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Buscar un maestro espiritual o gurú es algo sumamente complicado. Aquí una buena guía del maestro budista Dzongsar Khyentse Rinpoche

Es difícil rebatir que vivimos en tiempos materialistas. La visión materialista de la ciencia es altamente efectiva y el mundo se ha secularizado en parte por la hegemonía de la visión científica de la realidad -lo real es lo que se puede medir- y en parte porque las religiones organizadas se han vuelto en muchos casos instituciones decadentes, que no sólo han sido vinculadas con crímenes recurrentes sino que no han logrado brindar una visión coherente actualizada del mundo y, aún más, mantener vivas tradiciones que provean experiencias verdaderamente religiosas, es decir, que reconecten al ser humano con una realidad trascendente.

Aunque el valor de la ciencia es indiscutible, justamente en los beneficios materiales que provee hay algo de lo cual carece y de lo cual el mundo está hambriento: de sentido o propósito para la existencia. La ciencia describe el mundo de manera precisa y transforma la materia para producir herramientas que nos benefician, pero no puede en sí misma responder a las grandes interrogantes existenciales y explicar cosas cómo por qué y para qué estamos en el mundo. O, si es que acaso llega a responder a esto, sus respuestas no suelen ser satisfactorias, porque la visión materialista no encuentra sentido en la vida -más allá de pasarla bien mientras se diseminan nuestros genes-, ni directriz o inteligencia en el universo. El ser humano no tolera mucho tiempo un mundo sin sentido, inerte, ciego y azaroso. Para motivarse suele necesitar sentir un espíritu en las cosas, una conexión con algo más grande que él o ella, y tiende a querer encontrar una visión que le permita creer que podrá seguir existiendo y que sus actos tienen consecuencias más allá de la muerte. Algunas personas creen que por eso la idea de la divinidad y de la vida después de la muerte es tan poderosa y está tan enraizada en nuestra mente. De cualquier manera es natural que, pese a la llamada "muerte de Dios" y con el alma extraviada, el hombre recurra a la espiritualidad para encontrar sentido, si bien ahora suela deslindarse de lo religioso. 

El problema de esto es que en un mundo en el que las viejas tradiciones religiosas pierden poder, en el vacío que dejan, surge una espiritualidad diluida, asociada con el new age y con el mercado de bienes consumibles. Un materialismo espiritual, como lo llamó Chögyam Trungpa, en el que surgen innumerables ofertas, y los buscadores son consumidores que van de un producto a otro, generalmente buscando sólo afirmar su ego o cayendo en las redes de charlatanes y demás.

Algunas personas buscan lidiar con esto defendiendo la idea de que que no es necesario un gurú; fieles al individualismo moderno, creen que lo pueden hacer ellos mismos y no aceptan abrirse y entrar en una relación con un maestro espiritual, que los vuelve altamente vulnerables. Sin embargo, todas las grandes tradiciones espirituales de la humanidad han postulado la importancia fundamental de una maestro espiritual o preceptor, y no sólo, como suele creerse, las orientales, si bien es cierto que en el budismo o en el hinduismo, por ejemplo, el maestro espiritual no sólo es esencial sino que a veces es el sine qua non para poder practicar dentro de ciertas tradiciones, donde incluso puede llega a reemplazar la idea de una divinidad. Evidentemente existe con ello un gran riesgo, pero también una gran oportunidad de avanzar más rápido. En lo que se basa esto es en que si una persona es capaz de tener fe en el estado de iluminación o despertar de otra persona, nada será más poderoso e íntimo para que ella misma pueda conseguir este estado.

El budismo llama al tiempo de decadencia espiritual en el que vivimos "una época degenerada" y el hinduismo habla del Kali Yuga, la era oscura, la era de la ignorancia. En estos tiempos seguramente es muy difícil encontrar un maestro espiritual, pero quien realmente tiene una convicción de que existe una realidad espiritual y de que es vital trabajar la propia conciencia para poder descubrir la verdad, entenderá la necesidad de encontrar un maestro espiritual. En este sentido, creemos que las recomendaciones que hace el maestro budista Dzongsar Khyentse Rinpoche para la búsqueda de un maestro espiritual son relevantes.

Dzongsar Khyentse hace estas recomendaciones para las personas que buscan un maestro particularmente dentro del budismo tántrico vajrayana, y aunque este tipo de budismo tiene ciertas características muy especiales (entre ellas, que el alumno debe ver a su maestro como el mismo Buda y confiar absolutamente en él), creemos que pueden servir para cualquier tipo de practicante, ya que hablan en su mayoría de puntos que son comunes a todo tipo de senderos espirituales. Lo importante para estas tradiciones y lo que puede causar una disonancia cognitiva es hacer que una persona despierte, no seguir las buenas costumbres. En este hacer que una persona despierte hay puntos sumamente finos, donde se pueden violar las normas sociales con comportamientos que oscilan, a veces de una forma imperceptible, entre el abuso y la gran compasión.

