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Eres lo que piensas: estos 8 consejos cambiarán tu mente para mejorar tu realidad

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/17/2017

Nuestra realidad es la proyección de nuestros pensamientos

“El ser humano es un animal de costumbres”, escribió Charles Dickens, y esa afirmación también es válida para nuestra mente, que en muchos casos se mueve y opera a través de patrones que, de tan usados, creemos que son completamente fijos. Vivir así, sin embargo, casi siempre resulta en creer que la realidad en la que vivimos es igual de inconmovible, que nada en ella es susceptible de modificación. 

Pero nada más falso. Nuestra realidad es frecuentemente una proyección de nuestros pensamientos, de las decisiones que tomamos en función de éstos y de los hechos que toman forma a través de aquéllas. Fue Lao Tsé quien dijo: 

Cuida tus pensamientos, pues éstos se convierten en palabras. Cuida tus palabras, pues éstas se convierten en acciones. Cuida tus acciones, pues éstas se convierten en hábitos. Cuida tus hábitos, pues éstos se convierten en tu carácter. Cuida tu carácter, pues éste se convierte en tu destino.

En este espíritu, compartimos a continuación ocho consejos que pueden ayudarte a reflexionar sobre la calidad de tus pensamientos y la manera en que éstos influyen en la realidad que experimentas cotidianamente.

1. Haz conscientes tus pensamientos –y cuida de ellos–

Aunque esto pueda sonar obvio, en realidad no muchas personas lo ponen en práctica. Lo más común es que demos rienda suelta a nuestra mente, que actuemos en función de lo que pensamos, sin nunca reflexionar sobre esos mismos pensamientos. Dicho de otra manera: ponemos atención en los resultados, pero no en las causas que dieron origen a éstos. Imaginemos el caso de una persona a quien han despedido de todos los trabajos en los que ha estado, o de otra en cuyo historial amoroso sólo se encuentran relaciones tormentosas con personas que cumplen determinadas características. ¿Es porque el medio laboral “es así”? ¿Porque el amor “es así”? O, más bien, porque hay ciertos patrones mentales inconscientes que no permiten a esas personas pensar que un trabajo o una relación de pareja pueden ser de otra manera. Carl Jung alguna vez dijo: “Hasta que no hagas consciente lo inconsciente, éste dominará tu vida y lo llamarás destino”.

El proceso no es sencillo, pero puedes comenzar por poner atención en lo que piensas en determinadas situaciones. Quizá creciste con la idea de que el estudio no era lo tuyo, y por eso no te preocupas por prepararte más o mejor con respecto al área en la que laboras. ¿Pero eso es verdad? ¿De verdad eres o no eres de determinada forma? ¿O esa cualidad, como tantas otras, es susceptible de cambio?

 

2. Atiende tu proceso

Hasta cierto punto, la voluntad de cambio es casi sólo individual. Para la mente es sumamente sencillo desviarse y atribuir a otros la responsabilidad que en realidad nos corresponde a nosotros mismos. Si continuamos con los ejemplos anteriores, quizá lo más fácil para una persona a quien despiden sistemáticamente de sus empleos es culpar a sus jefes, a sus compañeros de trabajo, al sistema económico en que vivimos, etc., y aunque esto puede ser parcialmente cierto, no nos exime de hacernos cargo de aquello que sí podemos modificar en nuestro beneficio.

 

3. Intenta sostener tu esfuerzo

Desde siempre se ha dicho que la constancia es la clave del éxito, y aunque a fuerza de repetición esa frase parece desgastada, no por ello es menos cierta. Si has tomado la decisión de mejorar, comprométete contigo mismo e intenta no claudicar. No es fácil para la mente dejar ciertas formas de pensar y cambiarlas por otras, pero es posible por medio del esfuerzo sostenido, tanto en la voluntad de atención como en la voluntad de cambio.

 

4. Sé compasivo contigo mismo

La compasión es clave en este proceso. Poner atención en tus pensamientos no significa que debas imponer una vigilancia 24/7 a tu mente, o que te recrimines cada vez que incurres en un patrón mental que intentas cambiar. Somos seres débiles, falibles, inseguros. En una palabra, humanos. Ten compasión de tu estado y de tus logros, agradece lo que estás viviendo, confía en tus capacidades y tus recursos… y continúa.

 

5. Las cosas pasan por algo

El mundo en el que vivimos es un lugar imprevisible y, con todo, es posible que mucho de lo que nos sucede tenga un sentido, tanto los logros como las adversidades y los hechos menores de todos los días. No se trata, como decíamos antes, de resignarnos a creer que las cosas son de determinada manera por determinada razón, como si existiera un plan maestro que gobernara los acontecimientos de nuestra vida, sino más bien ajustar esa perspectiva y mirar nuestro propio contexto, las circunstancias del fragmento de realidad en que vivimos. En esa pequeña parcela las cosas suelen aclararse y aquello que parecía laberíntico y azaroso, de pronto adquiere coherencia propia. La persona que, por ejemplo, creció en una familia de músicos y terminó eligiendo esta misma profesión; o el joven, hijo de un abogado severo, que prefiere estudiar artes. Parecen clichés, pero en muchos casos el significado de las cosas que vivimos se encuentra en nuestras propias circunstancias de vida, actuales y pasadas.

