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El amor en conciencia plena da pie a relaciones más profundas, significativas y, en última instancia, duraderas

Del amor en nuestra época se ha señalado la fugacidad con la que ocurre. En específico en el caso de las relaciones de pareja, de las que parece haber desaparecido la voluntad de compromiso de antaño y, en combinación con otras circunstancias, terminan tan pronto como comienzan. “Amor líquido” llamó el sociólogo Zygmunt Bauman a esta realidad del amor contemporáneo, protagonizada por sujetos “desesperados por «relacionarse»” pero que, al mismo tiempo, “desconfían todo el tiempo del «estar relacionados»”.

No es sencillo esgrimir una solución a este dilema, que sin duda admite diversas perspectivas para ser abordado. Una de ellas es la idea de “conciencia” según se entiende en ciertas doctrinas orientales (particularmente en el budismo) y que, grosso modo, podemos definir brevemente como la capacidad de estar plenamente en el aquí y en el ahora, experimentar el presente con todos los sentidos, con toda nuestra atención, concentrados, sin la distracción de la tristeza por el pasado o la ansiedad por el futuro. Nada más que el ahora, que es más que suficiente.

Visto así, es claro que el amor se nutre de la conciencia, pero no egoístamente, pues esta es una relación recíproca en la que, a su vez, el amor colma a la conciencia que lo experimenta en toda su plenitud.

 

Ve más allá de la superficie

El amor nace en la superficie, pero necesita de la profundidad para echar raíces. A veces, al buscar una relación de pareja, nos preocupamos por encontrar a personas que cumplan ciertas cualidades y, como si se tratase de una oferta de empleo, miramos el currículum de los prospectos para saber a qué escuela fue, qué películas le gustan, qué lugares frecuenta, cuando lo cierto es que aquello que de verdad importa al momento de amar reside en otro lado.

Esta sugerencia no se refiere sólo al otro, sino también a nosotros mismos. El amor es también una manera de vivir que requiere del examen continuo de nuestro deseo, los motivos que tenemos para desear algo en específico y las acciones que tomamos para volver ese deseo parte de nuestra vida. ¿Buscamos una pareja porque ese fue el mandato que recibimos en casa? ¿Terminas relacionándote, al parecer inevitablemente, con el mismo tipo de personas? ¡Nada en tus propias profundidades!, que también es necesario para entender la manera en que amas y lo que buscas del amor.


Que tu punto de partida sea la autenticidad

No hay relación duradera de ningún tipo que esté cimentada en la simulación o el engaño y menos las relaciones amorosas. Sin importar cuál sea el futuro o el desarrollo de una relación, tu mejor punto de partida será siempre la sinceridad. Sé quien eres. El amor, como muestra Diotima a Sócrates en "El banquete", tiene también un componente azaroso y hasta un poco inexplicable: por más que lo intenten, dos personas que no pueden amarse, jamás amarán, y también lo opuesto, cuando sus formas de amar pueden convivir y entrar en diálogo.

 

El amor expande la vida

El amor y el deseo son parte de una misma fuerza vital que, entre sus efectos más notables, se caracteriza porque amplía los horizontes de quien experimenta así su existencia. En este sentido, las relaciones amorosas que se viven en conciencia plena llevan a los involucrados a querer saber más, conocer más, crecer juntos. Si inicias una relación, toma esto en cuenta. Si al estar con una persona, sientes que tu amor por la vida crece, se trata sin duda de un buen signo.

 

Ámate siempre, sin concesiones

Si amar a otra persona significa dejar de amarte, tal vez entonces esa no sea una relación de amor. No hay forma en que el amor auténtico implique pérdida de amor propio, maltratos, sentimientos de inferioridad, prohibiciones, descuido del cuerpo u otra situaciones afines que usualmente son reflejo de la necesidad de amor que necesita una persona. Si tus relaciones de pareja se caracterizan por estos comportamientos quizá, antes de poder amar auténticamente a otra persona e igualmente recibir su amor, sea necesario que quieras tu vida, lo que eres y lo que has vivido.

