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El ideófono como fuente de creación expandida y cohabitante entre las diversas artes sonoras y la imagen en movimiento

Como ya se ha dicho en un artículo previo, el concepto de ideófono [ideophon] en lingüística se define como una representación viva de una idea en sonido, una experiencia multisensorial, a la vez metacognitiva, en donde se conjugan y se condensan forma, color, sonido, olor y acción. Partiendo de este planteamiento conceptual se piensa como fuente de creación expandida y cohabitante entre las diversas artes sonoras y la imagen en movimiento, sumado a los distintos ejes que enlazan el contexto humano y tecnológico en la construcción de un metarrelato audiovisual que además se plantea reivindicar la relación cuerpo-máquina tomando como punto de partida las interfaces prístinas: el ideophone como génesis del lenguaje y la piedra como primera herramienta o prisma bajo el cual el hombre ha plasmado dicha morfología de sus percepciones y pensamientos dando lugar al carácter de su existencia y a las formas en las cuales construye, habita y de igual manera arremete contra su propio tiempo, buscando re-significarse desde una reinterpretación en la inefable búsqueda del sí mismo.

En un sentido gramatical podemos observar que el término ideophone se compone de dos palabras, ideo y fono, cuya etimología se describe a continuación: la palabra idea proviene del griego ἰδέα, 'aspecto, apariencia, forma', relacionado con εῖδος (eîdos), que también significa “yo vi”, “vista, visión”; de ahí idear, conocer algo, formar una idea. La idea de “ver” está implícita en su significación misma, lo cual nos conduce a la palabra latina IUDEO (video). El término fono se presenta como variante del sufijo "-fonía" que indica "sonido, voz". Etimológicamente procede del griego "phone", que significa "sonido”.

La relación de estas dos palabras abre un mundo de  posibilidades a la hora de extraer del concepto un eje de nociones que darán paso a un repensar la arqueología de las relaciones humanas, proyectándose desde el universo experimental fronterizo entre el videoarte, la música electroacústica y el conocimiento en forma de arcano, el cual revela la necesidad de centrar la escucha en un plano simbólico.

Arquetipos virtuales erigen un lenguaje compuesto de ideophones desde una concepción telepática para lograr el encuentro virtual, son materializados en video, siendo éste un medio contendedor de lenguajes cohabitantes que abren paso al artista-compositor desde los años 60, como lo denomina Holly Rogers en Sounding the Gallery (2013), y que con el paso de los años se ha apremiado de otras cualidades gracias a las generaciones de videoartistas propositores de nuevas estéticas y formas de asumir este oficio. Nos encontramos ante una manera de pensar el videoarte y la narrativa ficcional como factores claves en la composición contemporánea y en la música visual.

 

Eurydice. (Electroacoustic Piece) de Ideofonía Ancestral en Vimeo

Podemos dilucidar en la apremiante distinción de clase y lucha social constitutiva del ser humano la necesidad de cuestionar las interfaces, o en otras palabras, aquellos dispositivos que median entre el ser humano y su realidad más propia. Interfaces que atraviesan una desmaterialización de las formas en que habitamos y nos sentimos cómodos, coaccionados en un mundo que se construye y deconstruye simultáneamente por medio de datos, pensamientos y relaciones interpersonales. La piedra (vista de ahora en adelante como una interface multisensorial) da vida, a través del movimiento y la frotación, a la materialización de un lenguaje encriptado que busca develarse por medio de un lenguaje signado contenido en la materia esculpida y que pretende reconocer y habitar en la esencia de símbolo primigenio, es decir, una poética en torno al propio cuerpo ligado a la génesis del pensamiento, desde un campo audio-táctil como fuente multimodal y ente codificador de lo apercibido.

Es necesario partir desde una lógica para entender y reinterpretar a los ideófonos como ejes y como punto de partida para el cuestionamiento humano por medio de la creación audiovisual.  En el ashéninka perené, una lengua en peligro de extinción hablada por alrededor de mil personas en el valle del Perené, zona superior de la Amazonía peruana y perteneciente a la comunidad indígena arawak, la representación de una idea en sonido -el “ideófono”- es un componente del lenguaje expresivo que podemos encontrar en la vida cotidiana, la caza y los rituales chamánicos. Concretamente, éstos propician experiencias de comunicación en diversos planos de la percepción y la conciencia a partir de una experiencia audio-táctil.

