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Elegir el placer o el trabajo, ¿qué es mejor? Baudelaire nos los aclara magistralmente

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/01/2018

El debate en el alma de elegir entre el placer y el trabajo

Uno esperaría que Baudelaire, el poeta que celebró la ebriedad -de vino, de virtud, de poesía, de lo que sea-, el poeta maldito de las flores del mal que conversaba con el Diablo, el poeta de los paraísos artificiales y de la voluptuosidad de los prostíbulos, del opio y del hachís, fuera un gran hedonista, un hombre consagrado al placer, pero no es así. O al menos, es mucho más complejo que eso. Evidentemente Baudelaire experimentó con su conciencia y con su literatura y se permitió ciertas licencias, pero mucho más que un bon vivant o un hombre disoluto, fue un poeta, un hombre melancólico consagrado a las musas, a un destino literario.

En esa colección de impresiones y pensamientos que fue titulada en español Corazón al desnudo, Baudelaire afirma que su verdadera voluptuosidad es su trabajo y, de paso, nos invita a no procrastinar:

¡Basta ya de presentimientos y de signos enviados por Dios, que ha llegado ya con largueza el tiempo de considerar, de tratar el minuto presente como el más importante de los minutos y de hacer "mi perpetua voluptuosidad" de mi tormento diario; es decir, del Trabajo!

Y en la siguiente entrada, revela que existen dos métodos para combatir el ennui existencial, entre los cuales su alma seguramente se debatía:

A cada minuto nos sentimos demolidos por la idea y la sensación del tiempo. Y no existen más que dos medios para escapar a semejante pesadilla, para olvidar. El placer y el trabajo. El placer nos utiliza, el trabajo nos fortifica. Escojamos.

La clara inclinación hacia el trabajo, al menos en su estados de mayor entereza y razón, obedece también a que un poeta que siente un deber no podrá realmente gozar del placer por mucho tiempo, ya que "No hay obra más grande que aquella que no osa comenzar, se vuelve pesadilla". El peso de la procrastinación es inmenso. "El trabajo inmediato, incluso el malo, es preferible a la ensoñanción". El trabajo aplazado se convierte en una "condena" para la cual hay sólo un remedio: "Para curarse de todo, de la miseria, de la enfermedad de la melancolía, sólo es necesario 'el gusto por el trabajo'". Y aquí está la clave: debe haber un gusto, un placer eudaimónico (aquel que viene del buen demonio o del alma y no de las cosas efímeras materiales) en el trabajo, de otra manera no obra sobre el cuerpo y el alma su medicina.

Baudelaire se exhorta a sí mismo a trabajar 6 días a la semana sin descanso, siguiendo al Creador, para hacer la vida soportable. Y en otra parte revela la otra motivación para elegir el trabajo, algo que un hombre de genio no puede tolerar; habiendo cultivado el placer y el terror, una jornada Baudelaire sintió "revolotear sobre mí el ala de la imbecilidad". Evidentemente el placer sin el trabajo va degenerando las condiciones del intelecto, y esto es algo que el escritor no puede permitirse. 

Al final, elegir la propia pasión, perseguir el propio hado y genio, hace que no se tenga que renunciar al placer: "Es necesario gozar a dos. Convertir en placer la pasión del corazón".

¿No puedes dejar de ver porno? Este consejo de Tolstói podría ayudarte

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/01/2018

Tolstói habría luchado con una adicción al sexo y encontró en su trabajo un antídoto

La vitalidad del Conde Lev Tolstói es harto conocida. Además de crear una monumental obra literaria e interesarse por temas sumamente diversos como la ecología, los derechos sociales, la espiritualidad y otros, Tolstói tuvo una enorme familia, dando a luz a unos 13 hijos -muchos de los cuales murieron en la infancia-. Una parte importante de Tolstói fue su lucha con el instinto sexual. Algunas personas han especulado que en su juventud fue un adicto al sexo. Por ejemplo, en un escrito que puede considerase una serie de mandamientos para un hombre de genio, él mismo se exhorta a sólo visitar el burdel dos veces al mes. Evidentemente se trataba de otra época, pero algo deja ver esto de su feroz deseo.

Lo interesante, sin embargo, es que al madurar y reformular sus reglas para una buena vida, Tolstoi da por el traste con esta regla de ir a los prostíbulos. En su fase madura Tolstói se anima a:

-Suprimir la lujuria trabajando duro.

Y en esa misma formulación habla de alejarse de las mujeres (hay que decir que Tolstói era un tanto misógino) y dedicarse "a ayudar a los menos afortunados".  Hoy en día muchas personas son adictas al sexo, y sobre todo al porno, lo cual es ciertamente una versión de más baja resolución del sexo. A estas personas podría servirles leer las palabras de Tolstói, quien desde que tenía 18 años se propuso un código personal para alcanzar la grandeza y entendió que el trabajo y la motivación eran una forma de combatir el deseo sexual lujurioso. 

Pensar que cada vez que ves porno estás evitando trabajar en algo que te puede llevar a la grandeza, incluso justamente a conseguir una relación de pareja sana (y tener buen sexo) es un buen recordatorio para superar la adicción a la pornografía. Evidentemente existen terapias y recursos profesionales que pueden y deben utilizarse, pero para algunos, la inspiración de un hombre como Tolstói, que padeció algo que muchos padecen y lo superó (o la menos controló) concentrando esa misma energía sexual en la creatividad de su trabajo, sublimando así su deseo, puede de ser una excelente fuente de inspiración. De cualquier manera, el trabajo y la creatividad siempre son buenas formas de tratar un trastorno.