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Estos son los rasgos de personalidad de las personas incultas, según psicólogos

Sociedad

Por: pijamasurf - 11/13/2017

En términos de psicopatología y psicología, la ausencia de cultura general deja entrever rasgos de personalidad que pueden provocar serios problemas sociales

Mientras que algunos dicen que la ignorancia se traduce en felicidad, otros aseguran que la cultura y el conocimiento son lo que se relaciona con la libertad, justicia y equidad. Dentro del modus vivendi en Occidente, es curioso que los países con un gran índice de lectura y educación académica posean un alto grado de justicia legal, seguridad social y potencia económica, y aquellos con bajos índices, resienten lo contrario en términos legales, sociales y económico-financieros.

En términos de psicopatología y psicología, la ausencia de cultura general deja entrever rasgos de personalidad que, llevados hacia la intolerancia y la rabia, pueden provocar serios problemas sociales –por ejemplo, estereotipos, discriminación, inseguridad, etc. Algunos de estos rasgos son los siguientes:

– Predomina un concepto mercantilista en su modus vivendi

El conocimiento sólo posee un valor si trae consigo un beneficio monetario o social, de modo que la educación se convierte tan sólo en un medio para ganar dinero y no en un proceso de enriquecimiento para promover un cambio intra e interpersonal. Como consecuencia, desprecian las áreas asociadas con la pérdida del tiempo y de dinero –las bellas artes, como ejemplo más directo.

– Suelen burlarse de la curiosidad de los que buscan una respuesta en la cultura

Ante la incompatibilidad de premisas, las personas incultas suelen criticar y burlarse de aquellas que invierten tiempo en lecturas, carreras universitarias enfocadas en el arte (filosofía y letras, actuación, danza, fotografía, etc.), presentaciones culturales, en el conocimiento de palabras técnicas o específicas, el descubrimiento de otras culturas e incluso en un aspecto físico que exalte las creencias personales, entre otros.

– No tienen iniciativa para el cambio social (e incluso, en ocasiones, provocan un estancamiento frente a las evoluciones)

Son personas que pretenden aprender y hacer lo justo y necesario que se les exige, imposibilitando en ocasiones el desarrollo de nuevos patrones, ideas o creencias para un bienestar global. Inclusive hay ocasiones en que hacen uso de la violencia verbal, psicológica o física para reducir la posibilidad del cambio.

– Se frustran y se enfadan si son corregidas

En muchas ocasiones las personas con conocimientos culturales limitados llegan a interpretar las correcciones como ataques de los demás. Es decir que al experimentar la disonancia cognitiva, sintiéndose humillados o burlados, reaccionan mediante el uso de la frustración o la violencia.

– Caen fácilmente en creencias estereotipadas

La ignorancia facilita el establecimiento de los estereotipos, impidiendo el nacimiento de nuevas conexiones neuronales y, por lo tanto, de la expansión del conocimiento, la empatía y la trascendencia.

Robots sexuales, ¿la nueva tendencia de la sexualidad en el mundo moderno?

Sociedad

Por: PijamaSurf - 11/13/2017

Cuando se habla de sexualidad, es difícil delimitar lo normal y anormal, lo correcto e incorrecto

Con el paso de los años, la inteligencia artificial se ha modernizado y se han diversificado tanto sus usos como sus prácticas. Algunos de ellos se relacionan con polémicas y situaciones que vulneran los derechos humanos; otros, con avances con fines médicos, tecnológicos y humanitarios. Al enfocar la atención hacia los robots sexuales, ¿se trataría de un riesgo de los derechos sexuales o un apoyo a la diversidad sexual?

Cuando se habla de sexualidad, es difícil delimitar lo normal y anormal, lo correcto e incorrecto. Sin embargo, tomando en consideración algunas variables se puede realizar una guía útil para lograrlo; por ejemplo: la primera, el contexto cultural, temporal y la historia de vida, que permite comprender la diversidad sexual –orientación sexual,  identidad de sexo/género y las prácticas sexuales– de cualquier persona; y la segunda, los derechos sexuales, que “se basan en la libertad, dignidad e igualdad inherentes a todos los seres humanos e incluyen un compromiso referente a la protección del daño” (WAS, 2008).

Por ello, utilizando esta guía, surgen dos posiciones contrarias respecto de los robots sexuales:

Por un lado, las empresas encargadas de construir y comercializar estos juguetes eróticos, como Roxxxy TrueCompanion o Abyss Creations, defienden la idea de que se trata de una alternativa para personas –principalmente hombres– con dificultades para interactuar e intimar con mujeres. De este modo no sólo se permite gozar de los adelantos tanto científicos como tecnológicos mediante muñecas  sexuales hiperrealistas de silicona con IA, sino también del derecho a la privacidad y al grado máximo alcanzable de salud sexual –con experiencias sexuales placenteras, satisfactorias y seguras. Además, se trata de una industria que equivale 30 mil millones de dólares al año, permitiendo un mayor desarrollo tecnológico a favor de la salud sexual de los individuos.

Por otro lado, investigadores y activistas enfocados en la salud sexual han comenzado a cuestionarse las desventajas –frente a las contables ventajas– de los robots sexuales. De acuerdo con esta ola en contra de las muñecas sexuales con IA, la presencia de éstas afecta la manera en que los seres humanos interactúan entre sí, pues el vínculo se convierte en una relación de propietario-objeto en donde la simulación del consenso mutuo de los humanos desaparece. Y como si se tratase de una versión alterada de Blade Runner (2017), el sexo con robots puede extenderse a una interacción egoísta en la que el problema social del dueño continúa profundizándose en una espiral y a una sociedad con mayores problemas interpersonales como resultado de una desconexión entre los individuos. En consecuencia, la gran incógnita sobre la que esta ola invita a reflexionar tiene que ver con la práctica sexual de algunas personas que encuentran deseable una pareja sin autonomía, como si de una violación se tratase. ¿Es esta la práctica que podría normalizarse con la normalización misma de este tipo de sexo?

La realidad es que el consumo de los robots sexuales forma parte del derecho al grado máximo alcanzable de salud, la cual debe incluir la salud sexual que comprende experiencias sexuales placenteras, satisfactorias y seguras; no obstante, ¿qué pasaría si esta práctica simula la tortura o el trato cruel, inhumano o degradante hacia el ser humano? Hay quienes dicen que sería necesario, en este caso, insistir en una educación integral de la sexualidad, como una guía con un enfoque positivo de la sexualidad y el placer.