Elena Mihas, del Cairns Institute School of Art and Social Sciences, ha realizado un amplio trabajo investigativo con las comunidades arawak del Amazonas. En el informe realizado describe la implicación de las manos en la creación de significados, cuyos componentes ideófono-gestuales parecen llevar una carga cognitiva-comunicativa única, formando estructuras de conocimiento basadas en los inventarios de ideofones. Citamos: “algunas de las maneras en que los gestos representativos evocan o codifican la realidad, ascienden de un conjunto básico de actividades cotidianas de las manos en el mundo ecológico y cultural. La autora cita un texto de Streeck, Goodwin & LeBaron en el cual, con base en el ideófono, describen un proceso autogenerativo, donde cohabitan tipos distintos de fenómenos sígnicos:

Los compuestos ideófono-gesto son tal vez uno de esos ejemplares por excelencia de la multimodalidad, es decir, del proceso en el que tipos distintos de fenómenos de signos instanciados en diversos medios se yuxtaponen de una manera que les permite elaborarse mutuamente.

(Goodwin, 2000, p 1489)

La explicación del uso omnipresente de compuestos ideófono-gesto en ashéninka perené y los contextos de aprendizaje situados en Perené buscan dar una perspectiva sobre la contribución de las manos a la creación de significados que considera “cómo el gesto sirve a las personas-actores encarnados dentro de contextos ecológicos y culturales específicos, juntos haciendo sentido de ello” (2006, p.71). Este planteamiento ofrece una heurística muy valiosa al sugerir que “algunas de las maneras en que los llamados gestos representativos evocan el mundo [...] corresponden a los modos fundamentales de actividades manuales” (Streeck, 2008, pág. 285). Esencialmente, Streeck sostiene que cuando las manos hacen gestos representativos se basan en “un repertorio de posturas y acciones habituales” que aprendieron en un contexto específico de la vida cotidiana debido a las “significaciones inherentes” de los “esquemas familiares” que pueden formar parte del gesto “construal” (Streeck, 2008, 286).

Los ideófonos codifican percepciones sensoriales multimodales, por ejemplo, tsapok tsapok, ‘movimiento dentro y fuera del agua producido con salpicaduras mínimas’, por ejemplo, saltando [sh] (pronunciación) evoca la salida hacia arriba del agua, seguida por la entrada hacia abajo en el agua, así como el sonido de bajo nivel producido por el participante del evento. En general, los ideófonos ashéninka perené se han encontrado para capturar las percepciones sensoriales a través de tres canales: acústico, visual y aptico.

(Mihas, Ashéninka perené/informe)

En cuanto a sus funciones, los ideófonos son capaces de generar imágenes altamente detalladas e increíblemente ricas de los eventos y estados directamente experimentados. Como dice Kilian-Hatz, “el oyente... se convierte en un testigo directo del suceso ideófono” (2001, p.155).

Consecuente a lo anterior se puede pensar en el ideófono como una expresión multimodal convergente de significados extrapolados, yuxtapuestos, funcionales en el campo de un lenguaje que se sitúa entre lo sonoro-fonético y lo gestual, generando así un proceso comunicacional y expresivo contenido en una zona alterna y común en la comunicación, lo cual permite imaginar y pensar desde varias ópticas a contextualizar un lenguaje y una escucha en virtud de estos principios.

No obstante, René Guénon señala qué, si el Verbo es pensamiento en lo interior y palabra en lo exterior, y si el mundo es el efecto de la palabra divina proferida en el origen de los tiempos, la naturaleza entera puede tomarse como un símbolo de la realidad sobrenatural. 

