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No nacemos con un sentido del yo: lo construimos (y al hacerlo ocultamos nuestra verdadera naturaleza)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 09/16/2017

Nuestra naturaleza verdadera, una conciencia lúcida no-dual, es como el Sol que siempre está brillando detrás de las nubes del ego

A muchas personas nada les parece más real, sólido y cierto que su propio yo. Que son alguien definido, separados del mundo, un sujeto, con una constitución independiente, fija y estable. Y, sin embargo, habría que recordar que este "yo" es construido por nuestras percepciones habituales; aunque parece ser el más sólido castillo, es sólo un persistentemente reforzado cúmulo de memorias e ideas reificadas. 

El psicólog Daniel Brown de la Universidad de Harvard, quien se ha dedicado por décadas a estudiar y practicar el budismo tibetano, explica en este hermoso video cómo construimos nuestra sensación del yo y al hacer esto vamos oscureciendo nuestra naturaleza verdadera, la cual según el budismo tántrico no es más que conciencia pura, despierta e iluminada, vacía y sin límites. El yo es un mecanismo de defensa ante el infinito, un autoenclaustramiento, lo que surge a partir de la confusión fundamental que es el samsara. A continuación una traducción sintetizada del comentario de Brown en el video hermosamente animado por Cluadia Bicen:

No nacemos con un sentido psicológico del yo, esto se forma entre el año y los 2 años de edad cuando se desarrolla el pensamiento representacional. Así que el yo es una construcción; entre más fuerte el sentido del yo, más sirve como centro de organización para la experiencia. El yo provee continuidad sobre el tiempo y el espacio, así que cuando el tiempo pasa en mi vida me siento como si fuera la misma persona. La mente forma constructos, eso es lo que hace la mente. Construye un "mundo allá afuera", las formas visuales son construcciones, el sentido del ser es un construcción, el sonido es una construcción, incluso el tiempo es una construcción. El problema de esto es que hacemos nuestras construcciones demasiado reales o sólidas, como si existieran independientemente, la consecuencia de esto es que lo reificamos [al yo] haciéndolo demasiado real y demasiado sólido... y esto hace que sea un asidero: mucho del sufrimiento de mi vida cotidiana se organiza en torno a este aferrarnos al yo [que a su vez permite que las cosas se agarren de él, como el polvo que se va pegando a una superficie sólida]. Y el otro problema de esto es que oculta mi verdadera naturaleza... si empiezas a ver estas construcciones como construcciones de la mente y ves más allá te das cuenta cómo todo es sólo conciencia [awareness] construida, todo el show es fabricado a partir de la cualidad vibrante y fresca de la conciencia despierta. La metáfora es la del Sol; cuando en algún punto las nubes desaparecen decimos que salió el Sol, pero eso no es del todo correcto, el Sol siempre está brillando, lo que pasa es que desde nuestra perspectiva de estar debajo de las nubes no podemos ver que siempre está brillando. Eso mismo pasa con la mente despierta, ilimitada, sin fronteras, conciencia despierta que está siempre aquí.

Con "construcción" Brown hace referencia a que no percibimos las cosas en sí mismas, sino que interpretamos y re-elaboramos lo que recogen nuestros sentidos, formando representaciones de las cosas. Incluso el "yo" es una representación. Detrás de la construcción del yo, yace, sin embargo, una conciencia pura, prístina, que nunca cambia, luminosa. Esto se conoce en tibetano como "rigpa" o como "mahamudra" ("gran sello" o "gran abrazo") en el budismo tántrico, el estado de unidad entre la vacuidad y la luminosidad (que tiene una cualidad de dicha sin dualidad). En el estado de conciencia despierta no-dual, que es igual a la mente búdica, no existe separación entre la conciencia y el espacio de los fenómenos, por lo cual no existe sufrimiento, ya que el sufrimiento se genera a partir de la separación y la impermanencia de los objetos de los cuales estamos separados. Brown explica:

La experiencia meditativa puede alcanzar un nivel fundamental de conciencia, común a todas las mentes, una conciencia, a un nivel muy sutil, que es la mente misma de un buda... La sabiduría inherente --nuestra naturaleza búdica-- es la condición natural de la mente. Sin embargo, nuestras concepciones erróneas y emociones negativas provocadas por acciones pasadas oscurecen la pureza natural de la mente, nuestra naturaleza búdica. El despertar es inherente a nuestra experiencia, si sólo lo reconocemos. En las tradiciones Bön y budistas, "despertar" se refiere al océano ilimitado de conciencia/amor lúcido que es siempre el núcleo de nuestra naturaleza fundamental.