En el budismo vajrayana es sumamente importante que el alumno evalúe a su maestro antes de tomarlo como gurú raíz; es aquí donde debe aplicarse el espíritu crítico que enseñó el Buda; luego, y siempre y cuando el discípulo tenga profunda fe en los principios básicos de las enseñanzas (como es, por ejemplo, creer en el hecho de que el despertar es posible, que la budeidad es algo que todos los seres tienen como naturaleza esencial y, por lo tanto, una persona puede encontrarse con un auténtico maestro que le sirve como un espejo para él mismo destapar estas cualidades), el alumno se entrega al maestro y decide hacer todo lo que éste le diga. Lo importante aquí, ya que esto es algo tan extraordinario, es que el alumno sea capaz de primero ejercer la razón crítica y luego suspender la duda. Ya que lo que solemos ver en el mundo son nuestras propias proyecciones, es imposible que se progrese mucho si no se tiene una fe clara y constante.

Dzongsar Khyentse señala en su libro The Guru Drinks Bourbon? que es casi imposible encontrar a un maestro que tenga todas las cualidades de un verdadero maestro de vajrayana, pero con que tenga varias de estas cualidades uno podría darse por bien servido.

El buen gurú:

1. Ha entendido la visión última [de la realidad]

Esto es, el gurú debe comprender las enseñanzas más altas (y bajas) de su tradición y vivir conforme a ellas.

2. Debe tener una mente abierta

Un buen gurú debe entender las diferencias culturales y sociales y tener cierta flexibilidad. "Un gurú de mente abierta debe entender (por ejemplo) por qué una estudiante lesbiana tiene problemas imaginando un consorte masculino" (en el tantra se visualiza a las deidades masculinas y femeninas en unión).

3. Es reluctante a enseñar

Generalmente, un buen gurú no hace proselitismo y se reserva para alumnos realmente dedicados.

4. Tiene muchos conocimientos

Un buen gurú debe conocer los textos clásicos y tener una buena formación tradicional, si bien el método y la práctica son igualmente o más importantes que la teoría.

5. Tiene disciplina

Es difícil que alguien haya alcanzado un gran estado de realización sin cultivar la disciplina. Aunque existen historias de grandes yoguis vagabundos o mahasiddhas, que no hacían nada o que se la pasaban bebiendo y demás, estos casos son especiales -y están fundados en que estas personas han alcanzado un estado de conciencia que trasciende lo que nos parece normal- y no quitan en ningún sentido la importancia del autocontrol y la práctica constante.

6. Es amable

Esta es una cualidad admirable y fundamental en un ser humano que ha progresado espiritualmente en la vida. Hay que tener cuidado, sin embargo, porque la amabilidad aparente puede ser una forma de teatralidad.

7. Tener un linaje

Dentro del budismo vajrayana un linaje es indispensable porque esto es lo que significa el tantra, la continuidad de una transmisión de maestro a discípulo de ciertas prácticas, muchas de ellas esotéricas, con las que se asegura que el estado que define a esta escuela -el vajra- sea perpetuado. Ahora bien, hoy en día existen muchos "rinpoches", que tienen las credenciales pero no tienen el estado. Así que si encuentras un auténtico maestro que no tiene el linaje, obviamente es mejor que un seudotulku con todas las iniciaciones.

8. Es progresivo

Dzongsar Khyentse cree que las enseñanzas deben ser capaces de adaptarse a los tiempos y a los contextos de las personas. El gran ejemplo en esto fue Chögyam Trungpa.

9. Es humilde

Generalmente un buen gurú no se autolisonjeará  sobre todos sus logros y virtudes, sino que atribuirá su conocimiento a su propio gurú y mostrará su devoción a su maestro y respeto por las enseñanzas.

10. No está interesado en tu cartera, ni en tus piernas, ni en tus pies

Su interés debe ser erradicar la ignorancia; no tu dinero o tu sexo.

11. Tiene un gurú y una tradición viva

12. Es devoto de las tres joyas

En el caso del budismo esto es refugiarse siempre en el Buda, en el dharma y en la sangha (la comunidad de monjes o practicantes); en otros casos, puede extrapolarse perfectamente con la importancia de que el maestro siga los principios básicos de su tradición.

13. Confía en la ley del karma

En el budismo existen enseñanza esotéricas sobre la naturaleza última de la realidad que podrían sugerir que en la realidad absoluta el karma, en tanto la cadena de causa y efecto, deja de tener eficacia, ya que se existe de manera no-dual, perfectamente libres desde siempre. Pero un maestro debe enseñar a sus alumnos dando un buen ejemplo, desde la realidad relativa en la que éstos se mueven y bajo un sendero progresivo.

14. Es generoso

Debe ser generoso e inspirar a la generosidad.