El ideófono como interface prístina, la cual concede valor sígnico al sonido fonético en simultaneidad con la gestualidad corporal, posee la naturaleza de convertirse en un medio multisensorial capaz de codificar y materializar lo que se interpreta como realidad. Desde una génesis del pensamiento ligada al cuerpo humano, el gesto y el intento pueden surgir por exaptación, si es que el hombre está dado a recibir este medio adaptativo como una de las interfaces que además lo convierten en un organismo autopoiésico.

Desde siglos atrás el hombre ha establecido una relación con las maquinas; determinando en gran medida la forma en que éste interpreta al mundo y lo que lo rodea, distintos aconteceres materializados en grandes prototipos mecánicos nos permiten identificar distintos períodos en los que el hombre asimila su rol ante el asombro que ofrece el avance tecnológico de una forma quizá optimista, hasta que la misma saturación mercantil, publicitaría y progresista se nos presenta como un discurso tecnocrático maquillado y atractivo a los ojos del consumidor. Es ahí donde identificamos un tránsito tecnológico hacia la era digital, en la cual, la representación de datos y señales codificados algorítmicamente nos da una aproximación al mundo de una forma “mediada” y limitada en el campo de lo que podemos identificar como texto, imagen o sonido, siendo estas abstracciones reconocibles y concretas reconstruidas en base a lo visible, físico, análogo, emocional, conceptual, sensorial y mental, tal como señala Andreas Broeckman en Aspectos de una estética mecánica (Canadá, 2005, Refrech Conferencia).

Según Marius Schneider, al crear todo emana del sonido creativo, que al salir del elemento aire se materializa en los otros elementos. Su primera materialización se verifica en la piedra, en la que el ritmo creador engendra el elemento fuego, las almas y las estrellas. La piedra es la primera materialización de los místicos ritmos iniciales de la creación, llamados sonido y eco. A medida que el sonido repitió la antítesis del mundo terrestre puede haber sido considerado como una creación que proviene del eco de una palabra creativa lanzada contra los muros de piedra de la montaña celestial.

La piedra es esculpida y convertida en instrumento-escultura sonora [litófono], la cual irá tomando forma no sólo físicamente sino también en un terreno ontológico como ente arquetípico, música petrificada de la creación, unidad de los contrarios masculino y femenino, pero sobre todo, ancestro incognoscible, inefable, primera herramienta y extensión del cuerpo del hombre en tanto que interface prístina, da cuenta de la irrefutable e ineludible antigüedad de la raza humana y la inalcanzable historia del mundo, y por lo tanto, pieza clave en esta búsqueda, que aquí se contextualiza tan sólo con el fin de fundamentar lo que constituye a este objeto como interface controladora y generadora de video y audio manifestándose así como objeto de poder o icono totémico, pero a la vez como una interface paradójicamente, o al mismo tiempo, digital y primitiva.

True Meat de Ideofonía Ancestral en Vimeo

 

Masturbatory Litophone de Ideofonía Ancestral en Vimeo

 

www.ideofoniaancestral.com

alfonsoalfredopretelt@gmail.com

ideofonica@gmail.com

Traducción del primer capítulo de 'Deep Principles of Kabbalistic Alchemy', la reciente obra de David Chaim Smith que revitaliza el esoterismo contemporáneo e introduce la práctica contemplativa como alquimia

No conozco a un autor contemporáneo en el esoterismo occidental cuya obra sea más relevante y estimulante para la práctica contemplativa que la de David Chaim Smith. Anteriormente hemos reseñado algunas de las obras de Smith en este sitio, y en esta ocasión estamos contentos de presentar una traducción de la introducción y el primer capítulo de su más reciente obra Deep Principles of Kabbalistic Alchemy, que es la primera parte de una serie titulada The Lightning Flash of Alef, cuya siguiente entrega, Bath of  Bright Silence, está programada para principios del 2018. En esta serie, Smith explora una visión no emanacionista de la cábala, en la cual sostiene que la totalidad está presente en cada punto de la manifestación, fulgurando como el mundo de las apariencias -la base o raíz (Ein Sof) se despliega a sí misma en aparente diversidad sin disminuirse ni debilitarse-. Esto es, no hay una emanación con grados de diferenciación de poder o de cercanía a la luz de Ein Sof, como sostiene la visión cabalista emanacionista, la cual se ha convertido en la versión estándar de los estudios cabalísticos académicos.