 

Antes que nada, tu compromiso es con la vida

El amor no es sólo amor a una pareja. El amor va más allá de esto y en realidad cubre todos los aspectos de nuestra vida y, en mayor o menor grado, está en todas nuestras decisiones al respecto de nuestra existencia. Los alimentos que consumimos, la salud de nuestro cuerpo, las personas de las que nos rodeamos, nuestros hábitos cotidianos, las palabras que salen de nuestra boca y los pensamientos que formamos en nuestra mente, todo, en cierta forma, puede ser una expresión de amor. Por eso tu primer compromiso es con tu propia vida, es decir, tu misión es amar tu vida, vivirla con amor. También cuando tu existencia y la de otra persona se cruzan y surge entonces un punto en común. Eso también es ensanchar los horizontes de la vida a través del amor.

 

También en Pijama Surf: Amor en tiempos del capitalismo o por qué hemos dejado de amar

Imagen principal: Kent MacDonald

Morir así debería ser la meta de todo individuo (sobre la muerte de Suzuki Roshi)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 12/11/2017

La muerte del gran maestro zen Shunryu Suzuki es una inspiración para vivir

Shunryu Suzuki fue uno de los primeros grandes maestros zen que llegaron a occidente y dejaron su marca. Suzuki Roshi fundó el San Francisco Zen Center, parte del linaje zen Soto que tiene en Eihei Dogen su fundador y que traza su linaje hasta Mahakasyapa, discípulo del Buda que habría alcanzado el despertar en el silencio que sería la esencia del zazen, cuando el Buda sonrío y mostró una flor a sus seguidores. Fue autor de uno los libros más populares sobre el budismo zen, "Zen Mind, Beginner's Mind".

Suzuki Roshi llegó a Estados Unidos en 1959 y murió el 4 de diciembre de 1971, hace justamente 46 años. Aunque Suzuki Roshi tuvo muchos discípulos, lo único que hizo realmente, fue abrir su templo y sentarse todas las mañanas solo a practicar zazen. Siguiendo su ejemplo, luego, muchos estudiantes se sentaron con él. Esta es la esencia del zen.

Uno de sus alumnos, Lewis Richmond, lo recuerda en la revista Lion's Roar, particularmente la enseñanza de su muerte. El maestro murió de cáncer, pero como dice Richmond, mientras esto colapsó el mundo de sus discípulos, no el del maestro. Aunque estaba sufriendo seriamente y no tomaba medicamentos, Suzuki Roshi seguía con su vida como si no estuviera pasando nada fuera de lo ordinario. Bromeaba sobre su enfermedad y seguía practicando. Suzuki Roshi, según narra su alumno, murió durante un rohatsu sesshin, un retiro tradicional de sietes días. En el primer día del retiro el maestro anunció que moriría.

No sé cómo arregló morir en el momento exacto que lo hizo, de manera tan considerada, dándonos siete días de meditación en el cojín para absorber su partida... ¿Cómo podía estar Suzuki Roshi tan tranquilo enfrentando la muerte? Me pregunté eso mucho en los meses que siguieron. ¿Qué le dio ese poder? ¿Por qué no se lamentaba, no por sí mismo, no por su trabajo -todo lo que había creado en Estados Unidos, todo lo que había hecho durante su vida-? La respuesta era clara. Estaba listo para morir. Encarnaba su propia enseñanza suprema. No te apegues a nada, ni siquiera a la verdad. Todo momento fresco. Ese era su dharma.

En gran medida las religiones y la misma filosofía -según la definición de Sócrates de un entrenamiento para la muerte- nos enseñan a morir. Esto no es necesariamente una búsqueda de la trascendencia, renunciando a la vida inmediata, puesto que la mejor forma de estar listos y en paz cuando llegue la muerte es practicar constantemente, atender al presente, no tener esperanza o miedo. Estar frescos y atentos. Esto es lo que enseña un maestro zen como Suzuki Roshi. Para el budismo, lo único que importa a la hora de la muerte es el estado en que se encuentra nuestra mente, el cual depende de haber llevado una vida virtuosa y haber practicado dharma. No nos podremos llevar nada de la vida, ninguna cosa: sólo lo que somos, nuestra conciencia. La muerte no acaba con la causalidad: somos responsables de lo que seremos. Así todo lo demás, todas las cosas que no contribuyen a esto son innecesarias y hasta estúpidas. La filosofía y la religión son fundamentalmente pensar la muerte y para quien descubre que la mente no tiene principio ni fin, la vida se convierte en un permanente entrenamiento para alcanzar un estado libre de confusión que permita superar esta prueba, que es también la posibilidad de la verdadera libertad.