El Sol siempre está brillando detrás de las nubes y así también siempre está brillando detrás de nuestro yo, de nuestros conceptos e identificaciones, una conciencia pura y cristalina, que es lo que ilumina toda nuestra experiencia; que no es afectada por ningún contenido, como un espejo pulcro que puede reflejar cualquier fenómeno sin verse trastocado.

La correspondencia entre los elementos, humores, planetas y tu signo astrológico y temperamento

AlterCultura

Por: pijamasurf - 09/16/2017

Los 4 elementos están vinculados a un planeta, a una estación del año, a un humor, a una fase de la Luna, a un signo astrológico y demás

La astrología occidental ha incorporado aspectos de diferentes tradiciones, fundamentalmente de la cultura babilónica y caldea, egipcia y griega. Se ha basado en un sistema de correspondencias simbólicas y matemáticas, en las que cada planeta y signo del zodiaco tiene una serie de vínculos con cosas que son similares por analogía. El pensamiento astrológico, como el hermético, funciona fundamentalmente a través de la analogía. Parte de la noción de una correspondencia entre el cielo y la tierra, entre dios y el hombre. Central a todo este edificio de vínculos son los cuatro elementos de la naturaleza, que son los componentes de todas las cosas y tienen una clara relación matemática con el círculo, los 360 grados y las 12 zonas en las que se divide la bóveda celeste.

Como explica Marcos Patchett de la Astrology Academy, en la visión tradicional de los elementos de la filosofía griega cada elemento era una combinación de dos cualidades activas, calor y frío, en combinación con dos pasivas, humedad o sequedad. De aquí también se deriva la teoría de los humores en la medicina, según la cual los elementos deben de ser regulados o balanceados y cada persona tienen un elemento y humor predominantes. El fuego está asociado con el calor, el aire con la humedad, el agua con el frío, la tierra con la sequedad. Las interacciones de estos elementos son las que generan, conservan, corrompen y destruyen todas las cosas. El fuego causa el movimiento hacia la generación o creación; inspira, motiva, produce deseo. La tierra causa la conservación o la durabilidad; es sólida, coherente, inmóvil. El aire es necesario para la vida pero produce corrupción, como la humedad produce decadencia. El agua era considerada el elemento asociado con la destrucción, como en el caso de los mitos de los diluvios. Al mismo tiempo, el agua es fértil; y es que los antiguos entendieron que cada cosa contenía su contrario en una relación dinámica. Los signos astrológicos de agua (Cáncer, Piscis, Escorpión) son los más fértiles. El aire está asociado con el humor o temperamento sanguíneo, el agua con el flemático, el fuego con el colérico, y la tierra con la melancolía (la bilis negra). Todo esto lo podemos ver en la siguiente tabla, la cual está en inglés pero que explicaremos a continuación.

Como vemos aquí cada elemento está relacionado con una cualidad, una temporada del año, una edad en el hombre, un temperamento, un humor, una fase lunar y uno o dos planetas. Hay que recordar que en el sistema clásico de la astrología no existen Plutón, Urano y Neptuno. Para completar esta gráfica, a continuación los signos astrológicos y los planetas que los rigen:

 

Luna: Cáncer

Mercurio: Geminis, Virgo

Venus: Tauro, Libra

Sol: Leo

Marte: Aries, Escorpión

Júpiter: Piscis, Sagitario

Saturno: Capricornio, Acuario

 

En la astrología moderna Piscis (agua) pasa al dominio de Neptuno, Acuario (aire) a Urano y Escorpión (agua) a Plutón. Sabiendo esto puedes regresar a la tabla y vincular tu signo con uno de los elementos para descubrir tu fase lunar, tu elemento, tu edad arquetípica, tu estación del año y demás.

Cornelius Agrippa, autor de uno de los libros que lidia con estas correspondencias con mayor profundidad (Tres libros de filosofía oculta), escribe que el fuego constantemente se incrementa a sí mismo y otorga grandeza a las cosas que lo reciben. El fuego se divide en uno superior, cósmico, ligado al Sol, y uno inferior o infernal ligado a Marte. El fuego, como el carisma, puede inspirar o destruir. El aire, dice Agrippa, es un espíritu vital que penetra en todos los seres; los hebreos lo consideran un medio o pegamento entre las cosas: recibe la influencia de los cuerpos celestiales y la comunica. El aire rige la mente. El agua, dice Agrippa, es el elemento de regeneración espiritual y tiene la potencia de destruirlo todo. La tierra es el fundamento de todos los elementos, y contiene la semilla de todas las cosas, es lo que hace que fructifiquen.  

Saturno y Marte eran considerados maléficos; Júpiter, benéfico (al igual que el Sol, aunque en menor medida); y la Luna y Mercurio, neutrales o que toman cualidades de otros. 

 

Con información de Academy of Astrology