Ya que la totalidad -la base irreductible- está presente y disponible en todos los fenómenos, la contemplación cobra un papel de primer orden en este tipo de misticismo. Como sugiere Smith, el acto puro y simple de contemplar cualquier fenómeno con el fuego de la atención sostenida es una forma de alquimia. La percepción puede ser depuración y oración cuando se llena de un deseo gnóstico y se abre la posibilidad de apercibir y reconocer lo infinito aquí mismo, y de anular la división entre lo que conoce y lo que es conocido, lo cual es el gran cometido de todo trabajo místico.

La siguiente traducción es apenas un primer intento de comunicar en español una pequeña parte de un material que me parece sumamente valioso. Smith ha creado un lenguaje de gran precisión técnica con el cual vincula la tradición alquímica y la cabalística, así como una veta gnóstica no-dual. Este lenguaje se apoya en una serie de diagramas o cartografías esotéricas que son portales de contemplación dentro del libro. Esto dificulta un poco la traducción y, para hacerle justicia a la obra, requeriría quizás de cuantiosas notas, aclaraciones y, probablemente, refinaciones de la misma traducción que no se ajustan a este medio, que no se ocupa de lo académico sino de lo meramente divulgativo. En un futuro, posiblemente podamos contar con una versión más completa de su obra y con un estudio crítico que permita al lector de lengua española acceder a este tesoro de gnosis intoxicante. Mientras tanto, dirijo a los lectores al sitio de David Chaim Smith donde se pueden adquirir sus libros y familiarizarse directamente con su trabajo.

Introducción

Este estilo de misticismo contemplativo inicia con una profunda consideración de un sistema de símbolos dedicado a misterios de los cuales no puede hablarse ni escribirse de manera convencional. En el momento en que el entendimiento intelectual se esmera por lo inasequible, sobretonos e implicaciones emergen lentamente e inundan la percepción con un torrente de cualidades que se hacen sentir. Inundar la percepción con sensaciones sutiles permite que el significado cambie de registro. La mente puede invitar un espectro de resonancias para que invadan el mundo, haciendo que la distinción entre designaciones internas y externas entre en un crepúsculo donde la mente se embelesa en la disolución de las fronteras conceptuales convencionales.

El crepúsculo se expresa como un campo simbólico en el que el significado se desborda para remodelar la forma y el estilo con los cuales se despliega a sí mismo. Todas las cosas se vuelven símbolos, y los símbolos se vuelven cosas vivientes. Esto hace que los fenómenos se hagan cada vez más como un sueño. Es dentro de este registro de interpenetración superfluida que el trabajo profundo de la contemplación realmente empieza.

El material de este libro puede trabajarse en cuatro niveles. Primero, una lectura general introduce la selección de símbolos y sus significados externos a un nivel intelectual. Segundo, el material puede ser sondeado en el espacio interno hasta que los primeros atisbos sutiles de tonos-sensaciones1 empiecen a filtrarse. Al sentirse, estas resonancias exudan niveles mucho más íntimos que la mera intelectualización: el dinamismo puro del pensamiento se mezcla y expande a través de los campos de sensación sutil. La tercera etapa evoca un nivel de significado más allá de la intelectualización y el sentimiento resonante. A este nivel los axiomas nucleares de los símbolos se abren de adentro hacia fuera en despliegues de puros patrones. Estos patrones son transparentes a la esencialidad2 básica que comparten tanto la percepción como lo que es percibido, lo cual es la cuestión mística fundamental. Es dentro de estos patrones que la mente se viste a sí misma, existiendo como los puros patrones y ya no como una identidad humana separada.

La cuarta etapa se concentra en el fulgor inasible que permea los patrones. Esta etapa ofrece una oportunidad para la total rendición de la mente. El verdadero valor de un símbolo es descubierto dentro de la búsqueda dinámica que hace la mente de éste, más allá de cualquier objeto de pensamiento específico, cuando la atención se baña en la plenitud indiferenciada que permea el acto contemplativo. Entre más profunda se hace la cognitividad (awareness)3 más se abre la plenitud, hasta que tanto la mente como sus constructos disuelven todo vestigio de división conceptual.

