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Lo más racista, sexista y políticamente incorrecto de la publicidad del siglo XX en fotos

Sociedad

Por: pijamasurf - 09/12/2017

Algunos de los más grandes tropiezos de la publicidad en el siglo XX

Para vender, la publicidad utiliza todo tipo de técnicas y porfía en esfuerzos variopintos para congraciarse con el público, sin reparar mucho en la moralidad. Cuando imperan la búsqueda del beneficio personal y la ambición, en ocasiones vemos algunas expresiones desafortunadas. Claro, ya que hay tanto dinero de por medio, de repente se producen cosas de alta calidad, aunque generalmente sólo en su forma, superficies estéticamente asombrosas, sin alma ni profundidad.

The Guardian publicó un buen recuento de lo peor de la publicidad del siglo XX en términos se sexismo, racismo, básica ignorancia y confusión que raya en lo inmoral y ciertamente en lo políticamente incorrecto (aunque a veces, a la distancia, algunos de estos descuidos pueden generar ciertas risas, cuando no indignación). Dicho eso, hay que ser conscientes de que algunos de estos anuncios son reflejo del paradigma sociocultural del tiempo en el que se vivía, y no deben desconextualizarse.

Viendo estas imágenes, al menos hay que reconocer -acaso por el fuerte escrutinio contemporáneo- que las cosas han mejorado.

4 de 5 hombres prefieren camisas Van Heusen, "las camisas más inteligentes del mundo".

Love Baby Soft: Porque la inocencia es más sexy de lo que piensas.

 

El juego es PALOS DE ESCOBA.

Lucky Strike contrata a sus hombres de blanco para avalar sus cigarrillos.

"Ve cómo cubre lo negro".

Iver Johnson: un arma que puede matar, pero que es absolutamente segura. "Papá dice que no nos hará daño".

En vez de "reaccionar de más", toma un sedante.

Hoy podemos alquilar y simular prácticamente todo, incluyendo un padre

Uno de los casos más aberrantes de la conjugación entre mercado y emociones –fenómeno que, por cierto, marca tristemente nuestra época– podemos encontrarlo hoy en Japón. A pesar de que los prestadores de este distópico servicio advierten que no debe usarse como una "muleta emocional", la frontera entre las emociones y la practicidad es débil, demasiado débil.

Por entre 70 y 275 dólares puedes rentar un papá. No importa cuál sea la circunstancia que te orilla a hacerlo, es decir, ni la causa de la ausencia de un padre en tu vida (sea por muerte, abandono o hastío), ni el ritual social o necesidad legal que te orilla a buscar uno a toda costa; incluso si es rentado, esta agencia tiene para ti un padre dispuesto a acompañarte al altar en tu boda, secundarte en una pedida de matrimonio o simplemente asistir a un evento y decir unas conmovedoras palabras. 

A fin de cuentas, vivimos en la era de la simulación: simulamos saber cosas que estamos lejos de entender, simulamos actitudes, conductas y filosofías con tal de pertenecer a un grupo social o encajar en un cierto perfil, simulamos orgasmos y evolución espiritual, simulamos riqueza y hasta podemos conseguir tatuajes efímeros; pero aun para nuestros estándares de la sociedad simulada, la posibilidad de alquilar un papá parece un tanto escandalosa. 

En todo caso, si algún día necesitas uno y no tienes problemas con que hable una lengua extraña y sus rasgos no correspondan a los tuyos, en Japón te espera uno (y muy amoroso).