 

6. Esto no es una etapa de tu vida: es tu vida en sí

La cultura en la que vivimos venera la idea de progreso y, como tal, nos hace creer que toda mejora es una superación, un dejar atrás lo obsoleto para arribar a un estado más elevado (como los “upgrades” de los sistemas operativos, por ejemplo). En el caso de la mente, sin embargo, esa idea suele ser más bien estorbosa. Muchas personas emprenden un proceso de “renovación” o cambio creyendo que se trata sólo de una etapa en su vida, una especie de momento de programación al que se tienen que someter durante 1, 2, 3 meses, para después dejarlo y continuar su vida. No obstante, este enfoque puede ser poco útil. Para la mente el tiempo transcurre de otra manera, y si a esto añadimos que la vida se encuentra en cambio constante, es más o menos evidente concluir que el proceso de atención sobre los pensamientos y la necesidad de cambiar ciertos patrones mentales en función de nuestro bienestar son tareas para toda la vida, no sólo de un momento.

 

7. Piensa en tus comodidades, y piénsalas otra vez

La llamada “zona de confort” es, en muchos casos, ese espejismo que nuestra mente ha creado para sentirse segura y cómoda. Hasta cierto punto, es la zona que se refleja en nuestra realidad todos los días: las cosas que hacemos, el lugar donde vivimos, las relaciones que frecuentamos. Pero tiene también su lado oscuro, por así decirlo: la comodidad de mantener una relación que no nos hace felices, por ejemplo, o seguir en un trabajo que no nos interesa. Es humano querer mantenerse seguro y a salvo, pero también es necesario conocer el costo de esa comodidad, si acaso no nos permite cambiar y acercarnos a aquello que deseamos realmente para nuestra vida.

 

8. Calla… y escucha

En nuestra época, uno de los principales factores que perturban nuestra mente es el exceso de estímulos en que vivimos. Por si no bastara la formación recibida –ese cúmulo de expectativas, represiones, proyecciones y demás– ahora vivimos inmersos en una sociedad que nos llama a ser siempre más, siempre mejores, a encontrar nuestro valor personal en las mercancías que adquirimos, a aspirar a la fama efímera de las redes sociales, a forjarnos nuestra propia fortuna, a… 

Quizá nadie en la historia necesitó tanto del silencio como nosotros. Detenerse para contemplarse a sí mismo y al mundo que nos rodea. Demorarse ante la vista de un atardecer o del vuelo de una mosca. Paladear el inesperado gusto de estar a solas. Callar brevemente antes de hablar. 

Quizá lo único que necesita nuestra mente para florecer es escuchar su propio silencio.

 

¿Qué parece? No dejes de compartirnos tu opinión –¡y tus propios consejos!– en la sección de comentarios de esta nota.

 

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Imágenes: Pascal Campion

¿Cómo lidiar con las personas tóxicas y vampiros energéticos?

Buena Vida

Por: PijamaSurf - 10/17/2017

Los individuos tóxicos que crean de manera innecesaria enfado, amargura, conflicto y, sobre todo, estrés, son capaces de provocar enfermedades físicas y emocionales en las personas a su alrededor

Los suegros, compañeros de trabajo o de escuela, amigos cercanos e incluso la pareja, son personas muy cercanas que, sin deberla ni temerla, pueden ser tóxicas. Sus conductas pueden retar la lógica humana pues no sólo encuentran placer en crear caos e impactar negativamente en nuestras emociones, sino también en llevarnos hasta al borde de una crisis existencial.

Los individuos tóxicos que crean de manera innecesaria enfado, amargura, conflicto y, sobre todo, estrés, son capaces de provocar enfermedades físicas y emocionales en las personas a su alrededor. De acuerdo con varios estudios enfocados en el campo de la neurociencia, el estrés tiene un impacto realmente negativo sobre el cerebro: la exposición al estrés durante pocos días puede comprometer la efectividad de las neuronas en el hipocampo –un área importante en el cerebro, que es responsable del razonamiento y la memoria. Así que 1 semana de estrés puede provocar un daño reversible en las dendritas neuronales; 1 mes puede destruir las neuronas y afectar tanto el funcionamiento corporal como el desempeño laboral y emocional.

El contacto con personas tóxicas puede generar niveles exorbitantes de estrés a lo largo del tiempo, lo cual puede producir un bajo desempeño a nivel académico, laboral, emocional y espiritual. Y según el Departamento de Psicología Biológica y Clínica de la Universidad Friedrich Schiller de Alemania, la exposición a este estímulo causa fuertes emociones negativas, elevando la irritabilidad, crueldad, negatividad, el síndrome de víctima, entre otros.

Para regular el estrés generado por la interacción con individuos tóxicos es indispensable identificar las conductas del otro que nos están lastimando, tratar de comunicárselo de manera asertiva –por ejemplo, “comprendo que estás estresado, pero no me gusta cuando me tratas de esta manera porque….”– y en caso de ser necesario, poner límites o alejarse de esa persona. La idea es colocarse en un lugar seguro en el que se logre regular las emociones negativas, con el objetivo de permanecer en calma mientras dura la tensión o presión. Paralelamente es indispensable comenzar un proceso de autocuidado, es decir, dormir de manera adecuada, recurrir a una red de apoyo –amistades, familiares…– que permita una perspectiva más neutral, mantener una dieta balanceada y saludable, limitar el consumo de cafeína, ejercitarse diariamente, respirar profundamente –similar al método de meditación– y liberar la creencia de que el amor duele.