En su sentido más profundo, la contemplación es una forma de alquimia que transmuta y consume las divisiones dualistas. A través de la práctica disciplinada de la contemplación, la sensación de autonomía de la mente y su estructura de entendimiento pueden diluirse en la base o raíz de todas las cosas, que es la esencia primordial. Esto está predicado en un reconocimiento y aislamiento de la base (ground), lo que se conoce como su destilación. La base es la quintaesencia alquímica que disuelve la frontera entre la cognitividad interna y las apariencias externas y que, paradójicamente, se vierte a sí misma continuamente como el aparentemente diverso espectro de los fenómenos. Cuando es reconocida en su derramarse hacia afuera, la base se vuelve un baño completo más allá de cualquier asidero, identificación o identidad y de cualquier punto de referencia. Es precisamente el dinamismo de esta no-referencialidad lo que se realiza cuando la gnosis despierta.

Si estas sugerencias son seguidas, el campo de símbolos generará regalos que invitan a la mente a bañarse en la base. Puedes retribuir los regalos con interés y atención. Entre más se retribuye, más se manifestarán. Al final, la mente transmuta la recolección de información en un proceso de apertura, y el aprendizaje se convierte en una especie de des-aprender. Cuando la solidez de la identidad y de la identificación es des-hecha, la mente se entrega a la amplitud de su inherente naturaleza sagrada, la cual es finalmente reconocida como la naturaleza de todas las cosas más allá de la aprehensión de la mente.

El reconocimiento de la esencialidad está basado en dos pregunta claves: ¿Qué o quién reconoce?  y ¿qué es reconocido? La esencia está más allá de un sujeto que percibe y un objeto que es percibido y así la pregunta se mantiene: ¿sobre qué están basadas estas proyecciones?

El misterio de esta pregunta ofrece una especie de voz silenciosa siempre creciente, como una planta brotando de la tierra hacia su madurez. Las semillas del conocimiento que han sido plantadas pueden ser regadas con un anhelo no-verbal, que se mezcla con la luz solar de la atención concentrada. Cuando la mezcla permea la tierra del entendimiento, las semillas se hacen plantas en la noche, y el sol se oculta detrás del horizonte de la conciencia. Entonces las plantas puede arraigarse profundamente en el suelo. Entre más se riegan, más profundas se hacen las raíces.

El crecimiento de este proceso alcanza su madurez cuando la transmisión de sabiduría entra en una fase radical. Se convierte en una forma de voz en la que se vuelve indistinguible su decirse de su oírse. Entre más profundamente madura el proceso, más se unifican los aspectos de transmisión y recepción en el silencio. La fruta de esta cosecha está más allá de cualquier cosa que pueda contener un libro. Esta es la cosecha que es reunida para su destilación en el intoxicante primario de la gnosis.

Este es el primer libro en la literatura esotérica occidental que abiertamente articula una visión cohesiva de la base como el soporte que unifica la percepción ordinaria con la sabiduría más sublime (ver hyulie y avira en el capítulo 2). Por esto, será oportuno acercarse a este libro como una disciplina en sí misma, para que estos símbolos no sean confundidos con otras fuentes que no comparten la misma visión.

 

Capítulo 1. El Tzimtzum

El tzimzum, o contracción primordial, es una profunda metáfora cabalística que asume el papel de un mito de creación. Primero, sólo hay absoluta luz divina. Luego, la luz se retrae de un punto central para formar un círculo, vaciando un espacio en el cual todos los mundos se pueden manifestar. Esto implica que el tzimtzum precede a toda otra actividad y fabrica un metacontexto para todos los fenómenos como la dimensionalidad y el tiempo. Esto también implica que el tzimtzum marca una división entre la simplicidad absoluta previa y la subsecuente variación relativa, la cual se desdobla dentro del espacio vaciado después de la contracción inicial.