15. Te lleva a un entorno virtuoso

Un buen gurú debe buscar desenredarte del samsara, no darte fama y poder y demás.

16. Ha dominado cuerpo, palabra y mente

17. Es gentil y cuidadoso

18. Tiene percepción pura

Esto es un término técnico del vajrayana que significa que el gurú ve el mundo de manera pura, como si todo fuera sagrado, divino. Y debe ver en sus mismos alumnos su naturaleza luminosa o búdica, debajo de la personalidad y de las apariencias.

19. No te juzga

Si bien el gurú debe ser capaz de ver los aspectos de tu personalidad que te obstruyen el camino y debe ser implacable en buscar que elimines esas obstrucciones, no debe juzgar si sus alumnos son buenos o malos o tener preferidos. Y no debe ser intolerante a las fallas.

20. Vive bajo los principios budistas

21. Se cuida de no hacer daño

El gurú debe tener cierta moralidad.

22. Perdona

23. Tiene medios hábiles

Este es otro término técnico, que significa que un buen gurú es creativo y compasivo y capaz de encontrar los medios para que sus alumnos avancen.

El rico significado del excremento en el psicoanálisis y en los sueños

AlterCultura

Por: pijamasurf - 02/11/2018

Un poco de interpretación escatológica, cortesía de James Hillman

Famosamente, Freud equiparó de manera antitética las heces fecales con el oro; la primera, la sustancia más despreciada por el hombre y la segunda, la más preciada. Freud cita una frase oriental que dice: "El oro es el excremento del inframundo". Unidas indisociablemente también porque antes de la represión las heces son, según Freud, una sustancia preciosa, que cuando empieza a ser retenida el individuo muestra indicios de actitud narcisista (quedarse para uno esa sustancia preciosa). Las heces se convierten en la divisa de cambio entre el hijo y los padres en la etapa anal -etapa en la que el placer erótico está focalizado en el ano-. Así, entregar las heces podía ser un regalo erótico del hijo a la madre.   

Notablemente, hay que mencionar que el excremento es probablemente la sustancia más rica en información de la que disponemos, llena de miles de millones de bacterias y microorganismos. Y por ello, algunas personas llegan a realizar trasplantes fecales para reestablecer su microbiota o flora intestinal. Sí, algunos individuos comen materia fecal para sanar. 

Por otro lado, en la alquimia occidental, siempre se ha visto a una cierta materia negra similar al abono, llamada nigredo, como el principio del proceso de transformar la materia en oro, siendo la primera fase llamada "putrefacción".

El psicólogo James Hillman, uno de los más importantes alumnos de Jung, interpreta de manera especulativa y poética el significado del excremento en la psique y particularmente en los sueños:

El gran bloque de ideas interpretativas de las heces [fecales], lo que la mierda supuestamente significa (la esencia de la mierda): el regalo de amor a uno de los padres; la expresión creativa que empieza con manchar y colorear; el control de la sabiduría y el origen de la autoconciencia; la muerte dentro del nacimiento del no-yo, haciendo posible la separación de la objetividad; el sí mismo negativo de valores ocultos en lo más vil y rechazado; la sombra que lo sigue a uno, por detrás; así como todos los ritos escatológicos de todas las naciones, y la inagotabilidad del humor de fuera de casa -todo esto es una vergüenza de riquezas-. Sólo esto sugiere un fondo arquetípico en las riquezas de Hades, en la afluencia de Plutón. Por supuesto, el inframundo también está hecho de excrementos, puesto que son una riqueza para una continuidad de imágenes de fantasía. Desde esta perspectiva, las heces no son traducibles a otro término. Como residuo de residuos, las heces sugieren una esencia permanentemente presente y continuamente volviéndose a formar. Su apariencia en los sueños refleja un inframundo al cual diariamente nos postramos en homenaje, para nunca deshacernos de él. 

Lo interesantes de esto es que Hillman creía -como los antiguos griegos- que en los sueños el alma descendía al inframundo, a la región de Hades, una  región formada por una especie de limo o lodo (una sustancia liminal) que podemos emparentar con el excremento (el residuo psíquico y su fantasmagoría). Hillman juega con la idea de que Plutón, el dios del inframundo, de lo más bajo, también es el dios de la riqueza (de aquí palabras como "plutocracia"). Hay una gran riqueza en la mierda, en el excremento, en aquello que desechamos. Lo escatológico es lo que tiene que ver con la defecación, el excremento y la suciedad, pero también lo que tiene que ver con la salvación, con los mundos ulteriores. Para el ser humano, la salvación, el cielo, pasa por el inframundo, por enfrentar la sombra, por hacernos responsables de nuestra propia mierda y encontrar las joyas ocultas. Las joyas que son de alguna manera el excremento de la tierra en el cual, paradójicamente, se puede ver el cielo.