualquier parte, sin hacer algo específico, sin esforzarse (pero sin entrar en un estado de lasitud), sin alterar nuestra naturaleza. Nos dicen diversas tradiciones que esta "nada" es la gnosis más alta, más allá de toda experiencia posible, más allá de todo sujeto que experimenta un objeto. Y le tenemos tanto miedo, justamente como había atisbado Pascal, porque significa nuestra aniquilación, amenaza con destruir lo que creemos que somos, a lo que nos aferramos. Mientras seamos algo no podremos conocer (ser) lo que realmente deseamos, que es siempre todo, el deseo en el fondo de todo deseo por un objeto es la totalidad, la eliminación de toda separación, la erradicación de todo objeto que pueda generarnos un deseo puesto que, entonces, no hay nada que no sea nosotros. Así que para conseguir lo que realmente queremos es necesario nulificarnos, hacernos imposiblemente nada. Y para empezar el camino a esa región misteriosa pero absolutamente íntima que los místicos han descrito -probando los límites del lenguaje- como "la nube del no-saber", una "docta ignorancia", una "oscuridad brillante", "el viaje del solo al Solo", etc., el primer paso es aprender a estar solos, quedarnos quietos y observar atentamente sin conceptualizar.

 

Twitter: @alepholo