La visión que sostiene este libro es que el tzimtzum nunca ocurrió, y no se refiere en realidad a una proto-historia de la creación. El tzimtzum es un símbolo complejo que describe la paradoja entre la infinita incontenibilidad  y la aparición de modos finitos de contención. Los hábitos perceptuales comunes no logran aprehender aquello que no puede ser reducido a términos finitos, ni de manera intelectual ni a través de los sentidos. El círculo del tzimtzum es un símbolo que hace que la mente se enfrente con su paradoja más íntima -el muro perceptual que oscurece y obstruye el paso libre de la visión-. Sin embargo, para que  esto pueda entenderse, los hábitos reactivos de la mente deben de ser examinados y reconciliados.

La raíz de todos los hábitos perceptuales es la reificación, esto es, la tendencia de sustancializar o solidificar estados cognitivos. Esta tendencia obliga a la percepción a cerrarse sobre sí misma dentro de unidades de las cuales se puede agarrar, lo cual incluye un encerramiento en estados amorfos o confusos. La reificación reduce el campo abierto de la posibilidad a una interminable procesión fragmentada de cosas, ideas, experiencias y estupores. Ir cortando, a través de las resistencias que reifican los fenómenos, es la base de un sendero místico, y descubrir la naturaleza de la paradoja a través de la percepción directa es la meta.

La esencia de tanto lo que percibe como de lo que es percibido es incontenible, y esa esencialidad incontenible es absolutamente ilimitada. El término usado en la cábala para esta esencia ilimitada es Ein (no) Sof (fin). La aspiración mística última es entender que Ein Sof es el cuerpo y la sangre de todos los fenómenos. Esta paradoja central iguala a la nada con la totalidad. Este entendimiento es la gnosis, o despertar espiritual, que representa la culminación del proceso alquímico, el fruto resultante de la lucha de la mente por actualizar una destilación de su propia naturaleza esencial.

La vastedad espaciosa de Ein Sof se ve oscurecida por el hábito perceptual en el momento en el que se asume el rol de un sujeto que percibe. La fabricación de un yo instantáneamente choca con una interminable serie de objetos percibidos, entre los cuales están los pensamientos y las sensaciones que tiene de sí mismo y de su propia identidad. Esta estructura dualista, al ir recibiendo y adhiriéndose a información externa e interna, divide el campo de los fenómenos en las categorías de un yo y lo que no es ese yo. Un sujeto identificado con un yo no puede satisfactoriamente reificar el misterio de Ein Sof como una realidad asible. Por lo tanto toda las visiones convencionales sobre lo divino están limitadas a especulaciones incompletas. El muro erigido por la conceptualidad es precisamente la barrera que el místico quiere atravesar, y el símbolo que representa ese lugar último de ruptura es el círculo del tzimtzum.

La visión en la que se fundamenta este libro es llamada no-emanacionista,  y mantiene que Ein Sof jamás puede ser disminuido, degradado o desplazado. Esta visión mantiene que nada nunca se separa de la pureza primordial de Ein Sof, no obstante que aparenten manifestarse fenómenos delimitados. La sabiduría que soporta esta visión no puede ser transmitida meramente con un lenguaje convencional, por lo tanto se sirve de símbolos. Un símbolo es simplemente una transmisión de significado. En el caso del círculo del tzimtzum, el significado no puede ser reducido a ningún atributo que lo defina, más que a la paradoja primordial en sí misma.

El relato cabalístico del tzimztum es elaborado en una secuencia simbólica. Primero, la totalidad emerge como un punto irreductible en el corazón de la luz de Ein Sof. Desde la visión no emanacionista, este punto no es más que Ein Sof, y cabalísticamente sirve como su malkut, o función de despliegue. El punto es absoluto, y no ofrece ningún tipo de atributo de división dimensional. Por lo tanto, el punto no puede separarse de la simplicidad de la luz divina, y actúa sólo como una concentración de su foco.

La luminosidad luego se contrae en un círculo alejándose del punto y dejando un espacio vaciado o chalal hapanui. La contracción y la evacuación marcan la paradoja última. ¿Cómo es posible que el infinito sea vaciado o dividido? Estas acciones sólo aplican a las sustancias materiales finitas, así que, ¿cómo podrían aplicar a Ein Sof? Esas conclusiones materiales no pueden aplicarse a la contracción y, sin embargo, el desplazamiento aparece, y en esto yace la paradoja. Una vez que la paradoja es entendida en términos cósmicos puede aplicarse también a cada detalle de la manifestación.

El no emanacionismo es inherente a la base de los fenómenos desde el comienzo que no tiene comienzo. Previamente a la contracción, Ein Sof no se reduce para poder emanar su luz. La luz (aur) de Ein Sof no es un efecto derivado de una causa. La luz se expresa directamente sin nunca disminuir o degradar la pureza de su naturaleza esencial. Esta distinción es importante, porque si Ein Sof hubiera tenido que disminuirse en la expresión de su luz, esto ciertamente la haría disminuirse aún más en la expresión del sefirot. Subsecuentemente cada sefirot disminuiría la luz más y la secuencia de emanaciones disminuidas acabaría, comparativamente, en un universo material inerte. Esta lógica está basada en una cadena lineal de causalidad, la cual es el fundamento del pensamiento conceptual ordinario. En el sentido más profundo, el misticismo se libera de esto. El reduccionismo inherente a la fabricación de estructuras conceptuales es su más grande impedimento.

En la narrativa cabalística el punto representa el malkut de la luz de Ein Sof, y la periferia del círculo vaciado representa el keter de la sucesión de cuatro mundos que le siguen. Si la narrativa se toma literalmente se debe aceptar la temporalidad relativa, ya que la periferia es descrita como habiéndose separado del punto a partir de la contracción de la luz. Este es precisamente el tipo de conceptualización que reduce los símbolos a términos ordinarios. La visión no emanacionista corta a través de la temporalidad al aceptar el juego del símbolo más allá del tiempo y la sustancia. Así se entiende que la periferia nunca se separó del punto, aunque la separación aparece. Aquí yace la paradoja clave.

Tres aspectos del círculo del tzimtzum son presentados: un interior (lo que aparenta ser contenido) un exterior (lo incontenible), y una línea en la que estos aspectos se tocan. Para que estas distinciones relativas transmitan significado más allá de lo conceptual, el significado de todos los límites debe ser transmutado. Este es el propósito último del símbolo del tzimtzum. Punto y círculo expresan una totalidad indivisible que no puede ser restringida dentro de una cadena de causas y efectos. Es por esto que es crucial entender el tzimtzum como un modelo para la contemplación de la paradoja primordial, la cual está implícita en cada parte de la manifestación.

El malkut de la luz de Ein Sof y el keter de lo que surgirá de ella están los dos completos en la base que iguala todos los fenómenos. Si la visión de la no emanación es entendida, origen y destino pierden todo significado relativo en la gran espaciosidad de la totalidad absoluta. Esto no significa que echemos por la borda los símbolos relativos, lejos de esto. Sin embargo, deben ser reexaminados con una nueva capacidad de significado, y esto es precisamente lo que hace el sutil y delicado lenguaje simbólico cabalístico.

Ni la cúspide del círculo del tzimzum ni su punto original deben ser contaminados con los trazos de un marco temporal. El círculo invita a la mente al borde de la nada en el no-tiempo, donde la esencialidad de Ein Sof puede ser contemplada no obstante su aparente división. En este sentido, el círculo del tzimtzum es el único símbolo que hay para la paradoja desnuda de la manifestación.

Los textos cabalísticos mantienen que después de que la luz de Ein Sof es vaciada del círculo, un reshimu o residuo de la luz permanece. Todos los mundos y todas las cosas dentro de ellos emergen del reshimu. Este asunto introduce a la mente a la naturaleza de la base de todos los fenómenos. El reshimu es el resultado de una remoción, y por lo tanto es definido por una ausencia. Sin embargo, la idea de que se ha quedado atrás implica una presencia. La mayoría de los cabalistas que se aferran a las nociones convencionales de sustancia proyectan una mitología causal en base al raciocinio de que la luz nunca fue completamente removida, y por lo tanto permanece de una manera en extremo sutil. Esta explicación es simplemente un vestigio del hábito de la mente de aferrarse a los fenómenos materiales. El reshimu está más allá de esto, y no puede ser resuelto por medio de explicaciones mecanicistas.

El reshimu es un símbolo paradójico. Es puro y abierto como la luz de Ein Sof; no obstante, aparece de manera sustancial dentro del espacio de la creación. Su rango de posibilidades es perfecto, y por lo tanto debe incluir la posibilidad de todas las imperfecciones percibidas. Lo que es realmente perfecto es completo y entero, y debe incluir la libertad de desplegar cualquier inconsistencia. La naturaleza absoluta de la base nunca cambia, pero su despliegue relativo se presenta a sí mismo como cambio constante.

Que no haya confusión: la absoluta esencialidad y su expresión relativa no representan dos verdades separadas. Lo absoluto es verdad en un sentido definitivo, aunque asume siempre forma relativa. La forma se distorsiona en su significado cuando los hábitos de la mente se aferran a ella. Aunque la verdad siempre está disponible, yace oculta detrás de una cortina de impulsos parpadeantes. Es por esto que el místico medita sobre la visión y se acerca a los fenómenos con gran reverencia y sutileza, esforzándose por unirse a Ein Sof no importa lo que surja.

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1. La contemplación no es un mero proceso intelectual sino que requiere de una proceso sensual-emotivo, en el que los símbolos que se contemplan son sentidos. Y al sentirse van actuando sobre el cuerpo del individuo como destilando sustancias endocrinas, néctar, un rocío lumínico. A esto Smith se refiere con el término feeling-tones, tonos-sensaciones o tonos-sentimientos que permiten un influjo sobre los los diferentes dominios cognitivos: lo mental, lo corporal y lo emocional. Quizás la mejor traducción para esto sería la palabra sánscrita “rasa”, la cual significa jugo, líquido, esencia, sabor, emoción o cualidad. Refiere también a una sensación estética, a una cualidad que se encuentra en la poesía y en el teatro; aparece también en el nombre que se le da en sánscrito a la alquimia: rasáyana, el camino de la esencia. La contemplación alquímica se sustenta en la generación de estos tonos que son sentidos holísticamente y que hacen transparentes los diferentes campos a través de los cuales nos relacionamos con el mundo.

2. Es importante mencionar que Smith utiliza el término essentiality (esencialidad) y no essence (esencia), para enfatizar la cualidad dinámica, una naturaleza esencial que es más una cualidad activa o un proceso que una cosa. Esta esencialidad o base (ground) de los fenómenos que se manifiestan en aparente diversidad, sin poder fijarse, está más allá de la mente dualista que conceptualiza y define. Es en realidad Ein Sof, lo infinito, lo que trasciende el lenguaje, la representación y la experiencia (que requiere de un sujeto-objeto), pero que, sin embargo, es total inmanencia, realidad absoluta que no se ve disminuida o debilitada por la manifestación. Smith detalla un sistema para reconocer la identidad de Ein Sof (lo absoluto) con los fenómenos (lo relativo) que experimentamos diariamente (esto puede expresarse cabalísticamente con el axioma de la inseparabilidad de keter y malkut).

3. Smith distingue entre awareness y consciousness. El término awareness no tiene una traducción exacta: el español es bastante pobre en su diferenciación de cualidades y estados de cognición o conciencia. Generalmente, awarenness se traduce indistintamente como "conciencia"; si bien esto ya se queda corto, en este caso awareness se usa con precisión técnica y tiene una acepción diferente  de consciousness. El término es insatisfactorio ya que Smith entiende awareness como el estado puro de la experiencia cognitiva o el estado esencial de la mente, que no depende de un objeto o un contenido, que trasciende justamente la dualidad sujeto-objeto, mientras que consciousness es la conciencia ordinaria dualista. Dicho eso, el término "cognitividad" tampoco es satisfactorio, ya que refiere a la facultad de conocer algo, pero implica algo distinto a sí. Sobre la diferencia que hace Smith existen muchos paralelos con las tradiciones orientales, donde existen términos muy específicos que diferencian las cualidades de lo que en español llamamos "conciencia".